EL CABALLO AMARILLO



EL CABALLO AMARILLO

BORIS SÁVINKOV. DIARIO DE UN TERRORISTA RUSO

1897, JÁRKOV. Ucrania.
1925, MOSCÚ

             Cuando los bolcheviques lo llevaron a juicio por actividades contrarrevolucionarias,(…) pronunció un discurso en su propia defensa. (Parte del mismo):

“No me asusta morir. Ya conozco la sentencia que me espera, pero no me importa. Yo soy Boris Sávinkov, el que siempre jugó a ambos lados de la  barrera: Boris Sávinkov, revolucionario y amigo de revolucionarios, juzgado ahora por vuestro tribunal revolucionario”.
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                Soy consciente de que las acciones son a menudo más contundentes que las palabras. Si pudiera hacerlo asesinaría a todos los jefes y a todos los gobiernos. No quiero ser un esclavo. No quiero que nadie lo sea.
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                -Dime –le pregunté-, si matamos al gobernador general, ¿serás feliz?
                -¿Si matamos al jefe? –sonrió. Sus dientes fuertes y blancos brillaron como un cuenco de leche fresca-. ¡Estás loco! ¡Claro que seré feliz!
                -¡Pero, Fiodor! ¡Te ahorcarán!
                -¿Y qué más da? –contestó-. Dos minutos, y todo habrá terminado. Todo el mundo estará allí conmigo.
                ¿Dónde?
                Contestó, riéndose:
                -En el lugar donde acaban todos los hijos de perra.
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                Por supuesto, la policía no sabe dónde estamos ni quiénes somos. Pero todo Moscú hierve de rumores. Nos ahorcarán, pero otros vendrán después de nosotros. El gobernador general, pase lo que pase, será asesinado.
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                Quien rija su vida mediante la espada morirá por la espada. Eso es lo que está escrito en el libro de la vida. Y en él se lee lo siguiente: ”El gobernador general debe morir”.
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                Espero a que llegue la noche. Por la noche la ciudad duerme, y la estupidez de la gente guarda silencio.
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                ¿A qué me dedicaría si no fuera terrorista? No lo sé. No puedo responder a esa pregunta. Pero algo he aprendido de las experiencias difíciles: no tengo interés alguno en una existencia pacífica.
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                Algunas veces pienso en Vania en su amor, en sus palabras llenas de fe. Yo no las creo. Para mí no son el pan de cada día, no son ni tan siquiera una piedra de toque. No entiendo cómo se puede creer en el amor, cómo se puede amar a Cristo, como se puede vivir en Cristo. Si no fuera Vania quien habla de esta forma me reiría.
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                -¿Cómo puedes besar a dos personas a la vez?
                Ella elevó sus finas cejas.
                -Pero, querido, ¿por qué no?
                No supe qué decir. Contesté enfadado:
                -¡No quiero que lo beses a él!
                Ella rompió en carcajadas.
                -Él tampoco quiere que te bese a ti.
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                Era de capaz de amar a la gente sin sentirse culpable, era capaz de vivir la vida con alegría. Ahora no amo a nada ni a nadie. No quiero amar, y no puedo amar tampoco. El mundo está maldito para mí. Está vacío: todo es una mentira.


EL BOBO DE KORIA (RECOPILADOR)

LA IDEA DE ACEPTAR...


La idea de aceptar un trabajo en Auschwitz era particularmente seductora, puesto que el trabajo respondía a la necesidad que tenía de experimentar día tras día, la propia superioridad y la propia fuerza, el derecho a decidir sobre la vida y sobre la muerte, el derecho a infligir la muerte, personalmente o al azar, y el derecho a abusar del poder sobre las otras detenidas.
ANNA PAWELCZYNSKA – (PRISIONERA POLACA CONVERTIDA EN GUARDIANA DE AUSCHWITZ)

Las universidades, que fueron ciudadelas del saber, se convirtieron en oficinas de expendio de patentes. Nada vale menos que un título universitario.
PLANES PARA UNA FUGA AL CARMELO – ADOLFO BIOY CASARES

¡Eso es terrible! Los libros resultan ser la muerte. Quien lee mucho no puede ser feliz. Pues la felicidad se da inconscientemente, la felicidad es únicamente inconsciencia.
LOCUCIONES DE LA SIBILA – MARINA TSVIETAIEVA

Algunos se metían los piojos en la boca y los hacían crujir con los dientes delanteros, o los aplastaban con las uñas de los pulgares hasta que se les teñían de rojo.
EL PESQUERO – TAKIJI KOBAYASHI

Estamos dispuestos a pensar hasta un cierto límite; pasado ese límite, pensar se vuelve intolerable.
HOMENAJE – FÉLIX GRANDE

Lo imperfecto del hombre es su portentoso mimetismo. Ver que lo encierran y que se habitúa a la prisión. Ver que le arrebatan su querida y que se dispone a buscar otra; ver que recibe una orden que le denigra y que la cumple…
EL VOLUMEN – FÉLIX GRANDE

La gente siempre necesita comida, abrigo, cuidados y un lugar donde caerse muerta. ¿Es razonable someter esas necesidades estables al azar del mercado?
SOCIOFOBIA – CÉSAR RENDUELES

-Bueno, da igual, los generales y los sacerdotes siempre significan muerte. Eso si es seguro.
SENDEROS DE GLORIA – HUMPHREY COBB

La inteligencia no ayuda en absoluto a escribir buenos poemas; sin embargo, puede impedir que uno escriba poemas malos.
EL MUNDO COMO SUPERMERCADO – MICHEL HOUELLEBECQ

EL BOBODE KORIA (RECOPILADOR)


JULIO JURENITO


JULIO JURENITO      (Publicación, 1922)
ILYÁ EHRENBURG

27 enero de 1891. KIEV . Ucrania
31 agosto de 1967. MOSCÚ. Rusia

         En torno a la guillotina se podrían instalar unas espaciosas tribunas con precios módicos, incluso para obreros, unas tiendas en las que, además de las mercancías usuales, se podrían vender fotografías de los criminales antes y después del acto de justicia, libros espirituales y morales, y finamente un puesto de alquiler de gemelos.
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         El dólar, amigo mío, es el supremo poder. El dólar y la Biblia.
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         Algún mezquino filósofo ateniense aseguró que es posible hacer el bien por el bien. La Iglesia dijo: “No, nada es gratuito. Por cada bien un billete (ellos responden del patrimonio celestial).(…)
         Nosotros comerciamos bajo la santa protección de Pedro, en cuya casa existen los correspondientes libros mayores, con sus entradas y salidas, que nos son tan queridos, así como balanzas y sólidas llaves para candados americanos.
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         Sobre la vida Conyugal según las enseñanzas del Apóstol Pablo. Es precisamente de esa escabrosa literatura de  lo que le hablo. Antes de ella, existían los estambres y los pistilos, el macho cabrío y la cabra, el joven y la muchacha. Llegaron entonces nuestros apóstoles y profetas, los Padres de la Iglesia y todos los castrados manifestando que lo sublime era vergonzoso y lo digo apenas soportable.
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         El maestro odiaba la institución del matrimonio, considerando mucho más elevada incluso la prostitución.
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         Ordenó sacar de las catedrales las lápidas de todos los obispos, de los santos, en una palabra de todo el clero, y pavimentó con ellas los retretes públicos.
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         En España, cuando empezaban las enfermedades, la peste o el catarro, los Santos Padres recordaban a “los enemigos de Cristo y de la humanidad”. Y vertiendo lágrimas, por lo demás no tan abundantes como para apagar las hogueras, quemaban a varios miles de judíos.
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         ¡Olvídense del pasaporte! Un pequeño pinchazo en el dedo meñique, una gota de sangre y ¡bajo el microscopio! Allí, rápidamente, se ve si es sangre prusiana. Los científicos hallaron el método.
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         Lo mejor sería pegarles un tiro a todos, generales, diputados, militares, paisanos, curas, socialistas, damas y en general a toda esa panda de…”.
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         La libertad no se alimentas de la sangre, sino que se recoge gratuitamente, como una propinita, siempre se agota y muere. Pero, recordadlo bien, todo esto os lo digo ahora, cuando hay miles de manos tendidas hacia la estaca, y millones de personas preparan voluptuosamente sus espaldas: llegará un día en que nadie necesite de la estaca.
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         Nosotros los empujamos hacia delante, los empujamos al paraíso con látigos de hierro. A un desertor del ejército rojo hay que fusilarle para que sus hijos, los hijos del fusilado, ¡lleguen a conocer en toda su dulzura la comuna futura…
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         “La estaca, no importa en qué mano esté, siempre será una estaca –me decía para consolarme-. Que se convierta en una mandolina o en un abanico japonés es algo muy difícil. Un gobierno sin cárcel es una idea desnaturalizada y desagradable, algo así como un gato con las uñas cortadas”.
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         El arte es el hogar de la anarquía y los artistas unos herejes sectarios y rebeldes. Así, pues, sin dudarlo, hay que prohibir el arte en su conjunto, como se ha prohibido la fabricación de bebidas alcohólicas o la importación de opio.
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         Todos, en cuanto llegaban, promulgaban sus leyes sobre la libertad e inviolabilidad de la persona, e introducían el estado de sitio y la pena capital ante la mínima expresión de descontento por la libertad recién otorgada.
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EL BOBO DE KORIA (RECOPILADOR)


MÁS ALLÁ DE LA CULPA Y LA EXPIACIÓN


MÁS ALLÁ DE LA CULPA Y LA EXPIACIÓN
JEAN AMÉRY (Has Mayer)

13 octubre de 1912. VIENA. (Austria)
17 octubre de 1978. (Suicidio). SALZBURGO. (Austria)

         Los judíos ya estamos  acostumbrados. Hemos tenido la oportunidad de observar cómo la palabra se hizo carne y cómo la palabra hecha carne se transformó finalmente en pilas de cadáveres.
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         Los camaradas (en Auschwitz) con un credo político o religioso nos miraban por encima del hombro, algunos con actitud paciente y caritativa, otros con rabia. ”Has de comprender”-me dijo una vez un judío creyente- “que aquí toda vuestra inteligencia y toda vuestra formación carecen de valor. En cambio yo tengo la certeza de que nuestro Dios nos vengará”.
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         Creo que Auschwitz ni siquiera nos hemos hecho mejores, más humanos, más filantrópicos ni más maduros moralmente. No se puede ser testigo de los crímenes del hombre deshumanizado sin cuestionar todas las nociones sobre la dignidad del ser humano.
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         La palabra cesa en cualquier lugar donde una realidad se impone como forma totalitaria.
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         El verbo expiró cuando despertó aquel mundo.
         KARL KRAUS
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         Patria es seguridad, decía. En la patria dominamos absolutamente la relación dialéctica entre conocer y reconocer, entre espera confiada y confianza plena: puesto que la conocemos, la reconocemos y nos atrevemos a hablar y a obrar, porque podemos depositar una confianza razonable en nuestra capacidad de conocimiento-reconocimiento.
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         Digámoslo una vez más con toda claridad: no existen “nuevas patrias”. La patria es la tierra de la infancia y de la juventud. Quien la ha perdido, se convierte en un errabundo, por más que en el extranjero haya aprendido a no tambalearse como un borracho y a hollar el suelo sin temor.
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         Sabían muy bien lo que pasaba en torno a nosotros y lo que nos hacían, pues al  igual que nosotros sentían el olor a chamusquina procedente del campo de exterminio cercano, y algunos exhibían ropas que la víspera aún habían llevado, antes de ser despojadas, las víctimas recién llegadas sobre la rampa de selección.
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         La amenaza de muerte que sentí por primera vez con toda claridad al leer las leyes de Núremberg implicaba también aquello que habitualmente se denomina la “degradación” metódica de los judíos por los nazis. Formulado con otras palabras: la privación de dignidad expresaba la amenaza de asesinato.
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         Auschwitz no tenía que ver con el capitalismo ni con ninguna otra forma de economía, sino que era el desvarío, hecho realidad, de cerebros enfermos y de organismos con instintos perversos.
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         Auschwitz es el pasado, el presente y el futuro de la humanidad o al menos de su parte llamada “civilización occidental”.

EL BOBO DE KORIA (RECOPILADOR)



HILLBILLY, UNA ELEGÍA RURAL


HILLBILLY, UNA ELEGÍA RURAL
J. D. VANCE

2 agosto de 1984. MIDDLETOWN . (Ohio). Estados Unidos


         Me identifico con los millones de americanos blancos de clase trabajadora y de ascendencia escocesa e irlandesa que no tienen un título universitario. Para esa gente, la pobreza es una tradición familiar: sus antepasados fueron jornaleros en la economía esclavista del Sur, después de eso aparceros, después de eso mineros del carbón, y en tiempos más recientes maquinistas y empleados de acerías. Los estadounidenses los llaman hillbillies, rednecks (cuello rojo) o basura blanca. Yo los llamo vecinos, amigos y familia. (…)
         De la escasa movilidad social a la pobreza pasando por el divorcio y la adicción a las drogas, mi pueblo es un foco de desesperación.
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         No hay nada más bajo que un pobre robándole a otro pobre. Ya es bastante difícil de por sí. No hay ninguna puñetera necesidad de ponérnoslo más difícil los unos a los otros.
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         Creían que leer, escribir y la Ruta 23
los llevaría a la buena vida
que nunca habían visto.
No sabían que esa vieja autopista
los llevaría a un mundo de desesperación.
(Canción)
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         En casa había basura apilada y un dormitorio dedicado por completo a baratijas y desperdicios sin ninguna clase de valor.
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         Después de una noche de bebida particularmente violenta, mamaw (abuela) le dijo a papaw (abuelo) que si volvía a llegar borracho a casa lo mataría. Una semana más tarde, volvió a llegar borracho y se quedó dormido en el sofá. Mamaw, que nunca mentía, cogió una lata de gasolina del garaje, la vertió sobre su marido, encendió una cerilla y se la tiró al pecho. Cuando papaw empezó a arder, su hija de once años entró en acción para apagar el fuego y le salvó la vida.
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         Ver  a la gente insultar, gritar y a veces pelear físicamente era sólo una parte de nuestra vida. Al cabo de un tiempo, ni siquiera le prestabas atención.
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         De hecho, mamaw odiaba todo lo que tenía que ver con la residencia y en una ocasión me hizo prometerle que si algún día tenía que quedarse allí para siempre, cogiera su Magnum del 44 y le metiera una bala en la cabeza.
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         El ahorro es adverso a nuestro carácter. Gastamos para simular que somos de clase alta. Y cuando el polvo se levanta –cuando la bancarrota asoma o un pariente nos rescata de nuestra estupidez- no queda nada. Nada para la matrícula universitaria de los niños. (…)
         Nuestras casas son un caos. Nos gritamos los unos a los otros como si fuéramos espectadores de un partido de fútbol. Al menos un miembro de la familia se droga, a veces el padre, a veces la madre, a veces los dos. En épocas especialmente estresantes, nos damos empujones y puñetazos, todo delante del resto de la familia, incluidos los niños.
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         Mamaw siempre tuvo dos dioses: Jesucristo y los Estados Unidos de América. Yo no era distinto y tampoco lo era nadie a quien conociera.
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         Se mida como se mida, las familias de clase trabajadora estadounidenses experimentan un nivel de inestabilidad que no existe en ninguna otra parte del mundo. (…)
         Para mí, comprender mi pasado y saber que no estaba condenado me dio la esperanza y la fortaleza necesarias para enfrentarme a los demonios de mi juventud.
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         Estos problemas no los creaban los gobiernos, las empresas ni cualquier otro. Los creábamos nosotros y sólo nosotros podemos arreglarlos.
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EL BOBO DE KORIA (RECOPILADOR)


EL BP


El Partido Popular ya tiene reconocidísimos méritos para ser elevado a la categoría de Banda. Y la consecuente ilegalización.

EL BOBO DE KORIA



LA MUJER QUE MIRA A LOS HOMBRES QUE MIRAN A LAS MUJERES


LA MUJER QUE MIRA A LOS HOMBRES QUE MIRAN A LAS MUJERES
SIRI HUSTVEDT

19 febrero de 1955. NORTHFIELD, MINNESOTA. (Estados Unidos)

         El arte no puede ser la aplicación de un canon de belleza, sino la aplicación de lo que el instinto y el pensamiento pueden concebir independientemente del canon. Cuando amamos a una mujer no empezamos a medir sus formas; amamos con nuestros deseos y, sin embargo, hemos hecho lo imposible por introducir el canon hasta el amor.
PICASSO
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         Sin un espectador, un lector o un oyente, el arte está muerto.
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         Una obra de arte no tiene sexo.
         El sexo del artista no determina el género de una obra, que puede ser uno u otro, o  múltiples versiones del mismo. (…)
         Un aspecto fundamental del significado de cualquier objeto son las sensaciones que provoca de placer, inquietud, admiración o confusión.
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         En la pintura, la forma y el significado son inseparables, y el significado no puede disociarse de los sentimientos del espectador mientras mira una obra de arte.
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         En un experimento muy difundido, la neuroeconomista Hilke Plassmann del Caltech descubrió (mejor dicho, redescubrió) que el mismo vino sabe mejor cuando en la etiqueta se lee noventa dólares en lugar de diez. (…)
         Todas nuestras percepciones están contextualmente codificadas y esa codificación contextual no permanece fuera de nosotros, en el entorno, sino que la interiorizamos en una realidad psicofisiológica, que es la razón por la que un nombre famoso unido a un cuadro lo vuelve literalmente mejor.
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          Si una obra de arte es un simple objeto comprado con la esperanza de que suba de precio generando enormes beneficios, entonces no es muy diferente de una panceta comprada y vendida en el mercado de futuros.
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         El arte es llegar a otra persona, es un intento de ser visto, entendido y reconocido por otro. Implica una forma de transferencia.
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         La verdad siempre es gris.
         ANSELM KIEFER
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         ¿Cuántas obras literarias se han perdido o están pudriéndose en las librerías de segunda mano, por ceguera, prejuicios o simple estupidez? ¿Qué es, en definitiva, una gran obra literaria? (…)
         Comparto la opinión de Susan Sontag de que las grandes obras literarias llevan dentro algo sorprendente, si no impactante, dan pie a una forma de reconocimiento que nuca se habría producido si no hubiéramos leído ese libro en particular. Son transformadoras. Nos elevan por encima d elas expectativas que guían nuestra percepción de las cosas y dejas una huella, a veces una herida que nunca nos abandona. Estas huellas no las dejan los lugares comunes.
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         Desde hace mucho tiempo, el sentimiento y su expresión abierta han sido asociados con la feminidad y lo corpóreo. La novela ha sido siempre una forma vulgar e incluso menospreciada, estrechamente vinculada a la vida doméstica, las mujeres y sus sentimientos.

EL BOBO DE KORIA (RECOPILADOR)



ANTE LA JUSTICIA.



RETRAEMOS este artículo por lo que tiene de actulidad





Por mis faltas y mis actos me condenaron a 500 años de cárcel. Solo pude cumplir 23, ya que, inoportunamente fallecí. Ante este hecho, hubo un clamor popular de fastidio, porque veían en mi muerte una maniobra escapista para librarme de rendir cuentas.
Créanme si les digo que agonicé como un perro durante mes y medio, y que en ese tiempo hubiera hecho lo imposible para librarme de ese suplicio. Aun así, no fui creído, y se me escarneció como prófugo deliberado. Entonces, después de ver la luz al final del túnel, de que mi vida pasara ante mis ojos en blanco y negro y en poco más de un segundo, etc, etc. Fui llevado ante la justicia.
La señora, con evidente gesto de aburrimiento y después de decir indolentemente: !El siguiente! Me miraba de arriba a abajo. Una especie de consejero le cuchicheaba al oído, mientras gesticulaba con exagerados aspavientos. De repente, se colocó el tocado correctamente, agarró la báscula que reposaba en una mesita adyacente, y con voz afectada me dijo: Así que pretendías eludir tu castigo. Clavo su mirada fulminante en mi persona, y me vi en la obligación de contestarle, explicándole que yo no había pretendido nada, que simplemente me había muerto de enfermedad.
!Aquí no se muere nadie sin cumplir su condena! Dijo visiblemente enfadada. Yo soy la justicia y nadie me burla. De modo que serás resucitado y devuelto a tu celda.
...Pero señora. Le dije con un balbuceo tembloroso, esto no será un poco desconcertante. !Basta de charla! Desde hoy todos los condenados cumplirán integras sus penas, aunque tenga que resucitarlos diez veces más.
Tímida y temblorosamente levanté la mano para hacer una pregunta que se me vino a la cabeza. El consejero me hizo un gesto permisivo y un poco acojonado le dije: Y si un gobierno ofrece un indulto, o hay un cambio de leyes y me conceden la libertad...o el perdón. La justicia con gesto airado me miró de soslayo. ¿La Libertad? ¿El Perdón? Eso es para gente decente no para asesinos inmorales como tú...Pero...pero...
!Pero nada! Me atajó con un chillido. !De vuelta a tu celda hasta que cumplas tu condena completa!
Y así fue como resucite, y fui llevado de nuevo a mi celda.
Con el paso de los años, los condenados se convirtieron en las personas más longevas de la Tierra, superando muchos incluso a los patriarcas bíblicos. La gente de a pie, que se moría como siempre, alarmada por el pavor que les producía el fin de sus vidas, comenzaron a asesinar a cualquiera que se les pusiera por delante. Al principio, la cosa no pasaba de uno o dos, pero después alguien pensó que a más muertes, más condenas, y por lo tanto más años de vida. Y empezó una carrera demencial, para asesinar, violar y robar más que los demás. Las cárceles se desbordaron, y aun allí dentro continuaban los asesinatos y las consiguientes resurrecciones. Al cabo de un milenio el planeta era un caos, porque nadie se moría y todo el mundo era un asesino. La gente había dejado de comer porque sabían que no morirían, y solo se dedicaban a matarse continuamente unos a otros.
Ante tal desastre, los seres que nos observaban desde el más allá, decidieron avisar al gran Demiurgo, que dormitaba en una mullida nube. Este, una vez informado de lo sucedido, y en un arrebato de “mal despertar” decidió apagar el interruptor que suministraba la vida a aquel mundo que tantos quebraderos de cabeza le había provocado y donde se había demostrado que todo el mundo era culpable de sus males. Después de apagar el planeta, se volvió a tumbar en la nube, y dio orden de que nadie lo molestase en una eternidad.

El reverendo Yorick

SIETE MARAVILLAS DE LA VALENCIA ANTIGUA


Todas las ciudades tienen un pasado reciente en forma de recuerdo dentro de cada habitante, de cada viajero, de cada peregrino, de cada alma que la rondó, o buscó posada en sus calles o alivio en sus gentes.
Este recuerdo reciente, tiende a ser arrinconado. Se impone la forma que vemos a diario, y la rutina diluye esos cambios que no son tan sutiles como pensamos, y que en verdad encubre grandes diferencias. Mi recuerdo de Valencia, data de hace veinte años, cuando llegué aquí sin pensar en la tierra, siguiendo el rastro de lo que yo creía fidelidad y amor. Mi arribada, más que triunfal, fue encontronazo con sus habitantes, demasiado indolentes y hechos a su ritmo levantino. El verdadero abrazo lo recibí de esa urbe decadente, imbuida en planes urbanísticos y estrategias antropofágicas que devinieron en lo que hoy podemos contemplar.
Poco a poco, esas calles, esos lugares, aquellas gentes que ya no existen, rompieron mi coraza y se anclaron en mí, no como un recuerdo, sino como la misma existencia, de la que hoy soy deudo y atesoro con orgullo. De aquellos años guardo las siete maravillas de aquella Valencia desgraciadamente irrepetible.

1.- El jardín de la Lonja.

Por supuesto existe. Sigue enclaustrado en las murallas recias de tan insigne monumento, otrora templo de la mercadería valenciana. Sus arriates y fuente son fotografiadas por miles de turistas que la visitan a la semana, embelesados por las retorcidas columnas del recinto y los ricos artesonados de los techos de sus salas. Pero cuando yo lo conocí, apenas lo visitaba nadie, un indolente conserje, te daba acceso al edificio, donde solitario podías perderte, estudiar sus rincones y secretos protegido del ruido exterior por sus imponentes muros. Observado por dragones, brujas, seres fantásticos y libidinosos salidos del cincel y martillo del genio, solía sentarme en el jardincillo, y dejarme atrapar por el chorrillo de su fuente, mientras leía y cuidaba de aquel enigmático ser que dormitaba en el carrito. Allí encontraba la paz, y analizaba mi presente, espantando los miedos de un futuro incierto, que me aguijoneaba feroz. Allí aprendía y al mismo tiempo me escondía a ratos.

2.- La tasca Vorgo.

La plaza redonda absolutamente simétrica, engaña a visitantes ávidos de historia. Sus modernas líneas y circunferencia no admite el sacrilegio de una teja movida, de un parche en su pintura...Todo falso. En los tiempos recientes de los que hablo, sus paredes rezumaban moho y manchas, ventanas desvencijadas de madera mostraban cortinas desiguales moradas, amarillas, persianas improvisadas, ropa tendida, ¡música flamenca! Y en los callejones que le servían de llegada y vomitorios: la tasca Vorgo, oscura como guarida de piratas, minúscula en limpieza y lujo, dotada por contra por el don de la magia de su parroquia, adornada con cuadros, dibujos, y objetos de prestidigitador de basurero. Templo inolvidable donde hacer planes imposibles, imaginar ciudades, o templarle las cuerdas a la vida. Hoy desaparecida, como aquella plaza, que fue, y que existe como guiñapo meritorio de la asepsia de un quirófano, vacía y plana, víctima de la taxidermia urbana que hace las delicias de los visitantes.

3.- La Filmoteca.

Afortunadamente, continúa en el mismo sitio, hace guardia en la plaza del Ayuntamiento, lejanos ya los días, en los que se amenazó con su traslado a esa mierda urbanística llamada ciudad de las artes y las ciencias. Afortunadamente, sobrevivió a aquel impulso de ponzoñosos gobernantes que jamás pisaron sus salas. ¿Cuántas lecciones no he recibido en la Filmoteca? Escuela nocturna, donde por un irrisorio precio accedías a ese templo de conocimiento y belleza. Donde películas de todo el mundo te llevaban de la mano, donde quedabas en la puerta, con cualquier amiga, amigo o conocido, y a través del cine se forjaba una amistad. La plaza del Ayuntamiento de noche, se soltaba el velo, se despojaba de aquella rectitud de las horas de Sol, se olvidaba del tráfico, y se oía el estrépito de su fuente. Y allí, la Filmoteca, con su puerta siempre frecuentada, su hermosa fachada, y sus inextinguibles secretos.

4.- El parque de Gulliver.

El niño jugaba con sus amigos, construía castillos con desechos de basureros, trepaba a los árboles, de los que colgaban restos de sogas desde los que emulaban piratas que suicidas saltaban de palo en palo, en sus delirios de aventuras se colaban en casas semiderruidas en busca de tesoros. Inventaban lugares fantásticos donde esconderse de la realidad.
Muchos años después, lejana la infancia, descubrí el parque de Gulliver, un latigazo eléctrico me recorrió el cuerpo, me sentí niño, de pantalón corto y zapatos gastados, de rodillas arañadas y frente sudorosa. ¡Qué prodigio de parque! Qué suerte las generaciones de niños que habrán recorrido el cuerpo del aventurero gigante desmayado. Con la excusa de acompañar a mi hija, trepo por sus zapatos, recorro sus pantorrillas y me arrojo por el tobogán de su chaqueta. Me enredo en su pelo, corro por su brazo, sonriente de júbilo y felicidad. Y me pregunto: ¿Es tan difícil hacer estas obras? Camina uno por las ciudades y observa los parques donde juegan los niños... Luego mira también los castillos de juego que ofrecen marcas de hamburguesas y entonces te preguntas ¿Dónde están tus gobernantes? Y para quién lo hacen, para quién gobiernan en realidad.

5.- El claustro del Convento del Carmen.

Forma parte de un museo ambiguo, que da la sensación de haberse inventado sobre la marcha, de haberse rellenado con pretextos y obras de segunda. La antigua academia de dibujo San Carlos, y su imponente claustro, perteneciente al convento del Carmen, en la plaza del mismo nombre. En aquellos años cerrado, principiaba su restauración. Y allí estaba yo. Hipnotizado por la hermosa profesión de quién escarba el pasado, en busca de su presente. Extasiado de conocimiento, de tanto saber hacer, observando a los picapedreros, modernos, sustituir gárgolas y hojas de acanto. Trabajando duro, pero sin dejar de aprender, de observar, de disfrutar. Algunas veces lo paseo, recuerdo aquellos días hoy olvidados, me dan ganas de contar a gritos lo que yo vi. Pinturas medievales en las antiguas celdas, lecciones magistrales de arqueología. Trajín y emoción, visiones de palomares escondidos...

6.- El Río.

Cuentan las crónicas para los que como yo no nacieron aquí, que en 1957 hubo una riada tremenda. Que el agua que bajaba de la sierra, fue tanta, que desbordó el cauce antiguo del rio, que murieron muchos, y durante días las calles aledañas fueron cauce y caudal. Otras historias hablan de intencionalidad, de acabar con aquellos pobres que buscaban cobijo bajo los puentes, alojados por el dulce Turia.
Después de aquello hubo un plan para desviar el cauce del río, sacarlo de la ciudad. Así se hizo, y quedó el problema de que hacer con el cauce viejo. Y a alguien, sabio él, se le ocurrió crear un gran jardín, un bosque urbano que hiciera de cinturón a la ciudad, y se convirtiera en recreo de la misma.
Hace veinte años aun se encontraban entre sus árboles rincones casi salvajes, tenía algo de jungla, en los cazadores y presas que allí habitaban, era selvático y enigmático. Hace ya unos años, antes de las diferentes remodelaciones de jardín a pista continua para corredores, ciclistas, paseadores de perros y jugadores de fútbol. Antes de todo lo que vino después.

7.- La Manola.

Nunca, en ninguno de mis viajes, ni ninguna de mis estancias en otras ciudades, conocí un bar como éste. Nunca despropósito mercantil más grande existió en ninguna parte, por eso nunca fue un bar. Fue más bien un hogar, un templo donde se honraba la amistad, donde la hospitalidad fuese credo sin haberlo escrito en ninguna parte. Si aquellos gestores municipales, si aquellos carceleros hubieran siquiera imaginado lo que allí ocurría, esta historia no sería contada, esta maravilla no sería cuantificada en séptimo lugar. Pues aquel tugurio parecía estar fuera de las leyes del tiempo y del orden. Parecía cantina de Isla Tortuga, mesón de la comuna, cuartel general de la irreverencia y la anarquía, bajel de líneas afiladas que envistiera de frente la estulticia y el orden, hermandad descarriada de alforjas vacías de doblones pero rica en manuscritos, en canciones, en el mejor aguardiente con el que brindar por el presente y la muerte del futuro.

Cualquiera puede buscar en sus recuerdos, escribir su ciudad, hozar en su memoria. Esta es la mía, una parte de ella importante, pero no definitiva. Necesaria pero no por ello imprescindible. Inflamable y presta siempre para quemar.

El reverendo Yorick.

comer hasta reventar






comer hasta reventar
engullir
expandir la piel
como pandero de cabra
hasta decir basta
eso: ¡basta!
contemplando los platos
de carne a medio devorar
satisfecho mirando los perros
que esperan rendidos
el hueso volador

comer hasta reventar
la marca de una estirpe acomodada
que sabe y aprende
generación tras generación
que al esclavo se le mantiene
con mendrugos enmohecidos

RAFA BECERRA