La conjura contra el necio

Blogletín crítico-sociológico anexionado a la internacional anti-estulticia

"Born to be Will"

Salió de la tienda de tatuajes henchido de orgullo, uno de sus últimos sueños se había hecho realidad. Allí, en su hombro, todavía ardiente, un dibujo en su piel le enorgullecía. Un gesto más de exclusividad de mercado, al que no había podido resistirse. Pero esa no era su forma de verlo, para él, el tatuaje significaba una diferencia con los demás, a través de aquel dibujo diseñado con todos los cuidados, quería decir a todo el mundo, que él era especial, por las circunstancias de su vida.
Su aspecto exterior, estaba cuidado hasta el último detalle, pulcro al vestir, elegante, pero con un toque sport, según mandaban las modas. Con ropa cara, pero estudiadamente casual. Su corte de pelo, del mismo modo, a la última en tendencias, cubierto por una generosa capa de fijador, y aparentando un descuido calculado, igual que su barba, o que el artificial bronceado de su piel.
Todos los días, después de su trabajo de gerente en una empresa de venta por teléfono, acudía al gimnasio, situado en la misma zona comercial donde comía, y compraba algún que otro trapito. Su oficina se encontraba en el mismo complejo, compuesto por parking, oficinas, y comercios.
Allí, transcurría prácticamente su día a día, puesto que al acabar en el gimnasio acudía a tomar una copa en la zona de ocio. La más de las veces, durante la ingesta de esa copa, conocía a alguna chica con la que quedaba para cenar, o con amigos del gimnasio o la oficina. A buen recaudo, en el parking, su coche ultra limpio, como recién salido del concesionario, un cuatro por cuatro a la última moda, o si el tiempo lo permite su motocicleta Harley-Davidson, también último modelo.
Se sentía un triunfador, cuando caminaba por las calles, al cruzarse con cualquier mujer, se hinchaba como un gallo de corral, pendiente del efecto de su paso ante la hembra, del mismo modo, cuando se cruzaba con cualquier hombre, le miraba con desprecio, sin disimulo, haciéndole notar quién mandaba allí. En los semáforos, bien en coche, o en moto, se comportaba de la misma forma, lanzando sus miradas cazadoras de reojo.

Ahora, el tatuaje completaba su persona. Ahora si que se sentía diferente, lejos de imaginar que en realidad caminaba por la vida imbuido en un disfraz. Un disfraz que le habían vendido, detalle a detalle, había caído en la trampa, sin poder sustraerse se hallaba inmerso en una mentira de la que no era consciente. Víctima del consumo, fagocitado por su propia imagen que cada vez le pedía más. El tatuaje, que ahora le hacía creer que era diferente representaba un águila con las alas abiertas en posición defensiva, bajo sus garras, una leyenda: Born to be Wild. Nacido para ser salvaje.
El lo creía de verdad, ignorante de que en realidad, había nacido para ser del montón.

El reverendo Yorick.

O dinosaurio galego



¿Cuántos años durará aun la sombra del franquismo?
Algunos podrían pensar, que ese régimen es cosa del pasado, que con el desarrollo de la transición hacía la mal llamada democracia, esa etapa de nuestra historia estaría superada. Esto no es verdad. De hecho, la realidad nos indica que lejos de estar superado, el franquismo, todavía se ampara dentro de un estado ideado a su sombra. Que la verdad, es que un régimen caduco como era la dictadura de Franco, supo mudar de piel, con el sencillo objetivo de dejar las cosas prácticamente como estaban. Con ciertas puntualizaciones, pero en el fondo, el asunto era sencillo: Acabar con cualquier brote revolucionario, o republicano, y lo más importante, crear una mentira enorme, donde los ricos siguieran siendo ricos, y los pobres, pobres.
Mediante el olvido colectivo, concedimos una amnistía permanente a los miembros y cómplices del régimen franquista. De esa forma sus cachorros pudieron permanecer camuflados en el inmenso organigrama del estado que nos gobierna. Casi todos los gobernantes, jueces, y miembros de partidos políticos actuales de 50 años para arriba tienen un pasado en las instituciones franquistas, en mayor o menor medida, todos se criaron en aquella dictadura y fueron educados por ella.

Muy de vez en cuando sacan leyes, como la ley de la memoria histórica, con la intención de contentar a todos los no comparten su ideario, en la vana ilusión de que aquí se escucha a todo el mundo. Pero la realidad, sigue siendo que aun dormitamos bajo aquel yugo y sus flechas.

Hace unos días murió Manuel Fraga, el ejemplo más claro de reciclaje ocurrido en la transición. El partido que fundó, gobierna hoy día en este país. Hasta hace unos meses, ha estado en la política activa. Gobernó en Galicia cerca de veinte años.
Escucharle pronunciar algunas de sus frases míticas hoy día, todavía da escalofríos. Parecen dignas de alguien como Millán Astray, o sencillamente de alguien afín al él. Autoritarismo, intransigencia, despotismo…Las marcas de la casa.
Murió un personaje al que todo el mundo alaba, los politicuchos de todas las calañas babean sobre su cadáver. Le llaman uno de los padres de la constitución, como si esta fuera la piedra angular de nuestras vidas. Una constitución que solo funciona para aplicarnos nuestros deberes. Nunca nuestros derechos.
Murió un auténtico fascista, al que sus herederos políticos rendían pleitesía, cómplice de muchos asesinatos ocurridos durante el franquismo.

Debe ser muy doloroso, para los familiares de todos aquellos muertos que lucharon por la libertad, ver como a este señor se le entierra impunemente, como después de morir de viejo en la cama, el país le llora, y en su ignorancia y olvido lo colocan en un pedestal.
Pero algunos no olvidamos, y la presencia de estos asesinos y ladrones, nos hace permanecer en guardia, somos conscientes de que todos aquellos cómplices y discípulos del pequeño dictador y asesino, permanecen agazapados agarrados como un quiste a una tierra que pese a quien pese, nos pertenece a todos.

El reverendo Yorick.

La fotografía que encabeza este artículo fue tomada en el cementerio viejo de Xermade en Lugo, muy cerca de Vilalba, municipio donde nació Fraga.
De existir ese Dios al que veneran tendría sin duda carnet de la falange.

En Vilalba, el interfecto luce un busto en mitad de la alameda desde hace décadas, donde recientemente han abierto una casa museo en el edificio en el que dicen nació. En una parroquia del mismo pueblo, un paisano colocó un monolito en su finca, porque el hermano de Fraga, aficionado a pasear a caballo, paraba en dicha finca para que bebiera el animal. El monolito me lo enseño la cartera, Mari Carmen, ya fallecida, un día que me recogió para bajar al pueblo.
Estos son solo algunos ejemplos de cómo el régimen y su aparato propagandístico continúa su marcha como una apisonadora, impunemente, siempre que las personas de a pie se lo sigamos permitiendo.

“Se busca personal para iniciar una revolución sangrienta, con el objeto de acabar con la esclavitud”




Paso ante el escaparate de una empresa de trabajo temporal. En el mismo, un anuncio: Se necesita peón especialista para fábrica de inyección de plástico y pintura.

En algún lugar de mi currículo pone algo parecido. Me decido a entrar.
-Hola ¿sigue vacante el puesto del anuncio? –Bueno, en realidad siempre lo tenemos ahí, porque nos piden personal periódicamente. Me dice un joven de unos 23 años. –Bien, ¿puedo dejar mi currículo?
-Claro, responde sin quitarme el ojo de encima. Le muestro en que empresa ocupé una mierda de puesto parecido, me pregunta el año: 2005, miento. Hace más de diez. Titubea durante algunos segundos, y luego me pregunta si estaría dispuesto a hacer un test. Le respondo que no hay problema. Me entrega un folio escrito a dos caras con diferentes recuadros y preguntas. Me acomodo sin preguntar en una mesa que hay al fondo de la oficina y comienzo a rellenar el test.
Éste, como todos los test laborales del mundo, incita explícitamente a la sumisión, sabiendo quién lo ideó, que cualquiera que se preste a rellenarlo, agachará las orejas y explicará sin titubeos lo dispuesto que se encuentra a trabajar como, y en las condiciones que sean. Me planteo seriamente seguir con esta farsa. Mientras tanto, el tipo de la oficina se entretiene en dar su opinión sobre el aspecto que debe tener alguien que se presenta allí a pedir trabajo. Se lo dice a una mujer que por la cara de sorpresa no debe saber si reír, o tirarle algo a la cabeza a aquel capullo.
No puedo evitar oír como le dice orgulloso que él, tiene dos carreras y un master, y que está allí trabajando de becario por 300 euros mensuales haciendo un esfuerzo y formándose. Siento unas tremendas ganas de levantarme y explicarle a aquel imbécil si no sabe que con su actitud colabora a empobrecer el mercado laboral, que mientras él como becario cobra una mierda, su empresa se ahorra un sueldo completo de un profesional.
Y se las quiere dar de listo con sus carreras y master.

Hago un esfuerzo por concentrarme en la siguiente pregunta: ¿Qué es para ti un jefe, y cual crees que es su responsabilidad?
Un jefe,-pienso- o mejor dicho, un gerente de empresa, es alguien encargado del funcionamiento de ésta, coordinando el esfuerzo de los trabajadores, el servicio de los proveedores, y la colocación última del producto manufacturado, con el objeto del crecimiento de la empresa, cumpliendo los contenidos de los contratos, y la inversión de parte de los beneficios en las mejoras laborales y de producción, sin entrar en conflictos gratuitos y perjudiciales con sus empleados.
Decido no apuntar nada, y dejar la respuesta para el final. En el resto del test, miento descaradamente, importándome un huevo el fin de éste. Ya estoy bastante cabreado. Termino y se lo entrego al cretino de la mesa, aguantándome las ganas de largarle unas cuantas verdades. Le oigo decir a la chica que él: “antes llevaba rastas” y que se las quitó para poder tener una imagen más aseada. Que pretende decir este subnormal ¿Qué porque él se cagara encima y estuviera dispuesto a chupar todas las pollas del mundo para tener una mierda de trabajo, todos deberíamos hacerlo?

Me despido y me voy de la oficina cabreado. Me voy acordándome de un amigo que ha tenido que pagar a un hijo de mierda para que lo contrate y de esa forma acceder a un subsidio que le corresponde por derecho. ¿Me pregunto cuanta porquería más tendremos que tragar, y a cuantos miserables más tendremos que aguantar antes de decidir plantarnos? Antes de salir a la calle a matar y a morir para acabar con la gentuza que nos esclaviza, aunque solo sirva para palmarla con el sabor de la dignidad pegado a los labios, aunque sea sumergidos en una indiferencia y cobardía generalizada, pero pletóricos de estar haciendo lo correcto.

Paso ante la oficina de un periódico, y decido entrar a gastar unos cuantos euros en poner un anuncio: “Se busca personal para hacer una revolución sangrienta con el fin de acabar con la esclavitud” El tío de la oficina no da crédito. Le pago y me voy tranquilamente a mi casa. De repente, por el camino, recuerdo que al final, me olvidé de contestar la pregunta sobre el jefe.

El reverendo Yorick.

La fierecilla domada

Uno de estos días de navidad, mientras descansaba un rato, encendí el televisor, a ver con que sorpresiva programación nos regalaban, como era de esperar no me defraudaron.
Hay veces que puede parecer que siempre estoy buscándole tres pies al gato, pero es que en ocasiones…me lo ponen a huevo.
Juro y perjuro que mi intención aquella mañana no era otra que pasar un rato tirado en el sillón, con la mente en blanco, y que me encuentro: Nuestra querida televisión pública, esa que pagamos entre todos, y cuyo ensalzamiento de los valores de convivencia, igualdad, tolerancia, etc, etc. Tanto cacarean, nos deleitó con la obra magnífica de nuestro cine: La fierecilla domada. He de reconocer que no he leído la obra de Shakespeare, pero después de lo visto en televisión, el gusanillo de la curiosidad, ya me anda carcomiendo por dentro.

Porque me niego a creerlo. Aun siendo una obra que ya goza de una edad centenaria, donde la situación social de las mujeres no era precisamente un campo de margaritas. Shakespeare siempre trato a las mujeres con respeto, regalándoles con justicia en sus obras una capacidad para la creación de ardides fieles a la realidad. Como he podido comprobar en otras obras del genio. Sin embargo, en la película de marras, cuyos protagonistas son: Carmen Sevilla, y Alberto Closas. El mensaje esta bien claro, tanto que el tufo falangista tira para atrás.
Me imagino los censores del régimen, relamiéndose los bigotes, mientras con los dedos cruzados en la panza, daban el visto bueno a esta bazofia galopante. Desconozco quien es el director de esta inmundicia, y la verdad que se me quitaron las ganas de enterarme. Solo de recordar al mojigato del Closas con su bigotillo a la moda ferrolana sonriendo mientras le dicta a su consorte femenina, como debe ser una verdadera esposa me dan ganas de vomitar los polvorones.

Entiendo que esta mierda cinematográfica tenga que estar en algún archivo a disposición de los estudiosos del tema. Que de vez en cuando aparezca en algún ciclo, donde por supuesto, quede claro la época y situación social en la que se rodó la película, pero de ahí, a que la televisión pública, te la coloque a traición en una mañana de navidad…,
Esto me lleva a sacar dos conclusiones: La primera, que el encargado de rellenar horas en televisión, echó mano de la primera bobina que pilló en el archivo. O la segunda, y la más peliaguda, que la mano de nuestro nuevo gobierno, afectado por estos días navideños y presa de la nostalgia hacía la época de grabación de la cinta, no se cortara un pelo, en empezar a mostrar su verdadero pelaje, valga la redundancia.
De ser cierta esta segunda hipótesis el futuro se presenta bastante negro. Conociendo el pasado del nuevo presidente, no sería de extrañar que los directivos del ente público anduvieran por los archivos sacándole el polvo a “Raza” Y que en algún rotativo de alguna editorial, estén ordenando los números de “Flechas y Pelayos” con los que obsequiar a esa juventud perdida, para ayudarles en su búsqueda de valores.

En fin, en cualquier caso lo mejor que se puede hacer es seguir con el trapo echado por encima del televisor, y si fuera inevitable escapar de la trampa catódica no se olviden de la lupa y del sentido común, el nuestro no el de ellos, que a fin de cuentas es el que nos salva, y el que ante tanta manipulación nos hace, como decía, apagar la televisión, o tirar los periódicos al contenedor, o mejor aun, usarlos para otros menesteres mas provechosos.

El reverendo Yorick.





¿Has visto lo que han hecho los cochinos de los arquitectos con tu ciudad?

Cada aborto es un niño feliz.

Si hubiese un nacionalismo que no fuese nacional, yo sería nacionalista.

A muchas mujeres les desconcierta que no seas el machista que ellas esperan.

La clase trabajadora ha sido sustituida por la clase consumidora.

Si te vas a suicidar hacéte acompañar.

El pueblo no puede ser SOBERANO mientras haya un SOBERANO por encima del pueblo.

DE MUJER A MUJER
Chica, que lo de "PARIRÁS CON DOLOR" no fue la maldición de Dios, fue: "CAGARÁS CON DIFICULTAD EL RESTO DE TUS DÍAS".

Pueblos atestados de gilipollas y sin ningún TONTO.

¿Reyes para qué, si no nos traen juguetes?

Los TESTÍCULOS DE JEHOVÁ es una de las sectas más peligrosas... por lo palizas que son.

El liposuccionador actual es el equivalente al SACAMANTECAS de antes.

Los curas crean el Cielo y luego le ponen peaje.

BOTÏN, el banquero que hace honor a su apellido.

Nunca me han gustado los monos. Son los que más se parecen a los humanos y además los imitan.

EL BOBO DE KORIA

cuento de navidad




Pablito tenía un don. Un don que provocaba cierto pavor a sus padres, y entre la población del pequeño pueblo donde vivía. Pablito era capaz de ver en el interior de las personas, y además, a voluntad, y si se concentraba hacía que los que estaban cerca de él, y eran presa de su concentración cayeran muertos, asfixiados al instante.
Nadie podría certificar estos hechos, pero lo cierto es que en las tres ocasiones en que había ocurrido, Pablito estaba presente.
La primera de ellas ocurrió cuando Pablito tenía tres años. En una visita rutinaria al pediatra que enviaba la seguridad social semestralmente al pueblo. El pediatra era un tipo que odiaba a los niños. También odiaba ir de pueblo en pueblo, en vez de estar destinado tranquilamente en el hospital que quedaba a diez minutos de su casa. Esto hacía que siempre estuviera enfadado, hasta el punto de que hacía un par de años, en una de sus visitas y mientras desvestía a un bebé, éste, se le cayó al suelo, provocándole dos fracturas. No le costó trabajo echar la culpa a la madre. En los pueblos ya se sabe, el médico y su palabra son sagrados.
Bien, volviendo al día en que cesó en su actividad, podríamos decir que aquella mañana estaba especialmente irascible. Y sin vergüenza ninguna se cuidaba de hacer llegar su malestar a todos los niños que pasaban por sus manos. Hasta que llegó Pablito.
Como siempre, con un gruñido por saludo, indicó a su madre la camilla, y la instó para que desnudara al niño, la camilla metálica ni siquiera estaba cubierta por una sábana, y la calefacción del ambulatorio era de dudosa eficacia. El pequeño se quejó lastimero al verse despojado de su ropa, y esto ponía de los nervios al doctor, que sin dilación ya agarraba al niño por los brazos, y lo obligaba a abrir la boca.
En ese instante fue cuando Pablito lo miró a los ojos. Allí dentro el niño vio mucha maldad, tanta que casi se marea. Sin poder reprimirse se concentró, y al instante el médico se quedó paralizado, luego se echó las manos al cuello, mientras se tambaleaba por la consulta, después se empezó a poner primero rojo, y a continuación morado, a la vez que su lengua se asomaba por su boca completamente, como si quisiera abandonar a aquel ser ruin en aquel mismo instante. Después sencillamente murió. La madre de Pablito miró a este, que permanecía de pie en la camilla, con un rictus serio, y la mirada clavada en el médico. Ahí supo su madre que su hijo tenía algo que ver en la muerte del pediatra.

Tendrían que pasar dos años, para que de nuevo Pablito manifestara su don de manera violenta. En este tiempo, sus padres se habían cuidado mucho de decir a nadie lo que ellos sospechaban. Tampoco el niño había dado muestra de ser distinto de otros niños en esos años, por lo que de alguna manea comenzaron a pensar si aquello no podría haber sido fruto de su imaginación.
Pero de nuevo, el niño manifestó poseer un poder desconocido, que ejercía sin compasión en aquellos que de alguna forma intentaban hacerle daño, a él, o a otras personas. Así, su siguiente víctima sería un tío suyo, hermano de su madre. El tío en cuestión se había encargado de cuidar de la madre de ambos hasta su muerte, hecho este que afectó profundamente a Pablito, ya que su abuela era una mujer de buen talante y mejor humor, pero los últimos años de su vida los pasó postrada en una cama, bajo los cuidados del desalmado de su hijo, que nadie sabía como, había manipulado a la anciana para declinar el testamento de esta a su favor.
De ese modo la casa donde vivía Pablito y su familia que era propiedad de su abuela, pasaba a manos de su tío, y este, que ya tenía planes para aquel caserón en el pueblo, no dudó en informar a su hermana y cuñado de que debían abandonar el edificio en menos de un mes.
Para la familia de Pablito, esto fue una catástrofe. Su padre, que era jornalero en el campo no tenía dinero para comprar una casa, y su sueldo apenas llegaba para pasar el mes. La madre de Pablito también cosía en casa muchas horas, dejándose la vista por una escasa cantidad de dinero que los ayudaba a no pasar penurias. La situación que les planteaba su hermano era verdaderamente una tragedia.
Los padres de Pablito, que no creían que su hermano pudiera ponerlos de patitas en la calle, decidieron invitar a comer a este, para poder hablar de otra alternativa, para apelar a su compasión, a costa de su servicio si era menester, con tal de no verse en la calle con su pequeño hijo, que ya contaba cinco años. Pero verdaderamente no conocían a su pariente. Este manifestaba un carácter rencoroso hacía cualquier ser humano, y disfrutaba haciéndole mal a cualquiera que se pusiera a tiro.
El día de la comida, caminaba por el pueblo tranquilamente en dirección a la casa de su propiedad, donde su hermana y el desgraciado de su marido apuraban sus horas. Estaba dispuesto a disfrutar con el enfrentamiento, los dejaría suplicarles para luego definitivamente echarlos a la calle, a ellos, y a ese repugnante niño al que nunca tuvo ningún cariño. La casa estaba destinada a la venta, para montar un negocio de turismo rural, y él, sería el beneficiario de una suculenta cantidad, con la que pensaba marcharse al caribe, a demostrar su valía.
En estos pensamientos andaba cuando llegó a la puerta de la casa, llamó, y espero a que le abrieran la puerta. Allí estaba su hermana, sumisa y empalagosa, sin hacerle caso pasó a la casa como el señor de la misma, se dirigió al salón y desde allí pidió a su hermana que le sirviera una copa de coñac. Pablito fue el encargado de llevársela, cuando se la dio, se quedó mirando a su tío. – ¿Y tú que miras?- le dijo este desafiante. Pablito no dijo ni una palabra, simplemente se le quedó mirando, hundiéndose en la negrura de sus ojos, donde una ola de maldad lo envolvió. Tembloroso parpadeó un segundo, y después volvió a atravesarlo con su mirada. A su tío no le dio tiempo a decir ni “mu” Al instante se puso de pie, y empezó a tambalearse por la habitación, tropezó con el aparador, y al caer unos platos de este, la madre de Pablito que se encontraba en la cocina acudió corriendo, solo para ver a su hermano morado como una col lombarda retorciéndose por el suelo. En ese preciso instante el padre de Pablito, que venía de trabajar en el campo, hizo su aparición, justo cuando su cuñado expiraba.

Pablito y su familia pudieron seguir viviendo en la casa, que ahora era de su propiedad. Sus padres, evitaron mencionar los hechos de la forma en la que en realidad ellos los interpretaban, y excluyeron de nombrar la implicación de su hijo en ellos.

Habían pasado ya tres años desde la muerte de aquel miserable. Pablito contaba ya con ocho años. Y sus padres más tranquilizados ante la normalidad de su hijo, volvieron poco a poco a pensar, que aquello había sido producto de su imaginación, más o menos todo el pueblo pensaba igual, dado el comportamiento normal del niño, y su permanente buen humor.
Aquel año, por navidad, los padres de Pablito habían decidido llevar a éste a la ciudad por primera vez, para que viera todas las calles iluminadas y el ambiente navideño que se respiraba en ellas. Pablito estaba muy ilusionado, el día que subieron al autobús de línea, aunque la impresión que sacaría al llegar a la ciudad, dio al traste con toda su ilusión.

Efectivamente toda la ciudad estaba iluminada, había música, y muchísimas personas yendo de aquí para allá. Pero los verdaderos sentimientos de la gente herían al niño. Pues bajo esa capa de permisividad navideña se escondían odios, rencillas, rencores, envidias y otras maldades típicas de los seres humanos. El niño no comprendía que sentido tenía entonces todos aquellos adornos, luces y músicas. Pablito intentaba que sus padres no se dieran cuenta de su desilusión, y de esa forma los seguía sin mostrar ni un gesto que delatara sus sombríos pensamientos.
Pero al doblar una esquina había algo que desencadenaría un problema de nuevo. Había un entarimado elevado cubierto de telas rojas, y arriba un trono donde un rey mago atendía y recogía las cartas que una fila de niños le entregaban en mano, sentándose en el regazo del rey. Los padres de Pablito animaron a este a que se pusiera a la cola. Pablito miró sus enormes sonrisas, y no fue capaz de negarse, así que se puso detrás del último niño, con una inquietud pegada a la garganta.
El rey mago que gesticulaba sin cesar, parecía estar pasándoselo muy bien, en realidad, aquel montaje era cosa suya. El hombre resultó ser un empresario poderoso, y director de un equipo de fútbol local. La fortuna de la que era dueño no había sido lograda con medios muy honrosos. En sus empresas muchos hombres y mujeres eran explotados para beneficio de su director. A él esto le traía sin cuidado, y los problemas de sus trabajadores no le afectaban, sencillamente cuando alguno de estos problemas se presentaba, el director los despedía impunemente.
Cuando Pablito llegó al lado del falso rey mago, este lo cogió en brazos y se lo sentó en las rodillas. Un olor a naftalina mezclado con perfume caro llegó a la nariz del niño. Este miró al rey a los ojos, y en ellos pudo ver la verdad de su negro corazón. Pablito no se contuvo, y el rey mago sufrió en sus carnes la energía del niño, el rey se echó las manos al cuello, arrancándose la barba postiza y la corona, su calva perlada de gotas de sudor brillaba con los reflejos de los millones de luces que había en la calle.
Pero esta vez, cuando el falso mago cayó al suelo, Pablito no se contentó, miró al siguiente niño de la cola, y este comenzó a llorar, luego el otro, y luego el otro, y así en un rato, todos los niños de la plaza comenzaron a llorar, pero no solo en la plaza, más tarde en las calles aledañas, en las viviendas y al final en toda la ciudad, los niños lloraban desconsoladamente.

Solamente, cuando sus padres acabaron confesando la mentira, dejaron de llorar, cuando los padres de toda la ciudad dijeron a sus hijos que aquel hombre era un impostor, y que los regalos en realidad nada tenían que ver con magias ni intervenciones divinas, los niños cesaron en su pena.

De esa forma, Pablito, que ya estaba de vuelta en su tranquilo pueblo con sus padres, acabó con una gran mentira, y el mundo descubrió que mentir a los niños nada tiene que ver con hacer el bien, y que los niños, no por serlo se merecen ser engañados así. A partir de ahí, todas las navidades cambiaron, y aunque la gente seguía fingiendo esos días que todo era bondad y amor sin ser verdad, tanta magia y tanto rollo divino se fue acabando, dejando a los cuentos ser lo que son.

el reverendo Yorick.

Nicolás Sarkozy o el anhelo de Napoleón






El cadáver del emperador sonríe en la oscuridad de su tumba. Su calavera enorme muestra su sonrisa permanente, en la inmunidad que da el eterno paso del tiempo, contempla la cima de sus anhelos.
Su país, su amada tierra, su imperio arrebatado renace. Tras el dolor de la derrota, de haber sembrado de cadáveres la vieja Europa, del destierro, de la humillación de haber permanecido vivo sentado frente a sí mismo. Su patria renace.
En el turbio horizonte, un hombre menudo, como él mismo avanza con paso firme. Sin ejércitos, sin invasiones grandilocuentes, sus pisadas hacen temblar al viejo continente.
Su imperio transformado en un símil de República tan falso como cualquier otra atemoriza a los más débiles. Con Alemania como aliada, y con el dinero y el engaño como armas doblegan naciones y países, que mendigan aporreando las puertas de su imperio.
El pequeño hombre que rige los destinos de Francia, con su apellido impronunciable se cobra la justa venganza histórica del emperador. España, Grecia, Italia, Portugal, y otros países caen, y caerán en las manos del poder. Atrapados por unos acuerdos económicos y aterrorizados ante el temor de salir de la coalición europea, todos acatarán las órdenes venidas de la unión de Francia y Alemania.
Los gobiernos sucumben ante tanto poder, y los pueblos zarandeados en la mentira de la comodidad, aceptan recortes y venden su futuro de saldo para beneficio de esa unión europea que se asemeja a un Saturno devorando a sus hijos. El emperador reconoce el acierto del poder económico, viendo a países a los que no pudo dominar entregados en cumplir plazos y tratados, atrapados cada vez más, mientras sus recursos y economías son exprimidas por los poderosos creadores del engaño. Y entre esos poderosos está su país, justo donde tiene que estar, llevada de la mano por su pupilo de altura discutible.
Los hombres como el emperador, tocados por la mano de la locura se rebozan en un baño de megalomanía que les es tan necesario, sus herederos históricos hacen lo propio. Amparados por sus dioses no dudan en sacrificar a aquellos que los han encumbrado, sabedores del control que ejercen sobre la información, a una orden suya todos los rotativos y señales catódicas esparcen malos augurios como un virus, mientras ellos se sientan a esperar, como médicos a que sus atribulados pacientes acudan a recoger las recetas que curen sus imaginarias enfermedades.

El sueño del emperador se cumple. Su pequeño hacedor sonríe taimado, aliado con la mujer que comanda Alemania, se relame al pensar hasta donde ha llegado su ambición. Quizás se acuerde del emperador, ignorando la sonrisa eterna de aquel, enfermos los dos de una posesiva locura de poder.
En alguna otra parte la batalla inútil de siempre se prepara. Se amontonan piedras y se afilan los cuchillos. La gasolina se reparte en botellas y habrá besos de despedida. El destino prepara otra partida de ajedrez en las que una vez más jugaremos con las negras y sin reyes. Solo peones. Peones que intentarán desestabilizar su destino y asustar a las crónicas de la historia, regando con sangre y con nombres anónimos el asfalto de las calles, en una lucha sin cuartel que dura ya milenios y cuya balanza nunca termina de caer de nuestro lado.

Yorick.

RESCOLDOS O CONFESIÓN IN ARTICULO MORTIS DE BARTOLO




Sí, rescoldos, porque hace una semana mi médico de cabecera me dijo que no me quedan más de tres avances informativos. Rescoldos de vida, vamos. Como cualquiera pensará, me encuentro al borde de un abismo seguro, infranqueable, ineludible, fatídico.
Después del aturdimiento inicial, pensé que debía poner mi cacho de vida en orden para, en la otra vida, más luenga, conseguir que me sea menos aciaga que la ya padecida.
Así, apelé a mi psiquiatra, a mi psicólogo, a mi carnicero, al barrendero de mi plaza… Y, por fin, a mi confesor, don Damián tantos años olvidado. Que, por cierto, le tocaba el culito a las niñas en el confesionario de la parroquia gallega de Villalba, por lo que fue desterrado a Benetusser.
-Bartolo –me dijo, cuando me encontraba arrodillado en pleno acto de contrición-, debes de tornar al seno de la Iglesia. Ella te conferirá el pasaporte, la licencia, el visado para acceder a la vida eternamente dichosa con buen pie, digámoslo asín. Debes de reabrazar la religión de la que tanto tiempo te has olvidado.
-Pero, padre, por ser coloquial: para lo que me queda en el convento, prefiero abrazar a una religiosa y usted perdone. Quiero chuscar, como todo hijo de vecino. Vamos, que me gustaría en el ocaso de mis días, comerme tantos roscos como cuentan de usted, con perdón.
-No blasfemes Bart –obsérvese que aquí pronuncia mi nombre americano-españolizado Lo que se cuentan de mí son infundíos e infamias.
-Pos, padre, yo quiero infundíos de esos y no acabar mis días como el gilipollas de Onán, que se mataba a manolas, con perdón.
-¡Bartolo, has acabado con mi paciencia y con la de Dios. Sal de la iglesia y no vuelvas por aquí…!
-Pero, padre…
-¡Ni padre, ni hostias consagrás¡
No me quedó más alternativa que salir por piernas de la casa de Dios.
Asín es que ahora me encuentro a la deriva. Desarbolado y sin timón, en cueros, vamos. ¿A quién encomendarme. A qué estancia celestial clamar, demandando la ayuda tan necesaria para la salvación de mi alma?
Siendo asín, solo puedo lanzar un SOS a cualquiera religión, siempre que me garantice ante notario que en la eternidad, al menos, voy a tener aire acondicionado. Que es que, en agosto no hay quien viva en mi infernal casa.
Queda dicho. Daos prisa.

El Bobo de Koria

el injerto



Existen lugares en el planeta donde extrañas energías se muestran sin pudor. Donde las fronteras del conocimiento se colocan cercanas a las brumas de la superstición. Donde el tiempo no se mide con relojes, sino con la profundidad de las sombras, que se encogen o estiran a voluntad.

En esos lugares se producen a veces extrañas comuniones. Los hombres, en ocasiones dan con resortes fortuitos y desconocidos espíritus se alían con ellos.

Hace unos setenta años, un hombre se alió con una de esas extrañas energías que rondaban por un bosque, y en lo profundo de él se produjo un fenómeno que le sobrevivió, y que todavía hoy existe.

Un pequeño roble, y la rama de un castaño decidieron que una vez el hombre los injertara, crecerían juntos. Que en la profundidad del bosque no existen caprichosas leyes humanas que pongan límite a la naturaleza, y que esta admitió la unión, de la misma desentendida forma por la que un fruto germina, y otro a su lado no.

No llego a comprender las razones de la existencia de ese extraño ser. Ni tampoco las razones humanas que empujaron a aquel hombre a realizar aquella inusual unión. En una primera visión, y bajo el racional pensamiento humano, podría parecer que dos mitades se debaten por existir. Pero como decía al principio, basta permanecer solo en algunos sitios, para entender lo efímero de nuestro ser, y de nuestras obras.

El crecimiento más lento del Carballo, hace que al llegar al punto de unión, una exuberancia desproporcionada se lance hacía el cielo. El contraste de cortezas, y unas pequeñas ramas donde el roble asoma unas pocas hojas nos indican que estamos ante un árbol nada común. La cicatriz permanente de una gran rama cortada o partida en el tronco del Carballo nos cuenta, que en otro tiempo, el misterioso árbol estuvo más cerca del equilibrio. Aunque hoy, la parte inferior parece portar con orgullo su frondosa cabellera, sin importarle que solo unas decenas de hojas recuerden cual fue su origen.

Siempre que puedo me acerco hasta aquel silencioso bosque. Lo busco entre la masa de troncos, hasta que hasta que sin darme cuenta aparece ante mí. Lo toco, lo rodeo, lo miro, y permanezco un rato sentado junto a él. No sabría explicar lo que siento permaneciendo en aquel bosque abrumador. Pero si podría decir que de una forma silenciosa, muchas preguntas angustiosas, obtienen respuesta.

Yorick.

la resaca electoral

Si hay algo que me resulta absolutamente insoportable, son los días de resaca electoral. Da igual quien gane, el espectáculo se repite, babosos cerdos endogámicos, sonriendo y relamiéndose de gusto, como si de tiburones ante un festín se tratara. En sus caras de lascivia desmedida se intuye el futuro más inmediato de los que sufren la pisada de sus botas en la cara. Amparados por el poder que ignorantemente se les otorga, camparán a sus anchas, exprimiendo cada día más a una sociedad ahogada en podredumbre, la misma que ella genera con su rendición. El aparato estatal sale reforzado de nuevo, y ellos lo saben. De ahí sus sonrisas y gestos pervertidos. La excitación que les produce la orgía que para ellos comienza los desata.
Ahora todas las mentiras lanzadas en campaña, volverán al cajón de los imposibles de donde fueron sacadas, todas las promesas se irán por el inodoro apestoso de sus conciencias. Mientras muchos, ignorantes de la insensatez que cometieron el día anterior con su triste voto, sonríen pensando que el futuro ha pasado por sus manos, sin percatarse de la sombra del sepulturero que los ronda.
La política demuestra cada día que es un cadáver plagado de pústulas enfermizas y contagiosas. Sin embargo como embriagados por su putrefacción nos rendimos en sus manos ponzoñosas.
Comienza otra travesía del desierto. Otro largo periplo donde seremos testigos del juicio, asesinato, y entierro de la libertad. La misma de la que rehuimos aterrorizados para entregarnos en cuerpo y alma a aquellos que pasarán por encima de nosotros y nuestros hijos como una apisonadora. Que queda por decir aquí, si esa es la voluntad de la mayoría. Solo nos queda seguir aguantando, mientras asistimos una vez más a este aberrante espectáculo donde se esquilma al planeta y a la raza humana, en un juego demencial de santos y malévolos culpables.

Vean, vean de nuevo las fotos, las imágenes de los que ebrios de poder se repartirán el magullado pastel en el que vivimos, y luego, no se lamenten, la suerte ya está echada.

el reverendo Yorick.