la memoria


Éramos nosotros los llamados a guardar nuestra propia memoria. Quiénes si no, se preocuparían de recordar a estos seres arrastrados por la historia, asaltados por su propia existencia y abatidos por el tiempo.
Teníamos con nosotros mismos una obligación implícita que no constaba en ningún papel, se trataba simplemente de recordar, de recordar mientras existiésemos a aquellos que desaparecieron hace tiempo. De recordar y de contar, pues contando construíamos nuestra propia historia, la historia de los olvidados de corazón muy grande, verdaderas tinajas para almacenar el dolor de unas vidas siempre demasiado largas. Contar épicas sencillas destinadas simplemente a sobrevivir otro día, pero para nosotros épicas grandiosas impregnadas de orgullo, dignidad y coraje.
 Vidas temerarias instaladas en el olvido de unas sociedades canallas destinadas a reventarnos sin posibilidad de escape. Por eso la razón de esta hermandad de la desgracia, por eso, estos gestos hoscos y gruñidos que podrían compararse a las más dulces caricias y los más refinados piropos de haber nacido en otras circunstancias.

El olvido nos busca, pero le cuesta encontrarnos, nos husmea, pero se pierde en estos callejones de la existencia que conocemos tan bien, en cuyos rincones firmamos tantos pactos de silencio y lealtad. El olvido tiene perros adiestrados que tratan de desenredar nuestro rastro entre los olores de la miseria a la que somos empujados, pero aprendimos las artes del camuflaje, aprendimos pronto a caminar solos y saber encontrar luces en la noche.
Tenemos tantos nombres en la memoria. Nombres de seres que fueron nuestros hermanos, nuestras madres, nuestros consejeros. Seres que sin saber que no tenían nada, ofrecían sus manos extendidas llenas con la urdimbre de la amistad. Entonces sabías que todo iría mejor, que habías sido elegido, y que tu dignamente elegirías a otro un día no muy lejano, entonces oirías los nombres asociados a las historias, que formaban nuestro pasado y nuestro presente, que nos otorgaban identidad en este páramo de olvido en el que estábamos abandonados.

Ese gesto de recordar, de dar valor a los pequeños gestos de otros, nos hizo fuerte, tan fuerte que cuando se lanzaron a destruirnos se encontraron conque nuestros anales estaban tan llenos que les sería imposible borrar nuestra memoria. La memoria que tanto nos había costado crear, la memoria que nos otorgaba nuestro humilde y mancillado lugar en la historia.

Yorick

EL PROFUNDO MISTERIO DEL SUFRAGIO UNIVERSAL



El profundo misterio del sufragio universal


Son muchos los misterios que nos envuelven, como por ejemplo el de la Santísima Trinidad, pero hay uno en particular que en estos momentos considero muy importante: el misterio de los comicios.
Hasta ahora ha sido imposible desentrañar qué misteriosa fuerza empuja a la gente en general a acudir cada cierto tiempo a depositar su voto en una urna para elegir a ciertos individuos que nos dicen que nos van a representar para que todos seamos inmensamente felices. Sin embargo, tras tantas convocatorias es difícil no darse cuenta que los supuestos representantes a los únicos que hacen felices es a ellos mismos. Entonces…
Para tratar de resolver este insondable misterio, algunos analistas han echado mano a todas las disciplinas conocidas e incluso a métodos un tanto dudosos, sin conseguir ningún resultado satisfactorio. Para unos se trataría de desesperación o miedo ante una situación crítica, otros, en cambio, hacen referencia a la venganza: ya que estos no me han hecho feliz, voy a votar a los otros y si estos tampoco lo consiguen, votaré a un tercero y así sucesivamente, hasta volver al primero, para ver si esta vez lo consigue.
Hace ya casi quinientos años, el humanista francés, Étienne de La Boétie, escribió en su juventud un magnífico ensayo titulado La servidumbre voluntaria, que quizá explique mejor el enigma, pero es como si hubiéramos dado una vuelta completa, porque ese concepto sigue igualmente siendo un misterio. ¿Por qué razón dejamos que otros dirijan nuestros destinos? ¿Por qué somos incapaces de autogobernarnos?

El principio electoral y el sufragio universal deben su éxito a causas circunstanciales. El haber conseguido que el trabajador o el individuo en general admita que el elector es dueño de su destino, posiblemente sea la mayor victoria conseguida por la burguesía sobre la clase obrera. Esta ilusión ha penetrado tan profundamente en el espíritu del «elector» que resulta un trabajo inmenso tratar de sacarlo de su error.
Ahora bien, hay que tener en cuenta que la introducción del concepto de participación de los trabajadores en la política parlamentaria a través del juego constitucional no se produjo de una vez por todas, sino que sufrió un lento proceso de desarrollo paralelo al de las propias instituciones burguesas. En este proceso se fueron dibujando paulatinamente las dos corrientes en que se dividiría el movimiento obrero: la que consideraba que la participación en este juego no hacía otra cosa que reforzar las instituciones burguesas (la postura anarquista que con algunas variantes, se ha mantenido constante a lo largo de su historia) y aquella otra que fue evolucionando hasta centrar todos sus esfuerzos en la participación de los trabajadores en la política institucional.

Recordemos que la participación electoral en las primeras democracias era restringida. El sufragio universal en España fue decretado por la ley del 26 de junio de 1890. Es cierto que durante el sexenio revolucionario (1868-1874) fue también promulgado algo semejante, pero la posterior Restauración iniciada con el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto en diciembre de 1874 lo anuló, retornando a un sufragio restringido en base al censo de riqueza y a las condiciones de cultura. Según el decreto de junio de 1890 eran electores todos los mayores de 25 años que se hallaran en pleno goce de sus derechos civiles. Es decir, la pretendida universalidad quedaba reducida a los varones y de estos a los mayores de 25 años, lo cual dejaba fuera de este derecho a un considerable número de la población. Resulta evidente que todavía había en aquellos años un cierto temor a que las masas acudieran en tropel a las urnas. Además en aquellas elecciones los pucherazos eran constantes, especialmente en los pueblos en los que el cacique de turno señalaba a quien había que votar.

Las críticas anarquistas al sufragio universal menudearon en su prensa desde la aprobación de la ley, que como ya hemos visto se promulgó en 1890, así como las campañas en pro de la abstención electoral. No quiere esto decir que con anterioridad no se hubiera desarrollado una crítica a la democracia parlamentaria, pero desde la aprobación de la ley, la participación de los trabajadores en las urnas de las que estaban excluidos anteriormente obligaba a profundizar la crítica al sistema parlamentario.

En este aspecto sería Ricardo Mella —en mi opinión el mejor teórico anarquista español— quien con más rigor desarrollaría la crítica al parlamentarismo, partiendo de la opinión del filósofo Herbert Spencer, quien argumentaba que «a la gran superstición política de los reyes, ha sucedido la gran superstición política del derecho divino de los parlamentos».[1]
En efecto, Ricardo Mella lleva a cabo un análisis minucioso para demostrar que el gobierno de las mayorías se reduce —como en cualquier sistema basado en la autoridad— a la voluntad de unos pocos que a lo sumo se representan a sí mismos o a sus partidos.
Pero no se contenta Mella con hacer la crítica de un sistema centralista, sino que lo extiende a un supuesto sistema federalista. «Lo que hemos dicho respecto de los Parlamentos nacionales, no dejaría de ser cierto aplicado a Parlamentos comarcales, no deja de serlo respecto a los municipios. La federación fracciona el hecho, no lo destruye. Lo que hoy es cierto para una nación grande, lo sería mañana para la serie de naciones chicas federalmente constituidas. La autonomía no hace más que contraer la cuestión a una esfera más reducida».[2]

Hay infinidad de parlamentarios que honradamente se introdujeron en el sistema porque tenían el convencimiento de que desde él podrían llevar adelante sus opiniones de justicia social e igualdad de oportunidades para todos; pero esa misma honradez les mostró bien pronto la faz cruel del sistema parlamentario. Unos (los más) se amoldaron a las nuevas circunstancias con un gran cinismo argumentándolo de mil maneras diversas, otros (podríamos decir la excepción) optaron por abandonar el Parlamento ante la inutilidad del mismo. En este sentido, el anarquista alemán Rudolf Rocker manifestaba que en sus inicios en la militancia socialista en Alemania se daba cuenta que la actividad parlamentaria no armonizaba a la larga con una labor socialista educativa verdadera. Para él y muchos de sus compañeros quedaba claro que el camino de las reformas nunca llevaría a una transformación social en sentido revolucionario. Incluso el representante socialista de su ciudad admitió tal aserto. Siendo esto así, Rocker pensaba que había que plantearlo de forma clara a la opinión general, si no querían engañar a las gentes de forma intencionada, pero esto entraba claramente en contradicción con la frenética actividad que se ponía en juego para obtener grandes victorias electorales. «¿Cómo se les podía imponer la entrega de su voto al partido como un deber político y explicarles al mismo tiempo que ese deber no les acercaba una pulgada a su liberación?»[3]

Por otro lado los razonamientos del elector son, por regla general, bastante simplistas y sus argumentos infantiles. Se nos dice: «somos una población de cuarenta millones de habitantes; es por tanto imposible que todos se reúnan conjuntamente para discutir; se hace necesario pues nombrar delegados para llevar a cabo esta tarea. Siendo elector, tengo libertad para votar por quien me plazca y elegir un representante que comparta mis opiniones. Si el número de electores con la misma opinión que la mía es mayoría, nadie podrá negar que saldré victorioso en la lucha entablada contra mis adversarios. El parlamento me pertenecerá y por consiguiente también el gobierno, con lo cual seré el dueño. Haré las leyes, publicaré decretos, en una palabra transformaré de arriba abajo la sociedad actual». Algunos llegan a proclamar que quien no ejerce su derecho al voto no puede elevar su protesta, ya que voluntariamente se aparta de las reglas del juego establecidas por la sociedad, lo cual es un pensamiento muy próximo al totalitarismo y al fascismo.

Demos ahora un rápido vistazo a las críticas (innumerables) que se han lanzado contra los anarquistas sobre esta cuestión del abstencionismo electoral. En estas críticas ha jugado un papel destacado la confusión (seguramente intencionada) entre antipoliticismo y apoliticismo. Por ejemplo, Marx en un documento de 1873 titulado «Indiferencia política» describe con absoluta injusticia el antipoliticismo anarquista como «dejar al gobierno en paz, temer a la política, respetar las leyes y proporcionar carne de cañón sin quejarse».[4]
Porque antipoliticismo se refiere a la repulsa a participar en la lucha parlamentaria, en el juego político que la sociedad burguesa permite y de acuerdo con las normas que ella establece. Pero esto de ningún modo significa renunciar a toda lucha política ni al ejercicio de los que el proletariado considere sus derechos en la sociedad, sino precisamente plantear la lucha por estos derechos con sus armas y a su manera.
Por ello, y a manera de conclusión, recogemos las afirmaciones del profesor Álvarez Junco sobre el particular: «el antipoliticismo es consecuencia del análisis más impecable —desde el punto de vista marxista— del sistema democrático liberal; dicho sistema se nos presenta como un mecanismo al servicio de la explotación capitalista, sus declaraciones de libertad e igualdad formales como falsas, por reposar sobre una estructura social clasista, y la lucha electoral o parlamentaria como modo de desviar los verdaderos conflictos político-sociales hacia un plano inocuo y mistificador; el lema de la I Internacional, “la emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos”»[5], las cuales resumen la esencia del problema que será recogido por los anarquistas.

Por último nos interesa destacar el argumento que se repite de modo sistemático, referido al plano de la gobernabilidad, o lo que viene a ser lo mismo, de qué forma pueden resolverse los problemas de mayorías o minorías sin recurrir a la representación. Pero antes de ello convendría decir unas palabras para salir de la confusión que se genera al poner en el mismo plano cualquier tipo de votación, porque existen casos, especialmente cuando se trata de democracia directa, en que la votación es absolutamente necesaria cuando se trata de resolver un problema concreto en el cual es importante alcanzar el consenso si no se quiere caer en la inoperancia. O como argumentaba Malatesta: «Por tanto, en todas aquellas cosas que no admiten varias soluciones simultáneas, o en las cuales las diferencias de opinión no son de tal importancia que valga la pena estar divididos y actuar cada fracción a su manera, o en que el deber de solidaridad impone la unión, es razonable, justo, necesario, que la minoría ceda a la mayoría. Pero este ceder de la minoría debe ser efecto de la libre voluntad, determinada por la conciencia de la necesidad; no debe ser un principio, una ley, que se aplica en todos los casos, incluso cuando no hay realmente necesidad. Y en esto consiste la diferencia entre la anarquía y una forma de gobierno cualquiera».[6]



[1] Citado por Mella, Ricardo, La ley del número, Barcelona, 2000, p. 11.
[2] Mella, Ricardo, La ley del número, Barcelona, 2000, p. 19.
[3] Rocker, Rudolf, La juventud de un rebelde, Puebla, 1967, pp. 368-369.
[4] Citado por Álvarez Junco, José, La ideología política del anarquismo español, Madrid, 1976, p. 416, nota 43.
[5] Álvarez Junco, José, La ideología política del anarquismo español, Madrid, 1976, pp. 422-423
[6] Malatesta, Errico, «Mayorías y minorías», en Malatesta-Merlino-Bonano, Anarquismo y elecciones, Barcelona, 1979, p. 40.


ADIÓS A BERLÍN


ADIÓS A BERLÍN
CHRISTOPHER ISHERWOOD

26 agosto de 1904. WYBERSIEGH. Inglaterra
4 enero de1986. SANTA MÓNICA. Estados Unidos


         Le he dicho que estudié medicina y ella me ha confiado que le preocupan mucho las dimensiones de su busto. Sufre palpitaciones y está convencida de que se deben al excesivo peso sobre el corazón: no sabe si debiera operarse. Algunas amigas se lo aconsejan, otras no.
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         -Puedes ir en tranvía- dijo Herr Bernstein-. No estoy dispuesto a que esa gente me apedree el coche nuevo.
         -¿Y si me apedrean a mí? –preguntó Frau Bernstein, en tono bienhumorado.
         -Bueno. ¿no vas a creer que es lo mismo?Te pones unos esparadrapos en la cabeza y ya está. No cuestan más de cinco groschen. Las pedradas del coche pueden costarme quinientos marcos.
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         Indeciso, impaciente, un poco despistado, con el ansia confusa de pasarlo bien y la incertidumbre acerca de cómo conseguirlo, nunca estaba por completo seguro de que se divertía, de que lo que estábamos haciendo en aquel momento fuese de verdad divertido, y había que tranquilizarle constantemente.
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         -Espero que el médico no será judío- me preguntó severamente Fräulein Mayr.- No permita usted que la toque ninguno de esos sucios judíos.
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         -¡Que aprendan! –exclamaba-. La ciudad está infestada de judíos. Levantas una piedra y salen un par de ellos arrastrándose. Acabarán envenenando hasta el agua que bebemos. Nos ahogan, nos roban, nos chupan la sangre. Fíjese en todos los grandes almacenes: Wertheim, K. D. W., Landauer. ¿De quiénes son? ¡Sucios judíos ladrones!
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         -Estos nazis- empezó-
         -Van a lo suyo- el gordo parecía divertirse poniendo la carne de gallina a su amigo-. Fíjate en lo que te digo: van a limpiar Alemania de judíos. Completamente.
         El austriaco sacudió la cabeza.
         -No me gusta.
         -Campos de concentración –dijo el gordo encendiendo un puro-. Los meten en ellos, les hacen firmar cosas y… luego les da un ataque al corazón.
         -No me gusta nada –dijo el austriaco-. Es malo para los negocios.
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         Hoy brilla el sol y el día es tibio y suave. Sin abrigo ni sombrero, salgo a dar por última vez mi paseo matinal. Brilla el sol y Hitler es el amo de esta ciudad. Brilla el sol y docenas de amigos míos –mis alumnos del Liceo de Trabajadores, los hombres y las mujeres con quienes me encontraba en la I. A. H. están presos, si es que no están muertos.
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EL BOBO DE KORIA (RECOPILADOR)


EL NAUFRAGIO DEL TITÁN



MORGAN ROBERTSON

30 septiembre de 1861. CONDADO DE OSWEGO. Estados Unidos

24 marzo de 1915. ATLANTIC CITY . Estados Unidos


Escrita catorce años antes del hundimiento del TITANIC


                                                                      TITÁN                                                TITANIC
Pasajeros y equipaje                                     3000                                                     2207
Botes salvamento                                          24                                                         20
Tonelaje                                                        75.000                                                  66.000
Longitud                                                        240 m.                                                 268 m.
Velocidad impacto                                         35 nudos                                             23 nudos
Número hélices                                              3                                                          3
Fecha hundimiento                                       Abril                                                     Abril
Causa hundimiento                                       Fe ciega tecnología                    Fe ciega tecnología
Rotura del casco                                           A estribor                                              A estribor
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                Era el barco más grande del mundo que surcara los mares y la más fabulosa máquina creada por el hombre. En su construcción y mantenimiento habían intervenido todas las ciencias, profesiones y oficios conocido. En su puente había oficiales que, además de ser elegidos por la Armada Real, habían superado rigurosos exámenes de todas las materias relacionadas con vientos, mareas, corrientes y geografía marina.
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                -¡Hielo! –gritó el vigía -.¡Hielo  a la vista! ¡Un iceberg, debajo de proa!
                El primer oficial corrió a la vía y el capitán, que había permanecido allí, se abalanzó sobre el telégrafo dela sala de máquinas y esta vez accionó la palanca. Pero cinco segundos más tarde la proa del Titán empezó a elevarse, y enfrente, a ambos lados, se pudo ver entre la niebla una superficie helada de treinta metros de altura que se interponía en su rumbo.
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                Setenta y cinco toneladas de peso muerto atravesando la niebla a una media de quince metros por segundo chocaron con el iceberg. Si el impacto se hubiera producido sobre una pared perpendicular, la elasticidad y resistencia de las placas y de las cuadernas curvas hubieran soportado el choque sin más daño para los pasajeros que una fuerte sacudida y, para el barco, que el aplastamiento de sus amuras y la muerte de uno de los vigías en la parte inferior.
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EL BOBO DE KORIA (RECOPILADOR)


sobre Paca la Culona


Estaba pensando en la última entrada de este blog, titulada: PACA LA CULONA. Y recopilada por el Bobo de Koria, en él, se entresacan algunos fragmentos de una nueva biografía de Franco. En dichos fragmentos se resaltan varios aspectos de la infancia del dictador, del desprecio de su padre, y de la sobre-protección de su madre.
También se hace remarcar de mano de su médico los problemas sexuales o físicos, concentrados en su entrepierna. Sacar estos hechos a la luz, podría parecer jocosos a algunos, vengativos a otros, o simplemente burdos. A mi me plantea algunas inquietudes. La primera es la importancia que se le sigue dando a la masculinidad, o virilidad en el estudio de un personaje de la historia, y el enfoque que eso significa, analizándolo cuarenta años después, parece un juego infantil de colegio, donde los niños se siguen midiendo el pene, para otorgar admiración a aquel mejor dotado.
La segunda, sería la falta de criterio a la hora de mirar al estudiado desde esa perspectiva, pues donde está el verdadero problema si un hombre mermado en su hombría es capaz de incendiar la testosterona de medio país para enfrentarlo al otro medio y someterlo durante medio siglo, y todo eso con un testículo y con una fimosis de caballo. Yo creo que la verdadera cuestión no es valorar sus inferioridades de género, sino más bien las nuestras como sociedad y país. ¿Acaso es de recibo que hallamos tragado con su mandato tiránico y aun consentido su monarquía impuesta después de esquilmar el país?
Si tuviéramos en cuenta tamaña estupidez, de una parte estaríamos dando pie a esa humanidad históricamente machista y carpetovetónica. Y de otra parte, sería poco serio no pasar todos por ese juicio. Estos asuntos de los cojones, no nos hace mejores a nosotros, que quizás deberíamos perder el tiempo haciendo balance crítico de si la sociedad donde vivimos es la que queremos tener y que podemos hacer, en caso contrario, por cambiarla, haciendo callar de paso a aquellos que siguen pensando con los huevos en vez de con la cabeza.

Yorick.

PACA LA CULONA



El general Queipo de Llano, que llamaba a Franco "Paca la Culona", le consideraba un hombre egoísta y mezquino.
CITADO POR PAUL PRESTON
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´Generalísimo' para sus adeptos, “paquita” y “marica” para su padre
EL PLURAL  diario digital
CECILIA GUZMÁN Sábado, 9 de noviembre de 2013
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"Perdió un testículo" y “el sexo no le interesaba, sublimaba sus deseos en el ansia de poder”, narra el médico del dictador en el libro ‘Franco confidencial’, de Pilar Eyre.
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El hombre que sometió a España durante casi 40 años era víctima de un “complejo de Edipo” y del “maltrato” durante su infancia por parte de su padre, que le llamaba “paquita” y “marica”. Francisco Franco era un hombre frío “con una vida sexual inactiva que después de engendrar a su hija no volvió a tener relaciones sexuales ni con su mujer ni con nadie”, según le describía Pilar Eyre al dictador en su nuevo libro Franco confidencial.
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Franco tenía un solo testículo
La autora cita al médico de Franco: “Lo sé con total certeza, porque Franco perdió un testículo en África, pero además hay un detalle de su anatomía que nadie conoce y que explica su idiosincrasia: tenía una fimosis muy acentuada, el prepucio muy cerrado, lo que me permite deducir, por mi larga experiencia en estos casos, que su vida sexual fue inactiva”.
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El sexo no le interesaba
El médico asegura que “se le aconsejó” a Franco “una operación muy sencilla”, pero éste “se negó” porque “el sexo no le interesaba, sublimaba sus deseos en el ansia de poder y pudo permanecer casto toda su vida. ¡La ambición, en su caso, sustituyó al orgasmo!”, precisa el doctor en la narración de Pilar Eyre, que adelanta hoy El Mundo.
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El día que nació Franco, su padre estaba en una casa de putas
Detrás de cada dictador, es seguro que hay una personalidad retorcida con una infancia poco feliz. Franco no fue la excepción: “Cuando nació, su padre, el iracundo y alcoholizado Nicolás Franco Salgado, estaba en una casa de putas”, narra la autora de Franco confidencial.
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Paquita y marica
Su padre lo tildaba de "marica" por su voz. “Su madre, que lo vio enclenque y llorón, lo acogió con un amor desmesurado y excluyente. Las paredes de la casa de la calle María escondieron el secreto de ese padre brutal que llamaba ‘Paquita’ y ‘marica’ a su hijo a causa de su voz atiplada, consecuencia de una sinusitis crónica, que maltrataba a su mujer embarazada y que incluso llegó a romperle el brazo a su hijo mayor al encontrarlo masturbándose”.
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EL BAILE


EL BAILE
IRÈNE NÉMIROVSKI

24 febrero de 1903. KIEV. Ucrania
17 agosto de 1942. AUSCHWITZ. (Campo de exterminio) Polonia

         Y después, un buen día se hicieron ricos de golpe, ella nunca había llegado a comprender muy bien cómo. Se habían ido a vivir a un gran piso blanco, y su madre había hecho que le tiñeran el cabello de un bonito dorado completamente nuevo.
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         …Oye Alfred, ¿se ha de usar el título cuando se habla con ellos? Creo que es mejor, ¿no? Nada de señor marqués como los criados, naturalmente, sino: querido marqués, mi querida condesa…Sin eso, los demás no se darían cuenta siquiera de que recibimos a gente con título.
         -Si pudiéramos pegarles una etiqueta en la espalda…Eso te gustaría, ¿eh? (…)
         Mira, Antoinette, hija mía, la tarea es bien sencilla, las direcciones están en las tarjetas.
         -Pero, mamá –repuso Antoinette-. Esta tarjeta es del tapicero.
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         “Quiero, morirme… Dios mío, haz que me muera… Dios mío, Virgen Santa, ¿por qué me habéis hecho nacer entre ellos? Castigadlos, os lo suplico…Castigadlos una vez para que yo pueda morir en paz”.
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         -Tenga querida, aquí están las invitaciones de su madre, que aún no he echado al correo… Vaya corriendo a ese pequeño estanco, allí, en aquella calle a la izquierda. ¿Ve la luz? Échelas en el buzón. Nosotros la esperamos aquí. (…) La embargó una especie de vértigo, una necesidad salvaje de desafío y de hacer daño. Con los dientes apretados, agarró los sobres y los estrujó, los rompió y los lanzó todos juntos al Sena.
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         -¿Quieres decir que de aquí a cuatro años recibiremos a embajadores, y entonces nos acordaremos de cómo temblábamos esta noche porque venían un centenar de rufianes y viejas grullas? ¿Eh?
         Ella le tapó la boca con la mano riéndose.
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         Llegó al comedor. Estaba desierto, con todo preparado, con la gran mesa dispuesta en el centro, rebosante de carnes de caza, de pescados en gelatina, de ostras en fuentes de plata, adornada con encajes de Venecia, con las flores que enlazaban los platos, y la fruta en dos pirámides iguales. Alrededor, los veladores con cuatro o seis cubiertos donde brillaba el cristal, la porcelana fina, la plata y la plata corlada. (…)
         -¡Tú tienes la culpa, imbécil, por tu sucia vanidad, tu orgullo de pavo real, es cosa tuya!...¡El señor quiere dar bailes!¡Recibir!¡Es para desternillarse de risa! ¡Por Dios! ¿Crees que la gente no sabe quién eres, de dónde sales? ¡Nuevo rico! ¡Te la han jugado bien, eh, tus amigos, tus queridos amigos, ladrones, estafadores!
         -¡Y los tuyos, tus condes, tus marqueses, tus gigolós!
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         Estrechó a Antoinette entre sus brazos.  Dijo:
         -Eres una buena hija, Antoinette.
         Fue un segundo, un destello inaprensible mientras se cruzaban” en el camino de la vida”; una iba a llegar, y la otra a hundirse en la sombra. Pero ellas no lo sabían. Sin embargo, Antoinette repitió bajito:
         -Pobre mamá…

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EL EXTERMINIO



EL EXTERMINIO
JIM THOMPSON

27 septiembre de 1906. ANADARKO. Estados Unidos
7 abril de 1977. HOLLYWOOD. Estados Unidos

         Tan solo padecía autocompasión y egoísmo, mala intención y miedo: la necesidad de meterse con la gente desde el santuario de su cama de inválida.
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         Contarían las mismas historias. Bueno, no exactamente las mismas, supongo, porque allí la gente no estaría al corriente de lo de su padre, así que no podrían decir que Luane y su padre, pues bueno… Que yo en realidad era el hijo de Luane, en lugar de su marido. O, mejor dicho, que yo era su hijo y su marido a la vez. Pero en cualquier caso sería horrible.
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         Se revolvió un poco en el asiento, supongo que para rascarse el trasero. Se arrellanó contra el respaldo, se hurgó la nariz y pasó algo que se quedó contemplando un segundo. A continuación chasqueó los labios y fijó la mirada en el escritorio otra vez.
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         En realidad, era una buena chica. Ella misma se encargó de decírmelo. Simplemente estaba haciendo esto -¡de forma temporal, naturalmente!- porque su madre estaba enferma de gravedad- -¡la consabida madre enferma, nada menos!- y tenía dos hermanos menores a los que mantener, y su padre había muerto, y las últimas cosechas habían sido nefastas en la granja dela que procedía. Y así, ad infinitum, ad nauseam. Lo único que me ahorró fue el cuento de la vieja familia sureña, patricia pero venida a menos . Si llega a contarme ese cuento, creo que la mato de verdad.
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         Ralph no tenía previsto beneficiársela y olvidarse de ella. Y ella no estaba a su lado para sacarle dinero. Estaban enamorados -¡sencillamente enamorados!, ¡nada más ni nada menos!- Ay, qué dulzura la del amor, qué belleza y qué maravilla casi absolutas las del amor…
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         Le dije que más le valía hacer lo que le estaba diciendo. O la mataría.
         ¡Hablo en serio, por Dios! –Le di un bofetón-. ¡Te arrancaré la cabeza!¡Más te vale ser considerada conmigo, maldita zorra retrasada! ¡Más te vale ser cariñosa, putón de tres al cuarto! ¡Más te vale ser cariñosa y tierna conmigo, más te vale quererme…! ¡MALDITA SEA, QUE ME QUIERAS, HE DICHO! Si no, yo…yo…
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Como he dicho, los médicos blancos no trataban a los negros, lo que significaba que los negros no eran admitidos en los hospitales para blancos. Y los únicos hospitales que existían eran los hospitales para blancos.
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A él le importaban un rábano las ideas políticas, la religión o la raza de un hombre. El problema era que en el país seguían viviendo un sinfín de gente de mentalidad atrasada con unos prejuicios de los más estúpido –unos prejuicios vergonzosos, a su juicio-, aunque, por supuesto, tuvieran tanto derecho a albergar sus propias ideas como él las suyas.
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         -Escúcheme  -dije-. Escúcheme un momento señor Eaton. ¿Qué cosa no tiene cojones, no tiene cerebro y se traslada en camión? Selo voy a decir: un cerdo, señor Eaton. Un puerco vestido con ropa de granja.
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         Yo sólo tenía seis años, y me sentí despavorido, y creo que a la serpiente le pasó lo mismo, pues al momento intentó salir reptando de allí. Pero Lily no se lo permitió. Agarró la mortífera serpiente con las manos desnudas… ¡y la partió en dos! A continuación tiró los dos pedazos al suelo y se puso a saltar encima, mientras seguía llorando de aquella forma salvaje y demencial. Y no paró hasta que hubo destrozado a la serpiente.
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         Papá se pasaba la vida diciéndonos cosas horrorosas, algunas de las cuales no voy a olvidar nunca. Una vez dijo que tenía pensado alquilar a mamá para que la usaran como espantapájaros, aunque ello supusiera una crueldad para con los cuervos. Otra vez comento que yo parecía un saco de salvado que perdiese por abajo y estuviese a punto de volcarse.
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EL LUGAR DE UN HOMBRE


EL LUGAR DE UN HOMBRE
RAMÓN J. SENDER

3 febrero de 1901, CHALAMERA. Huesca
16 enero de 1982, SAN DIEGO. Estados Unidos


         Yo no estaba verdaderamente arrepentido porque el mayordomo me era antipático con su servilismo por don Ricardo ante quien resultaba como un perro de circo, orgulloso de su sumisa destreza.
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         Por allí pasaba dos veces cada día “la pareja”- Con los fusiles, el tricornio negro, de charol, y el correaje amarillo, la guardia civil iba dejando en el camino las huellas de sus zapatos como si con cada tacón sellara el camino con un sello judicial.
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         El sargento de la guardia civil era un hombre de gran talla (había sido soldado de caballería en el ejército) y de una estupidez llena de natural reposo. Veía delincuentes por todas partes, sobre todo entre los pobres, de quienes se mantenía prudentemente separado.. En el pueblo le temían.
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         Uno de los suplicios que había usado más a menudo en los dos primeros días era clavarle entre las uñas de los pies esquirlas de caña que afilaba lentamente uno de los guardias con un cuchillo.
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