Trujillo, Franco, y Dios




En el cementerio de El Pardo, en Madrid, (Población que a muchos de ustedes les sonará de algo) se encuentra enterrado Trujillo, para los que no lo sepan, les aclaro, Rafael Leónidas Trujillo, fue un dictador caribeño, que llevo las riendas de Santo Domingo, durante más de 30 años. Asesino implacable de miles de haitianos, y de algunos miles de paisanos también. Como buen dictador, era megalómano, excentrico, y por supuesto desequilibrado.
Instauró un régimen sanguinario apadrinado por los USA, quienes necesitaban este tipo de aliados para controlar el gobierno comunista de Fidel Castro en Cuba. En tal tesitura, Trujillo gobernó a capricho de manera anacrónica y aprovechada. Hasta que perdió el favor de los americanos, ejecutando la operación “Galíndez”. Éste fue un exiliado vasco del PNV, que primero fue acogido en Santo Domingo, y después se fue a Nueva York, donde escribió varias conferencias denunciando la dictadura de Trujillo. Esto fue más de lo que el dictador pudo aguantar, y orquestó su secuestro y posterior asesinato.
Después de esta historia, la CIA, comenzó a apoyar en secreto a grupos anti-Trujillo en Santo Domingo, grupos que acabarían por asesinarlo a tiros dentro de su coche.

Casi inmediatamente después de su asesinato, la familia del dictador, no sin antes llenarse bien la faltriquera, salía del país, rumbo a España, si a España, donde Franco los esperaba con los brazos abiertos.
En la foto que acompaña este texto, puede verse a los dos asesinos auto-emparentados con Dios, en una visita que el caribeño realizó a España años antes. Foto absolutamente preparada por la propaganda del régimen, donde casualmente unos dominicanos portan una pancarta loando a su “padre benefactor” La indumentaria de los dos asesinos lo dice todo, uno emulando a Napoleón, y el otro “generalísimo” de los 3 ejércitos y del resto de desgraciados que vivieron bajo su yugo. Una imagen esperpéntica y despreciable. En Santo Domingo, no era raro encontrarse con pancartas y luminosos donde sin pudor se escribía: Trujillo y Dios. Y recordemos que su homónimo español gustaba de pasearse bajo palio, y declaraba su país como la reserva espiritual de Europa. Sin duda que dos buenos hijos de Dios.

La caida en desgracia de uno de ellos, hizo que el otro recibiera con los brazos abiertos a su clan más íntimo. Siempre me he preguntado a cuantos dictadores y su séquito se les daría refugio en la piel de toro. Se que una rama de la familia Somoza también aterrizó en Madrid. Un sobrino-nieto suyo y yo, coincidimos en las milícias, allá por 1986.

El olvido suele ser condescendiente con los dictadores. Trujillo descansa tranquilamente en El Pardo, donde también se encuentra su hijo Ramfís (Uno de los brazos ejecutores de la dictadura) cuyo nombre atiende a otro de los gestos de megalomanía bananera de su padre, Ramfís y Radhamés que así llamaba a dos de sus hijos, eran nombres extraídos de la ópera Aida. Su hijo, como les decía, se mató en Madrid con su deportivo, cuando se dirigía a la exclusiva urbanización de “La Moraleja” donde chocó de frente con una marquesa, o duquesa, o baronesa, que para el caso es lo mismo.
Nuestro pequeño dictador ya saben donde descansa, acompañado por el fundador e ideólogo de la Falange. Pero a mí, el mejor ejemplo de “cojones mortuorios” por llamarlo de alguna forma, o de desafío después de la muerte, es la tumba de uno de los reyezuelos de Franco: El general Queipo de Llano, que ni corto ni perezoso, se hizo enterrar en Sevilla, ciudad de cuya caída durante el alzamiento fue artífice. Concretamente ante los pies de uno de los iconos religiosos de tan mariana y estulta urbe. Sus restos descansan ante la imagen de la Macarena, y estoy seguro de que más de uno y de dos, matarían antes de que se moviera de allí. Y allí sigue, donde una carcajada parece oírse retumbando por el templo, ante las caras atónitas de los turistas que se acercan a contemplar tan venerada imagen, y donde un muchacho una vez, escupió sobre la lápida en un gesto impotente y baldío de rabia y dolor.


El reverendo Yorick.

El cónclave





La puerta se cerró tras el último cardenal. En las próximas horas, el destino de una de las instituciones más poderosas de la Tierra se decidiría en aquella habitación. Los cardenales sabían que les quedaban por delante muchas horas de discusión y de tensión. Los que habían acudido al cónclave anterior sabían que éste sería diferente. La decisión histórica del Papa de dimitir, había pillado a casi todos por sorpresa. Una decisión que había provocado un temblor en los cimientos de la iglesia. Aquel maldito alemán, cuyo nombramiento había sido unánime y del que se esperaba un gobierno duro, que diera un giro a la política aperturista de su predecesor, se había desinflado como un globo, y en el último momento, con su dimisión, había sorprendido a todos con una jugada inesperada que hacía pensar en una titánica partida de ajedrez.

Una vez más, la información había cumplido su papel, revistiendo aquel asunto como un hecho más de la democratización y humanización de la iglesia El mundo católico ahora veía la decisión del Papa como algo natural y necesario. Cuan lejos estaban de conocer el alcance de aquella aparente “humana decisión”
El poder del vaticano, ahora representado en aquella sala, no podía permitir que aquella sensación de flaqueza se volviera a repetir. Era en lo único en lo que estaban todos de acuerdo, por lo demás, las diferentes facciones de la institución tenían sus candidatos favoritos y no renunciarían a él tan fácilmente. Se preveía un cónclave duro y discutido. Todos sabían lo que se jugaban allí.

El resto del mundo estaría pendiente en las siguientes horas de la decisión que se tomara en aquella habitación. Los católicos por su parte, dormían el sueño de la sumisión, a sabiendas de la felicidad que les supondría en nombramiento de su nuevo guía espiritual. Ellos acatarían la decisión de la cúpula de la iglesia con la inamovible fe en que esta era la correcta.
Inevitablemente, todos los países del mundo estaban atentos a la chimenea instalada en el techo de la capilla. Lo que allí se decidiera, era demasiado importante como para dejar a nadie indiferente.
Las horas pasaban despacio para muchos, estas desembocaban en días, y la chimenea continuaba dormida. Las imágenes de aquel tubo, se mostraban continuamente en los informativos de todo el mundo. Aquel estaba siendo un cónclave demasiado largo.

A la semana, el mundo se despertó con una noticia que cambiaría el curso de la historia, si no lo había hecho ya.
Un portavoz del vaticano, con la cara descompuesta y midiendo sus palabras una a una, como si pronunciar cada una de estas le costara un esfuerzo enorme, comunicó al mundo que el anticristo había llegado. El revuelo que se montó en la sala de prensa fue tal, que hubo que cortar la emisión durante veinte minutos. A la reanudación de la misma, el obispo comenzó a narrar. Dijo que la discusión en la capilla era tan fuerte, que incluso se oía a través de las puertas. Que ayer por la tarde, esa discusión llegó a su clímax, que se empezaron a oír, fuertes gritos, maldiciones, chillidos y golpes fortísimos, y que cuando el servicio acudió para llevarles un refrigerio, las puertas no pudieron abrirse. Estas habían sido bloqueadas desde dentro. El escándalo que se oía tras ellas no parecían augurar nada bueno. Fuera de la sala, obispos, cardenales, y mandatarios eclesiásticos se agolpaban sin saber que hacer. Sobre las dos de la mañana cesó el tumulto, de repente dejó de oírse ningún ruido. Fuera de la sala, todos pensaron que los cardenales se habían tomado un descanso, y decidieron retirarse hasta el día siguiente advirtiendo a la guardia que avisara antes cualquier cambio.
A la mañana siguiente, el servicio intentó de nuevo acceder a la sala, con un desayuno humeante. Esta continuaba cerrada. Así que comenzaron a llamar a la puerta, a los veinte minutos, estaban aporreando todas las puertas de la capilla, sin recibir ninguna respuesta. Los mandatarios del vaticano decidieron ordenar a la guardia que accedieran a la capilla.

Cuando lograron acceder a la sala, la escena que presenciaron los hizo estremecerse. Todos los obispos estaban muertos. Unos sobre otros, mordiéndose, con los ojos sacados y tripas y sangre por todas partes. El cuadro formado en el suelo, contrastaba con las pinturas del techo de la sixtina. Un ruido seco se oía débilmente al fondo de la sala, al acercarse los guardias, comprobaron que un cardenal agonizante, aun se ensañaba en golpear la cabeza de otro contra el suelo, al ver a los guardias, sin soltar a su presa, abrió los ojos de forma enloquecida y luego murió.

Los mandatarios de la iglesia, conscientes de lo que había ocurrido allí dentro, y viendo peligrar su falsa religión, no tuvieron más remedio que utilizar viejas profecías para anunciar que el mundo había comenzado el principio del fin. Avisados en secreto los dueños del mundo, estos, ya vislumbraban otra guerra mundial, que les devolviera el poder en nombre de Dios, y así someter a los supervivientes a una nueva servidumbre que corrigiera errores del pasado.
Nuevamente en nombre de la mayor mentira de la historia, correría la sangre. Esta vez, de un modo obsceno el planeta sería reeducado en nombre de Dios. La miserable verdad de lo ocurrido durante el cónclave sería silenciada para siempre, ante los testigos mudos de las pinturas de Miguel Ángel.


El reverendo Yorick.

el idiota


el idiota reviste su existencia conquistando derechos
siendo el rey de los despojos allá donde habita
en la mísera soledad de la auto-complacencia

allí abandona los menguados restos de su amago de inteligencia
bajo el aplauso de sus congéneres
se proclama rey de los necios
emanando humores podridos

de esta forma su enfermedad se extiende por el mundo
infectando al descuidado
arrastrando existencias comunes
al pozo de la imbecilidad





Rafa Becerra





“En la vida hay que seguir el camino recto”



En la vida hay que seguir el camino recto”
Menuda chorrada de frase. Quién puede seguir el camino recto... Solo aquel que ha nacido predestinado para algo, cuya vida está absolutamente controlada y medida al más mínimo detalle. En ese caso no hay duda, como dice la canción: -Si fuera recta la vía no descarrilaría el vagón-
El resto de los mortales, los que más o menos no tenemos la vida muy resuelta, andamos tropezando constantemente, vamos como si atravesáramos una selva, poco más o menos, es decir, que cada vez que intentas ir recto, te encuentras un matojo, el tronco de un árbol, un torrente, o un barranco insalvable. Ante cada uno de esos obstáculos se te presenta el problema de elegir, si seguir por la izquierda, o continuar por la derecha, o dar la vuelta... Una de estas vías, es la adecuada, no dar con ella, supone meterse en un problema mayor, o encontrar otra encrucijada. Pues en la vida, como todo el mundo sabe, menos los del camino recto. Esto es lo habitual, cada paso que das, es una nueva decisión que debes tomar, y no está en tu mano acertar o equivocarte, pues no siempre las cosas son fáciles.
Ante estos problemas, muchos deciden tirar por la vía fácil, e intentan encontrar un mentor que los ilumine y los guie por el camino recto, despreciando así, su libre albedrío, o lo que es lo mismo, convirtiéndose en una suerte de esclavo o marioneta en manos de otros, que los convencerán de que lo que hacen bajo su batuta es lo correcto. Con el tiempo, este modo de servilismo se les enquista tanto en su persona, que literalmente dejan de serlo. Para transformarse en unos voceras defensores y fundamentalistas de su credo particular, al que se habrán abonado de por vida, arrastrando de camino a sus familias. Y enfrentándose de paso, a los que encuentran en su camino, y tienen la osadía, o el despiste, de pensar diferente. Y aquí, es donde la cosa se pone seria, y donde comienzan las hostias. Como probablemente, los otros, tampoco se queden cortos, defendiendo su derecho a ser diferentes, pues ya tenemos en su esencia, lo que nos suele ocurrir a los seres “racionales” Esos, que piden raciones en los bares...
El resto de habitantes del planeta, que están fuera del juego, pues, no pintan nada, y tienen que aguantar con resignación, lo que los señores de dos patas dispongan: Que incendiamos la ciudad de aquellos que me han mirado mal....pues vamos allá. Que te tiramos una bomba...pues que le vamos ha hacer.
Y así, enfrentados constantemente se nos va pasando el tiempo, se nos agria la sangre, y se nos envenena el aliento. Dispuestos siempre a matar al primero que nos tosa. Llegados a este punto, ya da igual, que sea de los del camino recto, que los del torcido. Pues siempre habrá ya una excusa para intentar quitar de enmedio al que es diferente, ya sean razones de corte político, religioso, o simplemente humano.

Yorick.

¿La parte de quien...?



En el pueblo donde vivo, tenemos la suerte de disponer de un flamante cine. Estuvo cerrado mucho tiempo, pero un grupo de chavales jóvenes se han lanzado al vacío, y se han hecho cargo del mismo. Aunque la mayoría de las películas proyectadas son comerciales, visitar este cine es como viajar en el tiempo rumbo a la infancia: Este es un cine en el que se aplaude cuando el bueno gana a los malos.
Los gestores del mismo, a pesar de como esta el mercado cinematográfico, tienden a tener detalles más cinéfilos, de vez en cuando proyectan algún corto, o cuando la película es más seria, ofrecen una sesión en versión original.
Además, antes de comenzar las proyecciones, siempre hay música en directo tras la pantalla, creando un bonito efecto de luces y sombras.

Hace unos días proyectaron la última cinta de Ken Loach: -la parte de los ángeles- Así que me acerque a verla. Como era de esperar, el público joven, habitual de las sesiones del sábado por la noche, no acudió. Sin embargo si que había una colección de personas un tanto particulares. Es curioso como los pueblos más pequeños, ya son un reflejo fiel de la macro ciudad más grande. El cine esa noche estaba lleno de personas de las que hace unos años podrían llamarse de clase media-alta, profesores, administrativos, etc Funcionarios casi en su totalidad, a juzgar por las conversaciones que pille al vuelo. Matrimonios cincuentones, o solteros y solteras cincuentones o más. Había toda una colección de peinados mechados, abrigos, dedos pomposamente anillados, bufandas, zapatos elegantes, gafas doradas, etc.

El cine de Ken Loach supongo lo conocen, películas sociales cuyo poso hay que buscarlo siempre en ambientes de exclusión y marginalidad. Sus personajes, arrastrados por sus circunstancias luchan hasta la muerte con una vida que es la selva misma. En este caso la historia se basa en unos muchachos condenados a hacer trabajos sociales, como última oportunidad de librarles de la cárcel. Uno de sus monitores trata de ayudarlos, y ellos al final mediante una fechoría consiguen que sus vidas cambie. Desgraciadamente, el dinero siempre está por medio.

Pero no es una crítica de la película lo que quiero hacer aquí, sino más bien algunas reflexiones sobre la realidad y la ficción. Ya les he hablado antes del publico de la sala, y sobre ellos y la sociedad en general va mi reflexión. Verán durante toda la proyección, no se dejaron de oír risas ante cada comentario, taco, escena soez o trágica de los protagonistas del film. No deja de tener gracia que el tipo de cine que hace disfrutar a estas personas, esté basado en lo peor que una sociedad genera. Que simpaticen  con seres anónimos que pelean por una vida mejor. Y que luego , en la realidad diaria de su mundo, estas mismas personas sean odiadas, repudiadas, marginadas y excluidas.
Este público que asiste a estas proyecciones, es por naturaleza racista y fascista y no consentirían por nada del mundo que alguna de esas personas reales, que se parecen a las de ficción se acercara ni por asomo a sus vidas, poniendo en riesgo sus privilegios sociales. Sin embargo una tendencia al “voyeurismo” los hace asomarse a la pantalla en busca de la vida descarnada que ellos están lejos de vivir.
Decía Sartre que uno de los encantos que produce en el snob la compra de artesanía, o de cualquier producto manufacturado bajo el umbral de la pobreza, es saber que estos objetos están hechos en condiciones de trabajo pésimas, que hay horas de vida por un salario miserable, y sudor de los desgraciados que se dejan la vida en la creación de tan bellos objetos, y esto es lo que atrae como a una mosca una pastel a público tan selecto: el morbo que da el poder.
Hace ya unos cuantos años, cuando vivía en Madrid, tenía una pareja de amigos a los que veía de vez en cuando. Una vez, comiendo en su casa, Ángeles, que así se llamaba ella, me preguntó si había visto la película Barrio. Le dije que no, me la recomendó de inmediato, con la certeza que da el saber algo sobre una persona me dijo:A ti te gustará. Ella sabía que yo conocía bien todos esos barrios marginales, vivía en uno de ellos y venía de estar en otros. Me contó algo que costaba de creer, ella era originaria de Burgos, y me dijo que fue allí donde vio la película, y que sus amigas que la acompañaron al cine, no daban crédito de lo que allí vieron, y que no se creían que pudieran existir sitios así. Me dijo que en Burgos, en aquellos primeros años 90, ni siquiera había pobres por la calle. Yo no daba crédito.
La realidad siempre supera a la ficción. Y el hecho de que ignoremos el mundo que nos rodea, para sumergirnos en películas que cuentan historias, que a veces nada tienen que ver con la realidad, es preocupante. No hace falta ir al cine para saber que hay personas que llevan su destino, no digo escrito, sino bordado en su frente. Que sus vidas están condenadas a una lucha diaria, con un mundo que los quiere devorar.
A veces lo bueno que tienen las crisis mundiales es que pasan su regla, rasando los niveles. Y esto es una enseñanza,que parece que nunca aprenderemos a aplicar, y una y otra vez, pisaremos a alguien para colocarnos nosotros en mejor posición.

El reverendo Yorick.

EL DEDO EN EL CULO




Y no fue el proctólogo quien se lo metió precisamente. Fue en la aduana de un país del llamado Tercer Mundo. Esa acción fue el detonante que hizo que una señora normal , como ella se definió, tomara conciencia de su pertenencia a la humilde clase de los mortales. Airada, lo relataba en una emisora valenciana. ¡A ella, a una persona NORMAL! Creía la señorona que ella pertenecía a la excelsa y excelente clase superior y, por tanto, destinada a cohabitar con los dioses del Olimpo.
¡Jolin! (*) Esto me suena a aquellos judíos, NORMALES, que veían bien y hasta con cierto gozo cuando los nazis comenzaron a deportar a los judíos NO-NORMALES, o de baja estofa. Cuantos más de ellos se llevaban, más NORMALES se sentían éstos.
Esto viene a cuento de que estos días he tenido la oportunidad de escuchar dos conversaciones entre bancarias en sendas oficinas distintas. Versaban sobre sus inquietudes acerca de sus amenazados puestos de trabajo, debido a los mal llamados recortes. Coinciden estas conversaciones con la llamada de los sindicatos bancarios a manifestarse y a la huelga convocada para el próximo día 6 de febrero.
¡Jolines! (**) Me dije, ¿asisto a los prolegómenos del Armagedón? ¡Los bancarios en lucha! ¿Comienza así el anunciado fin del mundo? Quién les iba a decir a ellos que se verían en esta tesitura. Como vulgares trabajadores, berreando por las calles, temerosos de perder su segura vida muelle.
Los bancarios, como otros sectores laborales han vivido al margen de las inquietudes sociales. Ellos eran intocables. En su nube se han olvidado de los otros - que son ellos-, incluso han llegado ha denostarlos cuando una manifestación ha interrumpido por unos minutos su viaje a casa y les han hecho perder los primeros cinco minutos del partido equis, y han estado tentados de arremeter contra los manifestantes. También son de los que, desde su esnobismo, han solucionado todos los problemas que aquejan a la Patria echando mano de lugares comunes y frases previsibles de la estupidez ambiente: “Yo, eso lo arreglaba en un pis-pás. Cogía a los…”; “Lo que hace falta es mano dura”; “Si no los hubieran dejado entrar…”; “Porque, nano, yo lo tengo claro”; “Si el director me dice que tengo que vender Preferentes, yo las vendo, lo tengo claro”…
Es triste que, la mal llamada, Crisis –SAQUEO DE ESTADO- haya sido la que ha conseguido que muchos tomen conciencia. Quizás ahora, por fuerza, conozcan el significado de términos olvidados por muchos, como COMPASIÓN, COMPAÑERISMO, PARTICIPACIÓN, SOLIDARIDAD y APOYO MUTUO. Tan opuestos a los que tanto gustan al Poder : EGOÍSMO E INDIVIDUALISMO.
Palabras que en estos momentos cobran todo su significado. En este tiempo en el que ESTADO-CAPITAL se muestra descarnadamente, sin máscara, tal como es, como siempre ha sido: el enemigo natural del pueblo. Necesaria solidaridad y participación y apoyo mutuo porque, como se ha demostrado, cuando hacemos causa común con los intereses de Estado, perdemos todos los derechos a reclamarnos pueblo, a llamarnos ciudadanos de pleno derecho. Solo en la lucha constante ante CAPITAL-ESTADO, recobramos nuestra naturaleza y dignidad de clase, nuestro sitio, ahora usurpado.

(*) La interjección puede ser cambiada por ¡Cagondios veinte mil pares de veces! o, si se quiere, por ¡Cáspita!
(**) Esta vez mudo el exabrupto por ¡Copón bendito! Tacos más gordos diría, acordes con la época que nos están haciendo vivir, pero contengo mi pertinaz coprolalia por el prurito que me produce siempre la posibilidad de herir sensibilidades. Amén de que nos encontramos en horario infantil.
¡Ah! Y no te olvides de P.P.P., el héroe de Olot. Gran pueblo.

EL BOBO DE KORIA

Tumores

En los últimos años no es nada difícil encontrarse con personas que afirman haber padecido o padecer un cáncer. Desgraciadamente, en muchos de estos casos, es cierto. Y estas personas u otras allegadas a ellos padecen la incertidumbre de un tipo de enfermedad, que en la mayoría de los casos es fatal. Pero aparte de esta terrible realidad de nuestro tiempo, se colocan unos individuos, que una vez avisados por su médico de que la dolencia que padecen, podría estar encuadrada dentro de ese extenso mundo de los tumores, ni corto ni perezoso, se dedican a utilizar ese mal -menor, por supuesto- para dar pena por todas partes, amparados por una palabra que dicha donde sea, provoca en quien la oye,  una atención inmediata, un rezo interior, o un escalofrío en la espalda: Cáncer.
El afortunado poseedor de un buen puñado de células revoltosas, extenderá sobre el infeliz de turno, toda su parafernalia llorosa, con el único propósito de ser victimizado y compadecido.
¿Y a que se debe este comportamiento?
Yo creo que esto no es más que una necesidad desesperada de sentirse escuchado por alguien, aderezado además por una extraña manía de muchas personas de tener un macabro sentido del protagonismo.
Y luego esta la otra parte, la medicina en general, y la farmacéutica en particular. El miedo que provocan estas patologías en la población, son explotadas por laboratorios y hospitales, la expansión de ese miedo beneficia su lucrativo negocio.
Solo falta el tratamiento que los medios dan a este grupo de enfermedades, que hasta el tío más villano del mundo merece ser compadecido si cae en las redes de sus células traviesas. Así, vemos a políticos, actores, y toda clase de lacra humana televisiva, adornados con adjetivos tan loables como: Valientes, luchadores, tenaces, voluntariosos, perseverantes... Total, no les queda otra.
A no ser que aceptaran la mutación física de la que son presa y se fueran al otro barrio calladitos, y sin alborotar.
Desgraciadamente no es así, y se convierten en héroes de esa mancomunidad de buenas intenciones llamada: "Lucha contra el Cáncer" que se viene a sumar a las miles de luchas por otras tantas enfermedades VIP. cuya existencia, en un campo de refugiados de Somalia nadie conoce. Allí, suelen pelear por otras menudencias más vulgares, tales como el hambre, la gripe, la tuberculosis, el tétanos, etc.

Por lo que, a riesgo de parecer un cabrón, cada vez que un imbécil me viene contando que le han extirpado un cáncer, cuando le han quitado una verruga, un bultito de grasa, o alguna otra gilipollez, lo primero que se me viene a la cabeza, es decirle: que ojalá no hubiera reventado de su puto cáncer para dejar de aguantarle al fin.

Nuestro cuerpo envejece, con él, todas las células que lo forman, alimentadas encima con cientos de sustancias venenosas que ingerimos a diario. El pienso prefabricado que comemos, el aire que respiramos, el agua que bebemos, todo es adulterado y aderezado por sustancias nocivas para nuestro organismo. Los que las ponen ahí, son los mismos que luego nos compadecen y nos ofrecen sus tratamientos milagrosos y sus lagrimitas compasivas.
Sin ver nada de esto, ni intentar poner remedio, nosotros colaboramos con ellos, alimentando el cáncer más peligroso para una sociedad: La estupidez.

Yorick.








Las feministas quieren que haiga igual número de guardias cerriles que de guardias cerrilas. Todo sea por la discriminación positiva y, por la patria.

La familia es un accidente.

En Valencia tenemos el auténtico cáliz de la última cena. Lo que nunca se cuenta es que el Cristo, dejó a deber los carajillos que se tomaron los apóstoles.

Mamografía, qué palabra tan obscena, ¿verdad?

Si lo de la llamada CRISIS –BANDIDAJE ESTATAL-, tiene algo de bueno es que esos cretinos y cretinas que habían empezado a mear a más altura de la de sus agujeros, ahora no tendrán más remedio que adaptar sus chuminos y pijos a la altura correspondiente...


De la crisis de 1929 a ésta, hay una diferencia considerable: los especuladores de ahora, no se suicidan arrojándose por las ventanas. Creo que deberíamos ayudarles a dar el salto o, ... a fusilarlos. Derraman menos sangre y manchan menos.

El toro “Islero” aún espera el merecido homenaje por el ajusticiamiento de Manolete.

El Mercado Libre y Liberal quiere la libertad... de rapiña. Que Estado no se entrometa en sus robos. Pero cuando coge un bache, se echa en los brazos de papá Estado y pide policía y Ejército y saqueo del erario público: ROBO A LOS SÚBDITOS.

Según los empresarios, la crisis se solucionaría si no tuvieran que pagar a los trabajadores.
La verdad es que tienen razón...

No hay nada que haga más feliz a un cretino que le cuentes todas tus desgracias, reales y ficticias. Le alegras el día. Eso se llama piedad.

SAN AGUSTÍN: ¡QUÉ NOMBRE MÁS ERÓTICO!

Ese terrible NECIONALISMO.

¿Cuándo veremos subir al patíbulo a don EMILIO BOTÍN?

En vez de las dudas, le asaltaban las deudas.

EL BOBO DE KORIA

Historias del Facebook. O una verificación del libro: "El laberinto Español" de Gerald Brenan.



Esta historia comenzó hace muchos años. En ella un adolescente se enfrentaba a los exámenes finales del último curso de la E.G.B. Para cualquier otro, esto sería algo normal, pero para aquel niño, al que podríamos llamar Miguel, el asunto tenía trazas bastante dramáticas. El muchacho era repetidor, y su padre le había amenazado durante todo el curso de lo que le ocurriría si suspendía nuevamente.
Para Miguel no eran exámenes normales, soportaba una fuerte presión, y a saber como interpretaba las amenazas de su padre. Hizo todas las pruebas y se enfrentó a su bestia negra: Las matemáticas.
Y aquí, es donde entra el otro protagonista de la historia, un profesor llamado Juan José Belicoso, apellido que no le hacía ningún honor, pues era un hombre amable y pacífico. Pertenecía a esa generación de profesores que intentaban alejarse de la sombra del franquismo a paso rápido. Era el tutor de Miguel, y su mentor en matemáticas.

A las dos semanas se entregaron las notas. Miguel acudió pensativo y temeroso dudando de sus capacidades, al llegar al colegio, la voz bramante de su tutor le llamaba por un pasillo: -Miguel ¿Cómo estas? Acompañame al despacho que quiero hablar contigo. La cara de Miguel era un poema, parecía que se dirigía al matadero. Al cerrarse la puerta tras él, Juan José Belicoso le invito a sentarse y luego comenzó a hablar. - Bien Miguel, aquí tengo tus notas, has aprobado todas menos matemáticas, donde tu calificación no pasa de un 4,5. La cara de Miguel se descomponía por momentos, su imaginación le auguraba una muerte segura en manos de su padre. El profesor seguía hablando: -He estudiado tu situación...y he decidido aprobarte la asignatura. Se que te has esforzado durante el año, no me has dado problemas en clase, y has sido puntual, además de no faltar ni una sola vez, y de esforzarte al cien por cien, en una asignatura en la que tienes dificultades. La cabeza del muchacho era un hervidero de sentimientos hacía aquel hombre y lo que le estaba diciendo: gratitud, admiración, cariño. Nunca antes ningún profesor había hecho nada parecido por él. Sus años escolares habían sido como una pesadilla sufrida en silencio. Y aquel hombre ¿Quién era? ¿De dónde había salido? Muchas preguntas se hacía el chico, que esperaba una reprimenda, una humillación más en aquel despacho. Toda su gratitud, todo lo que hubiera querido decir a aquel hombre y no pudo articular  más que un tímido -gracias-
Demasiado para un adolescente. Miguel abandonó el colegio con su boletín de notas. Ya no tendría que volver allí. Otra cosa le esperaba, y su padre ya no lo mataría, ni se lo comería, ni nada parecido.

Después Miguel estudió en un instituto, no acabo sus estudios, perdió el miedo a su padre, y abandonó aquel pueblo para siempre. Viajó, tuvo muchos trabajos, conoció muchas ciudades, muchas personas pasaron por su vida, se formó por otros caminos y acumuló muchas vivencias y experiencias. Pero estuviera donde estuviera, nunca olvidó a su profesor de matemáticas, y el gesto que éste tuvo para con él.

Hasta que más o menos en la actualidad, explorando en una red social en internet, se le ocurrió teclear el nombre de su querido profesor. Y...¡sorpresa! Allí estaba, en una fotografía de frente, mucho más envejecido, jubilado y con sus grandes gafas de miope. Miguel emocionado inspeccionó su muro, sabía que muchos años atrás Juan José Belicoso fue concejal en el ayuntamiento de su pueblo por la coalición Izquierda Unida. Le sabía comunista, y a juzgar por lo que leía en su muro, su espíritu político seguía en marcha: Juan José Belicoso era un demócrata indignado, crítico y entusiasta.
Miguel tuvo una sombra de preocupación, pero no pudo prever lo que estaba a punto de pasar.
Miguel era anarquista. Un libertario consecuente que no ocultaba su ideario político. Así que suponía que su combativo muro contra las instituciones, la falsa democracia, y el vasallaje regio, no supondrían un impedimento para iniciar una amistad virtual con su viejo profesor, que desembocara a su vez en un encuentro de verdad.

Preparó su mensaje con cariño, con humildad y con los mejores deseos de amistad, y se lo envió a su querido profesor.

Pasaron los días y la respuesta no llegaba, pasaron unas semanas y tampoco ocurrió nada. ¿Pudiera ser que el mensaje no hubiera llegado? Miguel no sabía que pensar, pues estaba claro que Juan José Belicoso seguía entrando con regularidad en la red social.
Miguel volvió a intentarlo y envió un nuevo mensaje conciliador, sincero y amistoso. Volvió a ocurrir lo mismo. Pasó el tiempo y no hubo respuesta. Estaba claro que los mensajes habían llegado, que la falta de respuesta era intencionada.

Miguel, entristecido abandonó, y no volvió a enviar ningún mensaje. Durante unos meses no pensó en el asunto, más bien, trató de no hacerse mala sangre con lo ocurrido. Pero un día, de nuevo en la red social, Miguel descubrió que Juan José Belicoso se había hecho amigo de un conocido suyo, íntimo de su hermano. Este conocido utilizaba la red social sin pretensiones, hablaba de películas fantasiosas, de libros de rol, de hechiceros y cosas así. Y sin embargo, el profesor había aceptado su amistad sin dudarlo ¿Qué pasaba aquí? se preguntó Miguel.
Nuevamente sondeó el muro de Juan José Belicoso. Y mentalmente, el suyo propio. Los dos eran comprometidos, pero de forma distinta: Su profesor manifestaba críticas contra sus gobernantes, pero sin dejar de creer en las instituciones democráticas bajo cuyo yugo vivía. Miguel por el contrario creía que era esa falsa democracia y sus artífices, el problema mayor de todos los hombres y mujeres que vivían y aceptaban su yugo. Como buen anarquista creía en el comunismo libertario, y en una estructura de poder descentralizada y horizontal.
En ese instante Miguel entendió el silencio de su profesor. Se le vino a la cabeza un libro que había leído sobre los prolegómenos de la guerra civil española: El laberinto español, de Gerald Brenan, y subtitulado: Antecedentes sociales y políticos de la guerra civil.
En el libro, el autor hace hincapié en las diferentes idiosincrasias que habitan en la península ibérica y en la importancia de estas, bañadas en diferentes ideologías políticas, antes, y durante la guerra civil. -Y después- pensaba Miguel, pues lo que su profesor parecía demostrar era una incapacidad para aceptar a alguien que pensara de forma diferente, y que esto le supusiera un obstáculo insalvable, para una sincera amistad. Este problema, no lo tenía Miguel, para quien una amistad, basada en el respeto, podría romper cualquier escollo, y dar de paso unas buenas conversaciones, donde estar dispuesto a entender al otro.

Quién sabe, si en el fondo, toda esta historia es mucho más sencilla, si en un encuentro fortuito entre los dos, el temor de uno, y el rencor de otro desaparecerían instantaneamente.
Desgraciadamente, ese encuentro no se ha producido, y por el momento no parece posible. Gana así de nuevo la intolerancia, y se pone de actualidad un pasado que nadie debería olvidar.

el reverendo Yorick.

EL CAGANER


¡Qué tiempos! Los recortes llegan a la Iglesia. No, no los del presupuesto millonario que nuestro Estado les regala tan graciosamente todos los años y pagamos, desgraciadamente, todos los españoles.
Como no les alcanzaba para el mantenimiento del Limbo, lo desmontaron de un plumazo. A sus funcionarios los recolocaron en el Cielo y Purgatorio. De paso, cara a la clientela, cada día más mermada,  daban la sensación de apertura y renovación.
Por si esto fuese poco, el Comercial del Vaticano borra del belén a la mula y el buey y convierte a los Reyes Magos de Oriente en magos andaluces ¡Olé!
Lo que no cuenta el Vaticano son los verdaderos motivos que le han llevado a tomar estas decisiones. La primera es que en el belén no podían coexistir dos cornudos: el buey y san José. Como tampoco dos mulas: el animal híbrido y obcecado y la Virgen que, terca como el animal cuadrúpedo y a pesar de la palmaria evidencia del Niño, seguía manteniendo que era virgen.
La guinda la pone S. S. cuando asegura que los Reyes Magos no eran de Oriente sino de Andalucía y que en vez de oro, incienso y mirra, al Niño le llevaron un jamón de Jabugo, una guitarra y una botella de moriles. Son pequeños cambios para mantener la clientela, aunque sigue -la Iglesia- de espaldas a una realidad que la va desplazando día a día y relegándola al mundo del que viene: la mitología.
¿Estos pequeños pasos la llevarán un día a reconocer que el tinglado que tienen montado es todo una enorme falsa que ya ha durado demasiado tiempo?
Aunque este decisivo paso no lo den nunca, existe en nuestros belenes un personaje que representa el escepticismo y el descreimiento de una forma muy directa, gráfica y patente: EL CAGANER, la figura que con su acto, muy humano, se caga en toda la representación. Amén.

EL BOBO DE KORIA