Introducción a La Armonía o la escuela en el campo


Introducción a La Armonía o la escuela en el campo

Una experiencia de Higinio Noja Ruiz

En los inmensos espacios del olvido se agitan las sombras de todo aquello que en otro tiempo proporcionó en nuestro país unas parcelas de libertad, un instrumento de agitación y una útil manera de dedicar una parte de la energía a luchar por un mundo distinto.
Son los espacios de la Utopía, recorridos incesantemente por individuos entregados de modo absoluto a la consecución de un ideal, al que ningún ser humano, digno de tal nombre, daría la espalda. Pero la memoria histórica sólo recupera el reverso, la negación, la falsedad del acontecimiento; únicamente los hábiles costurones realizados por los cirujanos de la historia proporcionan verosimilitud a ese entramado de hechos sin actores o a esos actores sin escena. Los auténticos protagonistas de cualquier historia son generalmente encerrados bajo la denominación genérica de «pueblo», «masa» o a lo sumo, mostrándose muy condescendientes, «utópicos», «idealistas», «quiméricos», etc.
La aparente sabiduría que sobre una época proporciona a los historiadores la distancia temporal con la que se la analiza, provoca que éstos expresen en muchas ocasiones comentarios conmiserativos y en general prepotentes. Su posicionamiento en un nivel superior, siempre equivocado, no ayuda precisamente a valorar correctamente las posibilidades de la acción social en un hecho concreto, un período o una época. Es difícil encontrar un historiador que trate de superar estos prejuicios historicistas colocándose en un plano de contingencia con respecto al período estudiado. Estos juicios, carentes casi siempre de fundamento, son aún más evidentes en los estudios dedicados al anarquismo español, el cual tuvo la «desgracia» de convertirse en la fuerza revolucionaria más importante en este país hasta el desastre del 39.
Pero, además, el movimiento anarquista en la «Región Española» recuperó y desarrolló ―desde sus inicios― una cultura popular de larga tradición en nuestro país. Por sus especiales características, estuvo en disposición de llevar a sus últimas consecuencias toda una serie de actividades creativas no mediatizadas por el poder o las instituciones oficiales.
Sin embargo, el hecho de que toda esta actividad creadora se moviera en torno y estuviera auspiciada por un movimiento de amplio carácter revolucionario, no dispuesto en ningún momento a compromisos políticos de ninguna especie, hizo que aquella fuera tratada con el mismo rigor represivo que éste.
Filósofos, teóricos, ensayistas, poetas, novelistas y, en fin, toda una pléyade de escritores de toda especie florecieron en torno a los grupos anarquistas, Centros de Estudios Sociales, Ateneos Libertarios, sindicatos, etc.
Hoy tenemos la urgente necesidad de preguntarnos qué nos queda de todo aquello, cuáles han sido los resultados que ha proporcionado la lucha incesante que durante más de setenta años desplegó el movimiento anarquista para acabar con el régimen de explotación capitalista.
Ciertamente no todo ha quedado sepultado en el olvido. A pesar de todos los esfuerzos realizados para borrar de la memoria histórica la parte más constructiva del movimiento obrero en este país, han quedado como una impronta indeleble sus conquistas revolucionarias, que supusieron ―y en esto sí que parecen ponerse de acuerdo algunos historiadores― un avance considerable hacia la realización de una sociedad autogestionada, logros que no han podido ser superados hasta ahora por ningún otro movimiento revolucionario.
No obstante, tengo la desagradable impresión que en estos últimos quince años el movimiento anarquista se ha dedicado a derrochar alegremente la rica herencia cultural recibida de aquellos que nos precedieron. Como dije antes, hay hechos que no pueden ser borrados; pero por ello mismo pueden ser reducidos a estereotipos integrados en lo espectacular, con lo cual pasan directamente a formar parte de la mitología, dejando al mismo tiempo de ser útiles a los propósitos de una recuperación y asimilación revolucionaria de los mismos integrándolos en nuestra vida cotidiana.
Es bien cierto, y pienso que nadie puede ponerlo en duda, que hoy la comunicación social tiene absoluta necesidad de la masificación de los individuos o colectivos a los cuales va dirigida. De este modo se alcanza un completo éxito en los propósitos de los que propugnan en la actualidad la comunicación a través del espectáculo. También es cierto que el anarquismo ha conseguido éxitos fulgurantes en esa misma línea. No obstante, mientras que a los propósitos de la comunicación espectacular centrada en las masas, lo importante es precisamente la falta de consistencia de este sistema; a los propósitos de un movimiento como el anarquista el brillo fugaz le es ajeno y sus aspiraciones son justamente las contrarias, la comunicación de los individuos o colectivos conscientes de sí, la cual es extraña por completo a lo espectacular.
Una de las líneas básicas que se siguen para el vaciado de todo contenido revolucionario en las proposiciones de cualquier movimiento de contestación social, consiste precisamente en privarlo de la poesía que en su momento le proporcionó vida. Si en nuestro país el anarquismo adquirió tan rápido protagonismo fue precisamente porque era poesía en acción; todo el substrato que dicha ideología proporcionaba y recuperaba, regeneraba constantemente las bases sociales que se nutrían del mismo. Esto explica que pudiera resistir a las continuas embestidas a que era sometido por los poderes constituidos.
En la actualidad esa poesía ha sido aplastada por lo prosaico; es difícil encontrar entusiasmo por cosas que no estén mediatizadas; en esta época de sometimiento absoluto del individuo a la voluntad del Estado, es precisamente cuando más conmueve la trágica ilusión de ser cada uno de nosotros los protagonistas de nuestra propia historia.
Este fermento cultural que dio vida al anarquismo es el que habría que recuperar adaptándolo lógicamente a los condicionantes sociales que hoy nos son impuestos. Y este substrato estuvo alimentado por gentes de las que nunca se podrá escribir nada grandioso, porque lo grandioso estaba precisamente integrado en su cotidianeidad. Las hazañas de los grandes héroes anarquistas fueron posibles gracias a la labor callada de miles de hombres y mujeres que día a día los apoyaban con su esfuerzo y posibilitaban su acción.
Y si nosotros, sus supuestos herederos, no somos capaces de reconocerlo y nos dedicamos a sepultar nuestros logros más preciados ―que son, como se habrá lógicamente entendido, todo ese amplio potencial de hombres y mujeres dispuestos a luchar y a morir por una idea de transformación social revolucionaria― bajo los falsos oropeles de grandes hazañas de dudosos resultados, estaremos contribuyendo, conscientes o no, a convertir el anarquismo en una ideología política más, que puede ser motivo de gran admiración para los observadores, pero que poco nos podrá servir a los fines que en un principio se propusieron sus pioneros.
Pero si nada espectacular se puede decir de ellos, sí en cambio se pueden rescatar esos pequeños actos que conforman en definitiva la voluntad de un individuo, grupo o colectividad por llevar a la práctica sus aspiraciones de transformación social. Este libro, al que estas breves líneas pretenden servir de introducción, es una pequeña muestra de lo que vengo diciendo.
Se trata de la experiencia pedagógica de un maestro de escuela racionalista que se toma muy en serio su labor, ya que en su opinión este ejercicio representa lo más sublime en el conjunto de lo social. Esto resulta comprensible si nos colocamos en su óptica y procuramos seguir el hilo de su pensamiento.
Como ya es de todos conocido, la pedagogía racionalista se introduce en España de la mano de Francisco Ferrer y Guardia con la fundación en Barcelona de la Escuela Moderna en 1901 . Su asesinato judicial en octubre de 1909, no sólo no supuso el fracaso de las escuelas racionalistas, sino que éstas se extendieron por todo el país como una mancha de aceite, auspiciadas ―como es lógico suponer― por las organizaciones anarquistas.
No es nuestro propósito hacer un balance de los resultados de este tipo de educación, ni tan siquiera cuestionar la validez de la educación en general, tan sólo señalaré dos características de la enseñanza racionalista que la diferencian profundamente de la tradicional: su total independencia de las instituciones estatales y eclesiásticas y, lo que es más importante, su concepción de la educación como potenciadora de la capacidad del individuo basada en la propia organización de la escuela, donde el maestro sería tan solo una especie de referencia o guía.
Higinio Noja Ruiz trató siempre de ser un educador de esta clase, tanto en sus experiencias pedagógicas anteriores al desastre del 39, como posteriormente durante los duros años del franquismo en los que se dedicó, de manera casi exclusiva, hasta el día de su muerte, a dar clases particulares como único medio de subsistencia.
Pese a que su formación ―como la de muchos otros maestros racionalistas de la época― fue casi exclusivamente autodidacta, sus conocimientos llegaron a alcanzar niveles notables; otro tanto podríamos decir de sus cualidades literarias. En otro contexto, sus novelas y relatos cortos habrían alcanzado gran celebridad, tal como ya lo apuntaba el relativo éxito obtenido por las que había publicado a lo largo de los años veinte. 
Con la instauración de la república en España, el movimiento anarquista entra en su período más crítico y al mismo tiempo más creativo; comenzarán a diseñarse las grandes líneas de las realizaciones económicas de una sociedad anarquista y proliferarán los estudios sobre las posibilidades reales de una sociedad sin Estado.
Desde los estudios de Christian Cornelissen sobre el tan discutido período de transición , hasta las reflexiones económicas de Gaston Leval , varios autores se lanzaron al estudio sistemático de este tema candente, unos apoyándose en las estructuras sindicalistas como base de la nueva organización social y otros introduciendo nuevos conceptos sobre organización en base al espontaneísmo revolucionario un tanto matizado. Recordemos que el congreso de Zaragoza de la CNT, de mayo de 1936, adoptó un «Dictamen sobre el concepto confederal del comunismo libertario», que suponía un avance considerable en las propuestas organizativas anarquistas de un proceso revolucionario.
También Noja Ruiz colaboró en esta labor teórico-práctica con algunos estudios que pusieran de relieve las coordenadas en las que tenía que situarse una sociedad comunista libertaria . Esta incursión en el campo de la economía de una sociedad anarquista la presenta el escritor onubense siguiendo fielmente el hilo de su pensamiento en todo cuanto se refiere al concepto de revolución. Para Noja Ruiz fue siempre una cuestión delicada el presentar las conquistas revolucionarias como algo inmediato; prefería hablar de evolución, por cuanto - según su opinión - en todo proceso revolucionario habría que ir avanzando paulatinamente hacia la consecución de la sociedad libertaria como fin último, siempre en proceso de transformación . Como puede observarse, en Noja Ruiz la labor pedagógica no quedaba circunscrita a la escuela; sino que se extendía a todos los órdenes de la vida y del proceso de transformación social, donde la enseñanza es en definitiva un intercambio de informaciones en la cual todos somos partícipes y donde nadie está situado en un plano más elevado que los demás.
   La muerte le sorprendió el 2 de febrero de 1972, diez años después de morir su compañera; con sigilo se despidió de la vida, siendo consecuente hasta la muerte. Nadie, salvo sus amigos íntimos de entonces parecía recordarle; tan sólo su amigo Cano Carrillo le dedicó unas páginas en una revista anarquista del exilio español en Toulouse . En esta necrológica se destaca sobre todo el reencuentro de ambos tras la derrota, en el castillo de Santa Bárbara de Alicante y se alude de forma harto contundente a la rapacidad de J.J. Pastor, director y propietario de la revista Estudios . De ese juicio nada puedo decir, pero sí puedo afirmar que en otros aspectos, bastante más conocidos, la memoria traiciona al amigo y hace afirmaciones que distan mucho de la realidad ; esto, sin embargo, no es óbice para que los historiadores que se han ocupado de estudiar a este personaje sigan fielmente las líneas trazadas por la memoria del amigo, sin ningún tipo de comprobación y sin el más mínimo rigor.
De todos modos, y a pesar de estas lagunas que he señalado, es la única biografía, digna de tal nombre, que se dispone de Higinio, si exceptuemos su monumental autobiografía que escribió en cuadernos con menuda y apretada letra, en las largas horas de la opresión franquista . Pero ésta se detiene en el año 1925. Los años posteriores siguen hoy sumergidos en las sombras.
Gracias al esfuerzo de Vicente Martí ―alumno de Higinio en los primeros años del franquismo― y de Marianne Enckell ―perteneciente al CIRA― que se tomaron la molestia de leer detenidamente este largo manuscrito, se ha podido rescatar, de entre todas las experiencias que vivió el autor, este entrañable episodio que muestra de una forma muy gráfica el talante personal de Noja Ruiz y su disposición a entregarse de modo absoluto a la práctica de sus ideas.
A la pequeña población de Alginet situada en la Ribera del Júcar , le cupo la suerte de vivir la experiencia de un maestro entusiasta y desinteresado; breve en el tiempo, por las circunstancias que atravesaba el país por aquella época (instauración de la dictadura), pero muy intensa y sobre todo duradera por cuanto se refiere a los resultados y las consecuencias que de ella se derivaron. Setenta años después todavía se recuerda en el pueblo esta experiencia que conmocionó a todos sus habitantes.
Sin embargo, pese a todo cuanto nosotros podamos decir de la misma, ¿a quién puede hoy interesar un episodio aislado, tan lejano en el tiempo, y situado en una pequeña población de la provincia de Valencia, de la que muchos ni siquiera habrán oído hablar? Imagino que sólo a aquellos que se interesan por conocer las motivaciones que empujan al ser humano a arrostrar toda clase de dificultades en nombre de una idea creadora, de un ideal de transformación social.
Con todo, el relato está estructurado de forma amena y resulta muy agradable la lectura de este episodio en aquel lejano y caluroso verano del 23.

Paco
[1]Se pueden señalar como precedentes las escuelas laicas que se formaron en España en el último cuarto del siglo pasado. Por cuanto se refiere a la Escuela Moderna y a las escuelas racionalistas en general, la bibliografía comienza ya a alcanzar un volumen aceptable, incluso cualitativamente; por tanto me limitaré a señalar la obra clásica del propio Ferrer, analizando la educación racionalista, La Escuela Moderna, reeditada en 1976 por la ed. Tusquets de Barcelona y dos libros de un especialista en el tema, Pere Solà, extraídos de su monumental tesis sobre el racionalismo pedagógico: Francesc Ferrer i Guardia i l'Escola Moderna, Curial, Barcelona, 1978 y Las escuelas racionalistas en Cataluña (1909-1939), Tusquets, Barcelona, 1978.
[1]A principios de los años veinte había publicado ya algunas novelas cortas. Su primera gran novela, Los galeotes del Amor (almas cautivas), sería publicada en 1923 por Renovación Proletaria de Herrera (Sevilla); pocos años después la Librería Internacional de París publicaría Los sombríos, su segunda novela basada en la vida de los mineros de Rio Tinto, de la cual formó parte en los años de su niñez. A raíz de la publicación de su tercera novela, La que supo vivir su amor, editada por Estudios en 1928, Emilio V. Santolaria escribió una extensa reseña, celebrando las cualidades literarias de su autor. "Higinio Noja Ruiz, escritor pulcro, sensible a todos los grandes problemas, es el novelista que se espera surja a describir la vida del paria del trabajo, que a pesar de todas sus miserias busca elevarse de su nivel cultural que las clases directoras les regatea". Esta es una breve muestra de la opinión que le merece a Santolaria la labor literaria de Noja Ruiz, la cual continuaría todavía durante la República e incluso durante la dictadura franquistas, habiéndonos dejado algunas obras inéditas. Cfr. "Siluetas. Higinio Noja Ruiz", Estudios (Valencia), 71 (julio 1929), 21-23
[1]Véase principalmente su libro, El comunismo libertario y el régimen de transición, Valencia, Orto, 1936
[1]Fundamentalmente la obra, Problemas económicos de la revolución social española, Valencia, 1933, además de innumerables artículos publicados en revistas anarquistas de la época.
[1]Hace algunos años se publicó un estudio sistemático sobre esta cuestión: Xavier Paniagua, La sociedad libertaria, Barcelona, 1982. Este autor lleva a cabo un amplio análisis - bastante discutible en muchas de sus afirmaciones - de las diversas teorías que sobre el tema se prodigaron en los años 30. Sobre Noja pueden verse las páginas 237-250, las cuales recogen en lo fundamental el artículo publicado tiempo atrás por el mismo autor, "Introducciò a l'obra d'Higinio Noja Ruiz", Arguments (valencia), 1974, pags. 47-58
[1]véase el folleto, Hacia una nueva organización social, recopilación de artículos publicados en la revista Estudios de Valencia. Ya en plena revolución escribiría varios folletos sobre este mismo tema, entre ellos, Los Consejos de economía confederal, Valencia, Consejo Regional de Levante de economía confederal, 1936? y Labor constructiva en el campo, Valencia, Libre Studio, 1937
 [1]"Hombres del Movimiento Libertario. Higinio Noja Ruiz", Cenit (Toulouse), 201 (1972), 5698-5700
 [1]Noja Ruiz colaboró intensamente en esta revista, que se publicó en Valencia entre 1928 y 1937, durante los primeros años de la república. Ignoro el proceder personal de J.J. Pastor, pero intuyo que no debió diferir mucho del de Marín Civera, director de Orto, también de Valencia o de la familia Urales que publicaban La Revista Blanca en Barcelona, junto a libros y folletos
[1]Entre otros detalles, al hablar de la revista citada confunde su aparición y su trayectoria
 [1]Estas memorias noveladas relatan la heroica vida de Aurelio Pimentel con la que el autor se identifica
 [1]Situada a 8 kms. de Carlet, hoy cuenta con una población de más de once mil habitantes; en 1923 rondaba los seis mil. El terreno que la circunda es fértil, produciéndose cereales, arroz, aceite, pasas y naranjas



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