LA BOLA DE MIERDA


 Disculpen la analogía, pero es que como diría un amigo mío: «me lo han puesto a huevo.» Resulta cada vez más flagrante la falta de criterio de la humanidad de la que formamos parte, cada vez, y digo cada vez porque ni una sola en la que nuestro querido estado y su aparato creativo ha lanzado una consigna no nos hemos tirado de cabeza. El caso que nos toca es la “peliculita” de marras, sí, esa que están pensando, este año toca Lorca, pues ala, a vender libros como churros, hacer películas, y engatusar a la peña con lacrimógenos reclamos. «Hay que verla» dice todo el mundo, «la película del año, el oscar asegurado» (por cierto, les suena de algo la tontunez de una rave en el desierto) sí, habrá que verla, pero ya puestos también estaría a la altura, darnos una vuelta por la historia de este país, a la que tan ricamente tenemos olvidada, porque si el estreno de una película hace que todo el mundo se eche las manos a la cabeza, no quiero ni pensar si por ellos mismos fueran capaces de hacer un análisis de su historia reciente. Tampoco hace falta calentarse mucho la cabeza, si empezamos, sin ir más lejos, por el siglo XX, tenemos con que este empieza con monarquía, dos dictaduras, una exigua y extirpada república, de nuevo una dictadura, y finaliza con otra monarquía. Entre media de tan suculento siglo, mentiras, mentiras, mentiras y muertos, muchos muertos. Pésimos gobiernos, mala praxis política y todo por seguir manteniendo el poder. La única excepción hecha, aunque habría que cogerla con pinzas sería la desnutrida República que por si misma ya daría para contar la cosmogonía de nuestra tragedia desde los tiempos de Witiza. Ni que decir tiene que hemos sido analizados por historiadores y estudiosos de todo el mundo como si de una bacteria se tratara, es tan particular nuestra idiosincrasia que debe haber bibliotecas llenas de tesis, estudios, investigaciones, novelas, etc., hablando de nosotros, eso sin salirnos del ámbito de las letras, porque si ya nos vamos al cine o al teatro, la cosa ya se nos va de las manos. Para mi lo preocupante es la falta de sentido histórico que tenemos, ¿si nadie recuerda lo que pasó hace una década, se van a acordar del siglo pasado? Esta desmemoria, ungida por un decadente y cada vez más ramplón sistema educativo nos convierte en una sociedad infantilizada, traída y llevada por eslóganes a la altura de la simpleza de nuestro pensamiento, somos manejados como ratones de laboratorio, con los que experimentan continuamente aplicando técnicas de control social a las que no hacemos ningún asco. La tecnología, el dinero, el individualismo extremo, son fruto de un plan para mantenernos sometidos, enfrentados, desconfiando de cualquiera que no muestre signos de seguir al rebaño, todo se encamina hacía la pereza mental, que nos extirpe el pensamiento crítico, la simple comparación de ideas se da por descartado, la defensa a toda costa de la estupidez del momento da buena cuenta de en lo que nos estamos convirtiendo, dejamos todo en manos de otros, convencidos de que es lo mejor para nosotros, nos entregamos en cuerpo y alma, entregamos a nuestros hijos y estamos orgullosos de ello. Hemos perdido pie y nos ahogamos quitándonos el chaleco salvavidas que flota a pocos metros. No voy a sentenciar que seamos el fracaso de nuestra existencia, pero el futuro si existe, está muy negro.




Yorick.


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