Tienen muchos nombres: pasma, bofia, madera, guindillas, pikoletos, pitufos, la jerga popular siempre tuvo gracia para bautizarlos. No hace muchos años, meterse a policía en muchos casos era casi una necesidad para huir del hambre, esto conllevaba la mayoría de las veces que los números de a pie tuvieran cierta empatía con el perseguido, ya que estaba claro el origen de los dos. Con los años la cosa se fue complicando, se profesionalizó la madera y poco a poco a fuerza de publicidad se fue convirtiendo en una profesión de cierto prestigio, hasta llegar a lo que tenemos hoy: Las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado (me niego a usar mayúsculas con estos prendas) casi nada. Una tropa dotada de medios y adoctrinada hasta la última neurona en la defensa a ultranza de sus amos y las propiedades y privilegios de estos. Me pregunto donde queda eso de servir y proteger, cuando ante cualquier eventualidad tú mismo eres convertido en sospechoso. Mi instinto me dicta salir huyendo de semejantes individuos, lo llevo en el adn, desde niño veía a mi alrededor como a todo el mundo le cambiaba la cara cuando aparecían estos señoros con sus pistolones, sus porras y mostachos, estaba siempre claro que no venían a defenderte, siempre fastidiados de tener que atender a gente llana, de perder el tiempo con la chusma, cuando ellos aspiraban a defender a la gente importante. Decía un buen amigo que el ejercito español solo había ganado batallas contra el propio pueblo, a la historia me remito. Si observamos bien la actitud de estos ejércitos de acción directa nos damos cuenta enseguida hacía donde van dirigidos sus golpes, nunca una duda, siempre a cumplir con la orden recibida sabiéndose protegidos por sus leyes y jueces. Siempre el maltrato, la desconfianza, el odio, sí, el odio hacía sus semejantes, que les recuerdan de donde han salido ellos. Los pobres siempre hemos alimentado la milicia de los ricos, lo peor de lo peor: convertirte en verdugo, en madero o pikoleto para aplastar a los tuyos, a tu gente, a tu familia.
El orden, ¿qué es el orden y a quién pertenece? No es lícito pasar toda la vida sin protestar, sin declamar a grito pelado la injusticia en la que estamos inmersos, esto no es una normalidad y mucho menos una democracia, somos esclavos modernos y tenemos la obligación de revelarnos contra ello. Y ellos, los uniformados que contra toda lógica defienden la mano de quién los alimenta tienen la suerte de que la protesta es desigual, de que nosotros vamos con pancartas, sin armaduras, ni armas, pero eso un día puede cambiar, cuando los mordiscos de hambre se claven hondo y ahí no habrá límite para derrocar esta injusticia histórica, entonces veremos en que lado aparecen los héroes, veremos a esos “valientes” como se desenvuelven cuando estén a punto de ser aplastados, porque nosotros, no lo olviden, somos muchos más.
Yorick.







