No puedo soportarlo. Me violenta, me irrita, me descompone. Cada vez que alguien se dirige a mí, con el término: Caballero. Todos los demonios me hacen hervir la sangre. La palabra en si, según el diccionario, hace referencia a los miembros de órdenes de caballería, a personas de alguna consideración o buen porte, o al hombre que se porta con nobleza y generosidad. Siendo así: ¿Puede alguien explicarme porqué la policía cuando se dirige a alguien con intención de interceptarle o detenerle utiliza tal palabra?
Yo creo, que el atentado lingüístico tiene más bien que ver con una estudiada asepsia que practican los encurtidos personajillos, y que en su ignorancia, practicando una educación palurda e inadecuada parecen querer decirte con esa burda forma de hablar y con su odioso lenguaje corporal, que o los acompañas civilizadamente sumiso, o te van a vapulear de lo lindo. Que para eso se colocan sus guantes con esa estudiada parsimonia esperando desanimar al más valiente. Sus miradas ocultas tras el ahumado de sus gafas y sus rostros de verdugo alejan ya de por sí cualquiera de las definiciones de la palabra.
Lo preocupante del asunto, es que el sistema policial se expande con rapidez a diferentes y cercanos gremios. Lo que nos hace rechinar los dientes continuamente. Tristemente, estrategias como esta nos aleja cada vez más de una auténtica comunicación. El protocolo de títulos y palabras que se utilizan a diario formando parte de eso que llamamos educación, es un arma de doble filo, y aparte de que el uso de los: Usted, señor, caballero, maestro, etc, pone en evidencia la falta de capacidad comunicativa de las personas, y no deja de ser un método de “zalameo” del que cabría desconfiar. Desgraciadamente, muchos, arrastrados por la vanidad, seguirán prefiriendo que se dirijan a ellos en los términos de educación reglamentados, con la única satisfacción de sentirse importantes por unos segundos. Sin percibir ni por asomo, que esos pequeños gestos de tiranía separatista caminan siempre en una sórdida dirección: la de marcar diferencias. Diferencias en realidad inexistentes, cuya única solidez es el dinero y el poder. Fuera de eso, todos y todas absolutamente se limpian el culo a diario, y acaban muertos tarde o temprano.
Que estas reflexiones no sirvan para cambiar los hechos, es evidente, pero siempre todos deberíamos hacer un poco de uso de nuestra supuesta inteligencia, y analizar esas costumbres o maneras que se nos pegan de ver y estar en contacto continuo con otras personas. Las coletillas en el lenguaje, y el mal uso de este, nos puede ocasionar a la larga muchos problemas, saber como hablamos puede resultar tan importante como saber lo que comemos. Por eso debemos estar atentos, al uso adecuado de las palabras. A diario, en la televisión y en la prensa escrita, se manipulan términos que acaban vaciándose de su verdadero significado. Son palabras que una vez descarnadas se arrojan sobre nosotros, confundiendo no solo los conceptos, sino el análisis que podamos hacer de lo que ocurre en este nuestro mundo. Ni que decir tiene, de que estos usos son premeditados, y que la intención esta clara. No la voy a repetir, solo añadiría que está en nuestra voluntad dejar de ser manipulados y manejados constantemente, que si no somos conscientes de la distancia que hay entre lo que nos dicen y la realidad, poco podremos hacer para cambiarla.
El reverendo Yorick.
Blogletín crítico-sociológico anexionado a la internacional anti-estulticia
EL BOBO DE KORIA
-El Bobo de Coria tiene el secreto porque ha descendido tan por debajo de toda posible dignidad humana que ha tocado ese fondo que sigue siendo inalcanzable para nosotros. Diréis que también ha bajado una cucaracha, o un mono o un escorpión, pero no es cierto. Ellos no tienen a dónde bajar ni a dónde subir sino con sus pobres patas. El hombre es el único que puede tener deseos o esperanzas o desventuras y frustraciones conscientes o inconscientes. El último nivel de la dignidad que conocemos está todavía muy por encima del nivel al que ha bajado ese enano cabezudo que parece no tenerse en pie y rendirse al peso de su propio trasero. Ése tiene nuestro secreto y el de los demás. Para alcanzarlo como él habría que aceptar todas las miserias del mundo. Hay que ir dejándose despreciar del pobre, del rico, del tonto y del sabio y recibir toda clase de indignidades imaginables, muy por debajo del mendigo, del abofeteado y pateado en público, del miserable por enfermedad o por idiotismo, del ciego, del cojo, del manco y del leproso. Muy por debajo de toda posible miseria entre las que conocemos y las que podríamos imaginar que son infinitas realmente, porque tienen sus raíces secretas en nuestro mundo inconsciente, tan insondable como el mismo universo. Ese enano tiene el secreto.
EXTRAÍDO DEL LIBRO DE RAMÓN J. SENDER “LA MIRADA INMÓVIL”
He recurrido a su apelativo, no porque trate de emular al excelso bufón, ni mucho menos. Solo es por la admiración que ha despertado en mí este personaje histórico. Por lo que entraña su reducida persona y lo que de ella sabemos.
Siempre he sentido gran admiración por los tontos y, desprecio por los gilipollas y estultos que, me temo, somos la mayoría.
Porque va a ser el único tonto –Azarías- del elenco de la gran película “Los Santos Inocentes” el que va a rebelarse contra el repugnante señorito.
-¡Milana bonita…Milana bonita….!
B. K.
¿El Papa come papas?
Ese furibundo feminismo, que tanto se parece al machismo que combate.
BENEMERITOS Y MUY HONORABLES BANDIDOS!!!
Esa horteridad que constituye el verdadero carácter de Valencia. Esa “falleror” que por doquier, todo lo impregna.
La Tv echa lo que la gente quiere que eche, que es lo que la TV quiere echar porque la gente quiere que eche lo que la TV echa, que es lo que...
Existe una ideología: el consumismo.
Si se pudiera comer jamón, me haría mahometano.
DE MUJER A MUJER
Mari, mi marido se me ha hecho musulmán. Que sí, que ha dejao de comer el jamón que yo le compraba en Consum. Que se me va a la mezquita todos los días, en vez de ir al fúrbol, como debe de ser. Lo mejor de todo es que se me pone en pompa... con el culito que tiene el jodío!!!
“PAPAS VIDAL” PATROCINA LA VISITA DEL PAPA A VALENCIA.
Todos estamos condenados a encontrar nuestras verdades... Que suelen ser mentira.
DE MUJER A MUJER
Mari, me gustan más las ministras que los ministros: EN EL CADALSO LUCEN MÁS.
Estimado estulto: No, la ley de la gravedad no tiene nada que ver con la salud, ni con los hospitales.
Follar está bien, muy bien. Pero, reproducirse ¿por qué, para qué si sobramos gente en el puto mundo?
¡Qué tiempos, ver esa guillotina trabajar sin descanso en esa gloriosa Francia!!!
¡Hasta el Rey Sol fue desprovisto de su corona junto con la cabeza que la sustentaba!!!
Es lo jodido que tiene nacer en otro siglo. No se puede abarcar todo, porque lo de CARRERO BLANCO tampoco fue moco de pavo.
EL BOBO DE KORIA
Las putrefactas raíces de una podrida institución: La Iglesia.
A estas alturas, ponerse a hablar de la iglesia, podría parecer una perdida de tiempo, pero aprovechando una nueva visita de su máximo caudillo a nuestras tierras (un hombrecillo vestido de blanco, que arenga a sus fieles, que enardecidos le aclaman inmersos en una catarsis colectiva)
Me gustaría hacer algunas observaciones sobre la realidad de una institución, que aparentemente sin hacer ruido, se introduce como una hiedra salvaje en todos los resquicios de nuestra ya de por sí, podrida sociedad.
Una institución cuyos preceptos dicen se inspiran en el amor, la piedad, y la caridad. Huelga decir que todo esto no son más que palabras vacías, y que su fín, como la de toda institución parecida es el poder.
En la calle muchas personas son de la opinión de que este poder está mermado, de que ya no es lo que era, y de que no son tenidos en cuenta en los entresijos de la manipulación mundial. Nada más lejos de la realidad. Están por todas partes, invadiendo desde el más pequeño barrio, hasta la más grande de las urbes.
En nuestro día a día existen constantes que nos remiten directamente a ellos a través de un balizaje que rodea nuestra cotidianidad. Desde el calendario, pasando por los nombres de los colegios, las calles, los hospitales, los cementerios, los tanatorios, etc. Sus nombres aluden directamente al santoral completo, a la vida del supuesto hijo del supuesto Dios y a toda su familia cercana.
Por otra parte, su presencia lacerante en los medios de desinformación, las proclamas de párrocos, conferencias episcopales, vaticanos, iluminados, etc, son casi diarias. La sumisión que les rinden gobiernos de todo el mundo, ya sean: caducas monarquías, falsas repúblicas o dictaduras bananeras. Las subvenciones que reciben del estado, hasta hace poco directamente, ahora indirectamente. La presencia de su famosa casilla en la declaración de la renta. La introducción de sus tentáculos en universidades, casas de caridad, Ongs. Hospitales, la cotización en bolsa de sus empresas, etc. Todo ello nos habla de un poder económico que sería
imposible de calcular.
En definitiva, están por todas partes, propagada como una peste, y dispuesta siempre a mutar y sobrevivir, como un virus malévolo, que mediante una tremenda farsa controla el devenir de países enteros.
Yo creo que son para tomárselos en serio, para saber a que distancia están de nosotros y en que lugares plantan sus redes para atrapar incautos y reforzar su ya excelso poder.
Solo liberando nuestra mente de sus mentiras se les podría desenmascarar, e incluso acabar con ellos: ¡Abajo el Papa! ¡Abajo sus ceremonias religiosas! ¡Desafección también para la iglesia!
el reverendo Yorick.
Me gustaría hacer algunas observaciones sobre la realidad de una institución, que aparentemente sin hacer ruido, se introduce como una hiedra salvaje en todos los resquicios de nuestra ya de por sí, podrida sociedad.
Una institución cuyos preceptos dicen se inspiran en el amor, la piedad, y la caridad. Huelga decir que todo esto no son más que palabras vacías, y que su fín, como la de toda institución parecida es el poder.
En la calle muchas personas son de la opinión de que este poder está mermado, de que ya no es lo que era, y de que no son tenidos en cuenta en los entresijos de la manipulación mundial. Nada más lejos de la realidad. Están por todas partes, invadiendo desde el más pequeño barrio, hasta la más grande de las urbes.
En nuestro día a día existen constantes que nos remiten directamente a ellos a través de un balizaje que rodea nuestra cotidianidad. Desde el calendario, pasando por los nombres de los colegios, las calles, los hospitales, los cementerios, los tanatorios, etc. Sus nombres aluden directamente al santoral completo, a la vida del supuesto hijo del supuesto Dios y a toda su familia cercana.
Por otra parte, su presencia lacerante en los medios de desinformación, las proclamas de párrocos, conferencias episcopales, vaticanos, iluminados, etc, son casi diarias. La sumisión que les rinden gobiernos de todo el mundo, ya sean: caducas monarquías, falsas repúblicas o dictaduras bananeras. Las subvenciones que reciben del estado, hasta hace poco directamente, ahora indirectamente. La presencia de su famosa casilla en la declaración de la renta. La introducción de sus tentáculos en universidades, casas de caridad, Ongs. Hospitales, la cotización en bolsa de sus empresas, etc. Todo ello nos habla de un poder económico que sería
imposible de calcular.
En definitiva, están por todas partes, propagada como una peste, y dispuesta siempre a mutar y sobrevivir, como un virus malévolo, que mediante una tremenda farsa controla el devenir de países enteros.
Yo creo que son para tomárselos en serio, para saber a que distancia están de nosotros y en que lugares plantan sus redes para atrapar incautos y reforzar su ya excelso poder.
Solo liberando nuestra mente de sus mentiras se les podría desenmascarar, e incluso acabar con ellos: ¡Abajo el Papa! ¡Abajo sus ceremonias religiosas! ¡Desafección también para la iglesia!
el reverendo Yorick.
la memoria de los olores
Sucede en cualquier momento de nuestra vida. Para aquel que no lo ha descubierto aun, supone adentrarse en nuevos caminos dentro de su propia memoria, y ahondar más en sus propios recuerdos.
El gesto fortuito, que nos hace pasar distraídamente por los alrededores de un jardín, de un horno de pan, de un almacén de cereal, y que inmediatamente, nuestro cerebro active una alerta de reconocimiento de ese olor, retrotrayéndonos a un pasado ya vivido, algún pasaje de nuestra infancia, de la juventud, la presencia casi olvidada de alguna persona que se arrimó lo suficiente a nuestra vida, como para dejar una impronta que se memorizó en nosotros a través de un perfume, o de su olor corporal.
Esos olores se hacen familiares, se quedan a vivir contigo, y de alguna forma, cuando los reconoces en cualquier parte, te dan la seguridad de que su presencia guarda algo en comunión contigo mismo que te hace ser quien eres.
En mi caso, el archivo de olores de mi memoria es amplio, a través de ellos, rememoro lugares, personas, situaciones mas o menos agradables, que me hacen adoptar una perspectiva diferente del presente, y como estar conmigo mismo. La sensación de seguridad que me pueda dar una vivencia del pasado en el presente me reconforta. Aunque el recuerdo en cuestión no fuera de mi agrado, el hecho de haber sido vivido me supone enfrentarme a mi presente de forma distinta.
Los olores que más intensamente me sumergen en mi pasado, son los de algunas flores y árboles. A pesar de la intensidad con la que pueda recordar, digamos, por la cercanía de un animal, es en el caso de ciertas plantas, donde podría cerrar los ojos y ver la escena recordada perfectamente. Especialmente en tres casos: El jazmín, la higuera, y el azahar.
Suelo achacar la intensidad de esa ecuación de olores-recuerdos, al hecho constante del nomadismo que ha acompañado mi existencia. Bien es sabido que no todas las plantas y árboles se adaptan a todos los climas. Así, estas planta y árboles, están principalmente ligadas al sur donde nací.
El haber viajado a otras latitudes, con otro presente, hace que los recuerdos tomen un tono sepia, y que sean discretamente visitados.
De esa forma, el encuentro fortuito con alguno de esos olores. Se presenta como un agradable despertar que dota de color, y de voces a aquellos recuerdos que caminaban fosilizados hacía algún lugar de la memoria.
Basta ese encuentro para reactivar una memoria que ya no me abandona, sin la necesidad de viajar con un vivero portátil, los recuerdos consiguen reactivarse a través del olfato, como otros lo hacen a través del gusto, del tacto, o del oído.
De la vista no digo nada, porque es bien sabido el lugar omnipresente que ocupa en nuestras vidas. Relegamos voluntariamente los otros sentidos de los que disponemos, perdiéndonos penosamente todas las sensaciones excitantes que nos pueden provocar. Seguramente, que mi afán por desarrollarlos y conservarlos haya sido el detonante de que esos recuerdos relacionados con los olores se presenten con tanta intensidad. Un placer, que me sirve de aliciente para probar suerte con el tacto, el oído y el gusto.
Yorick.
Del diario de un decepcionado.
Está amaneciendo. Me visto despacio y salgo de casa, enciendo la luz de la escalera, una luz mortecina que proviene de una bombilla cubierta de polvo, no importa, conozco cada rincón de este edificio, podría bajar y subir a oscuras sin rozarme por la mugrienta pared. La puerta de hierro acristalada del portal chirría como siempre. Me recibe el olor a alcantarilla de todas las mañanas, proveniente de la reja de ventilación que hay en la acera, justo delante de la puerta, hoy no se ve ninguna rata. El edificio de enfrente ofrece el aspecto mugriento de todos los días, igual que el del que acabo de abandonar, unas manchas de humedad producidas por un canalón que tira más agua de la que recoge engalanan sus paredes. Los habitantes de estos edificios llenan los desvencijados balcones con macetas intentando dotar de belleza a la mismísima fealdad. Unas botellas de butano ponen la nota chillona a lo largo de toda la calle. El camión de la basura aun no pasó, y un olor acre proviene de los contenedores que rebosan bolsas pestilentes, los gatos han desparramado el contenido de algunas por la acera, una mancha oscura rodea permanentemente el rincón donde hace años se deposita la basura. Cuando salga el sol, este rincón estará poblado de moscas y el olor crecerá.
Al desembocar en la avenida, la humareda del autobús que acabo de perder me envuelve por un momento, la calle está desierta, al fondo un bar, de aspecto inenarrable merca café y coñac a los desgraciados que se enfrentan a una jornada interminable de trabajo. Como yo.
Decido caminar hasta la siguiente parada de autobús, mientras observo a mí alrededor. Los edificios grises, apagados, cubierto de una patina oscura de polución asemejan las salas de una consulta médica, sus tejados cubiertos de una maraña de cables, antenas y tejas desvencijadas son ensombrecidos por el humo negruzco de las calefacciones. En el suelo, en los huecos que quedan después de la marcha de los coches, unas manchas de aceite ennegrecen el ya oscuro asfalto, las aceras están minadas de excrementos de perros y las esquinas marcadas con sus meadas. Se hace insoportable no encontrar ninguna armonía en este caos. En la siguiente bocacalle, cambio de opinión y voy en busca de la entrada del metro. Un aire cargado y rancio sale de la abertura, que me engulle mientras el resplandor de los tubos fluorescentes me encandila.
Soy adelantado por una multitud que avanza deprisa inmersos en sus miserias, empujan intentando robar segundos al tiempo para llegar a sus absurdos cometidos. No se oye ni una risa, ni una conversación, solo el ruido de los pasos de cientos de personas y los chirridos y bufidos que provienen del fondo de los túneles, donde la serpiente de metal, engulle y vomita gente constantemente. A sus entrañas nos dirigimos todos atrapados por el destino.
En el vagón, los olores no dejan de llegar, viajamos hacinados e impregnados de humanidad, en una curva, la luz del vagón se apaga, quedando solo un par de tubos encendidos, la imagen que ofrecemos es demencial, las cabezas tambaleantes se mecen sin resistencia, adormecidos por el paso de los vagones sobre los espacios de dilatación de los raíles. En la estación de destino casi soy sacado en volandas del vagón, las escaleras mecánicas están abarrotadas de gente, unos van parados, pegados a la derecha y el resto sube por la parte izquierda, como una fila de hormigas.
Al salir a la calle, el mundo se ha transformado, un ruido infernal proviene del tráfico, pitadas, acelerones y músicas encapotan los oídos. Todo el mundo corre. Pasamos de la somnolencia del metro a ser atrapados por una prisa absurda que no nos abandonará el resto del día. Retazos de conversaciones se oyen aquí y allá, el partido del sábado, las salidas de copas, -que cansino es todo- pienso al andar.
Me dirijo al polígono, donde está la fábrica donde trabajo, algunos compañeros me saludan con la cabeza. Los inmensos camiones ya bloquean la rotonda, así será durante gran parte del día. En la entrada de la fábrica cojo mi ficha y la introduzco en la gran caja azulada con un reloj, un golpe seco me indica que la hora de entrada ha quedado grabada en el tarjetón. Voy al vestuario, saludo a los hombres que me encuentro y me dirijo a mi taquilla a cambiarme de ropa. La funda azul desprende un olor a óxidos metálicos, me la pongo, así como las pesadas botas. Apuramos los últimos minutos echando un cigarro, hasta que la estridente sirena marque el comienzo de la jornada. Desde ese momento nadie habla, cada uno en su puesto trabaja sin levantar la cabeza, ni siquiera sin comprender que son esas piezas, que van de mano en mano, de puesto en puesto, hasta la sección de embalaje, donde serán empaquetadas y enviadas a otra fábrica para su ensamblaje final. Levanto un momento la cabeza y miro a mi alrededor angustiado, el reloj de la pared, apenas marca diez minutos pasados después de las ocho de la mañana de un lunes cualquiera, de una semana cualquiera de un año cualquiera, de cualquier persona como yo.
Rafael Becerra.
Extraido del número 2 de la revista Renderén
Al desembocar en la avenida, la humareda del autobús que acabo de perder me envuelve por un momento, la calle está desierta, al fondo un bar, de aspecto inenarrable merca café y coñac a los desgraciados que se enfrentan a una jornada interminable de trabajo. Como yo.
Decido caminar hasta la siguiente parada de autobús, mientras observo a mí alrededor. Los edificios grises, apagados, cubierto de una patina oscura de polución asemejan las salas de una consulta médica, sus tejados cubiertos de una maraña de cables, antenas y tejas desvencijadas son ensombrecidos por el humo negruzco de las calefacciones. En el suelo, en los huecos que quedan después de la marcha de los coches, unas manchas de aceite ennegrecen el ya oscuro asfalto, las aceras están minadas de excrementos de perros y las esquinas marcadas con sus meadas. Se hace insoportable no encontrar ninguna armonía en este caos. En la siguiente bocacalle, cambio de opinión y voy en busca de la entrada del metro. Un aire cargado y rancio sale de la abertura, que me engulle mientras el resplandor de los tubos fluorescentes me encandila.
Soy adelantado por una multitud que avanza deprisa inmersos en sus miserias, empujan intentando robar segundos al tiempo para llegar a sus absurdos cometidos. No se oye ni una risa, ni una conversación, solo el ruido de los pasos de cientos de personas y los chirridos y bufidos que provienen del fondo de los túneles, donde la serpiente de metal, engulle y vomita gente constantemente. A sus entrañas nos dirigimos todos atrapados por el destino.
En el vagón, los olores no dejan de llegar, viajamos hacinados e impregnados de humanidad, en una curva, la luz del vagón se apaga, quedando solo un par de tubos encendidos, la imagen que ofrecemos es demencial, las cabezas tambaleantes se mecen sin resistencia, adormecidos por el paso de los vagones sobre los espacios de dilatación de los raíles. En la estación de destino casi soy sacado en volandas del vagón, las escaleras mecánicas están abarrotadas de gente, unos van parados, pegados a la derecha y el resto sube por la parte izquierda, como una fila de hormigas.
Al salir a la calle, el mundo se ha transformado, un ruido infernal proviene del tráfico, pitadas, acelerones y músicas encapotan los oídos. Todo el mundo corre. Pasamos de la somnolencia del metro a ser atrapados por una prisa absurda que no nos abandonará el resto del día. Retazos de conversaciones se oyen aquí y allá, el partido del sábado, las salidas de copas, -que cansino es todo- pienso al andar.
Me dirijo al polígono, donde está la fábrica donde trabajo, algunos compañeros me saludan con la cabeza. Los inmensos camiones ya bloquean la rotonda, así será durante gran parte del día. En la entrada de la fábrica cojo mi ficha y la introduzco en la gran caja azulada con un reloj, un golpe seco me indica que la hora de entrada ha quedado grabada en el tarjetón. Voy al vestuario, saludo a los hombres que me encuentro y me dirijo a mi taquilla a cambiarme de ropa. La funda azul desprende un olor a óxidos metálicos, me la pongo, así como las pesadas botas. Apuramos los últimos minutos echando un cigarro, hasta que la estridente sirena marque el comienzo de la jornada. Desde ese momento nadie habla, cada uno en su puesto trabaja sin levantar la cabeza, ni siquiera sin comprender que son esas piezas, que van de mano en mano, de puesto en puesto, hasta la sección de embalaje, donde serán empaquetadas y enviadas a otra fábrica para su ensamblaje final. Levanto un momento la cabeza y miro a mi alrededor angustiado, el reloj de la pared, apenas marca diez minutos pasados después de las ocho de la mañana de un lunes cualquiera, de una semana cualquiera de un año cualquiera, de cualquier persona como yo.
Rafael Becerra.
Extraido del número 2 de la revista Renderén
Diez premisas para salir del infierno de los necios
Por el reverendo Yorick.
1.- Si crees ser único, ¿Porqué haces exactamente lo mismo que los demás? Algo habrá que te diferencie ¿no? Podrías empezar explorando esa posibilidad.
2.- Si piensas que todos los políticos son iguales ¿Porqué sigues votando indistintamente a unos o a otros cada vez? ¿Tú eres de los que piensas que la abstención se suma al ganador…?
3.- Deberías hacer una desintoxicación televisiva Si ni siquiera la mira ¿Por qué la mantienes encendida?
4.- Prueba con la radio, y no me refiero a radio fórmulas para descerebrados. Busca, que algo encontraras.
5.- Intenta ir andando a algún sitio, sin coger tu amado coche, de paso comprobarás en tu pellejo, la educación vial que profesan tus congéneres. Y ya que caminas fíjate, en la falta de espacios verdes, de carriles bicis, y de parques libres de “ mierdasdeperrosdemarca” que hay en tu ciudad.
6.- Soportarás estar una semana, sin comprar nada que no sea absolutamente necesario. Pues debes hacerlo, y medita sobre la procedencia de tu compra y la necesidad que tienes de ella.
7.-¿Conoces a tus vecinos? Y no me refiero solo a esas personas que te incomodan en el ascensor. ¿No tendrás problemas para comunicarte?
8.-Siguiendo con el mandamiento anterior, toca semana de las buenas acciones, pero ¡ojo! Que no hay medallas, solo valora, como esta de necesitada la humanidad de personas como tú.
9.-¿Haz analizado alguna vez tu situación laboral? ¿Cuántas horas trabajas gratis? ¿Cuantos incumplimientos por parte de la empresa aceptas como trabajador? No crees que sea hora de hablar con tus compañeros y cambiar las cosas.
10.- En general, busca los motivos de tu frustración, como persona, como trabajador, como ciudadano, y no eches la culpa y lo pagues con alguien más débil que tú. Generalmente, es al contrario, los males no vienen de abajo, sino de arriba.
Si eres capaz, de enfrentarte, a la persona que aparece en el espejo, cuando te asomas, planteándole una pregunta de vez en cuando, puede que no estés tan lejos de abandonar el infierno alguna vez, aunque si lo que yo llamo infierno, para ti, es el paraíso, irremediablemente no nos vamos a llevar bien.
1.- Si crees ser único, ¿Porqué haces exactamente lo mismo que los demás? Algo habrá que te diferencie ¿no? Podrías empezar explorando esa posibilidad.
2.- Si piensas que todos los políticos son iguales ¿Porqué sigues votando indistintamente a unos o a otros cada vez? ¿Tú eres de los que piensas que la abstención se suma al ganador…?
3.- Deberías hacer una desintoxicación televisiva Si ni siquiera la mira ¿Por qué la mantienes encendida?
4.- Prueba con la radio, y no me refiero a radio fórmulas para descerebrados. Busca, que algo encontraras.
5.- Intenta ir andando a algún sitio, sin coger tu amado coche, de paso comprobarás en tu pellejo, la educación vial que profesan tus congéneres. Y ya que caminas fíjate, en la falta de espacios verdes, de carriles bicis, y de parques libres de “ mierdasdeperrosdemarca” que hay en tu ciudad.
6.- Soportarás estar una semana, sin comprar nada que no sea absolutamente necesario. Pues debes hacerlo, y medita sobre la procedencia de tu compra y la necesidad que tienes de ella.
7.-¿Conoces a tus vecinos? Y no me refiero solo a esas personas que te incomodan en el ascensor. ¿No tendrás problemas para comunicarte?
8.-Siguiendo con el mandamiento anterior, toca semana de las buenas acciones, pero ¡ojo! Que no hay medallas, solo valora, como esta de necesitada la humanidad de personas como tú.
9.-¿Haz analizado alguna vez tu situación laboral? ¿Cuántas horas trabajas gratis? ¿Cuantos incumplimientos por parte de la empresa aceptas como trabajador? No crees que sea hora de hablar con tus compañeros y cambiar las cosas.
10.- En general, busca los motivos de tu frustración, como persona, como trabajador, como ciudadano, y no eches la culpa y lo pagues con alguien más débil que tú. Generalmente, es al contrario, los males no vienen de abajo, sino de arriba.
Si eres capaz, de enfrentarte, a la persona que aparece en el espejo, cuando te asomas, planteándole una pregunta de vez en cuando, puede que no estés tan lejos de abandonar el infierno alguna vez, aunque si lo que yo llamo infierno, para ti, es el paraíso, irremediablemente no nos vamos a llevar bien.
la tercera edad
Se llenan los parques de aparatos gimnásticos. A cualquier hora del día, esforzados ancianos aprietan sus cansados cuerpos que parecen crujir ante el esfuerzo extra.
El higienismo se impone, el acoso de la presión social ante el cuerpo trabajado hace que hasta los mayores ocupen sus horas muertas castigando sus anatomías, sus discursos optimistas sobre lo saludable y necesario de estos comportamientos dan escalofríos.
¿Es la necesidad de demostrar a los demás su estado de forma lo que los obliga?
Apartados del mercado laboral muchos mayores pierden el norte, y buscan desesperados como llenar ese vacío laboral, al mismo tiempo se esfuerzan porque la vida no los margine, para no sentir las miradas esquivas de una juventud que se aparta de ellos, temerosos de que su presencia les recuerde la cara de su futuro.
Por otro lado, la Seguridad Social, lanza su taimado mensaje, la campaña de optimismo social hacía la tercera edad, pretende vaciar los ambulatorios de esos enfermos imaginarios que son los ancianos. Enfermos de normopatía, que una vez perdido el derecho a la esclavitud del trabajo diario, vagan de depresión en depresión, de enfermedad en recaída, de hastío a cansancio de vivir, y en general de aburrimiento.
Estos parques, convertidos en centros de disciplina y trabajo se presentan como la punta de lanza de una campaña medida al milímetro. Un esfuerzo para que nuestra sociedad supure felicidad hasta el final de nuestros días. Para dejar entrever que todo el mundo tiene sitio, y Estado se ocupa de todos nosotros.
Ver a los jóvenes lanzar piedras o cócteles molotov en las manifestaciones tiene una lógica por lo rebelde de la edad, pero ver a los viejos sería lo lógico, ya que son ellos los que más han vivido, los que más han claudicado y los que por derecho deberían estar levantando barricadas y explicando a otras generaciones porqué hay que hacer una revolución.
el reverendo Yorick
El higienismo se impone, el acoso de la presión social ante el cuerpo trabajado hace que hasta los mayores ocupen sus horas muertas castigando sus anatomías, sus discursos optimistas sobre lo saludable y necesario de estos comportamientos dan escalofríos.
¿Es la necesidad de demostrar a los demás su estado de forma lo que los obliga?
Apartados del mercado laboral muchos mayores pierden el norte, y buscan desesperados como llenar ese vacío laboral, al mismo tiempo se esfuerzan porque la vida no los margine, para no sentir las miradas esquivas de una juventud que se aparta de ellos, temerosos de que su presencia les recuerde la cara de su futuro.
Por otro lado, la Seguridad Social, lanza su taimado mensaje, la campaña de optimismo social hacía la tercera edad, pretende vaciar los ambulatorios de esos enfermos imaginarios que son los ancianos. Enfermos de normopatía, que una vez perdido el derecho a la esclavitud del trabajo diario, vagan de depresión en depresión, de enfermedad en recaída, de hastío a cansancio de vivir, y en general de aburrimiento.
Estos parques, convertidos en centros de disciplina y trabajo se presentan como la punta de lanza de una campaña medida al milímetro. Un esfuerzo para que nuestra sociedad supure felicidad hasta el final de nuestros días. Para dejar entrever que todo el mundo tiene sitio, y Estado se ocupa de todos nosotros.
Ver a los jóvenes lanzar piedras o cócteles molotov en las manifestaciones tiene una lógica por lo rebelde de la edad, pero ver a los viejos sería lo lógico, ya que son ellos los que más han vivido, los que más han claudicado y los que por derecho deberían estar levantando barricadas y explicando a otras generaciones porqué hay que hacer una revolución.
el reverendo Yorick
Sí, pero...se mueve
Dice el periódico que Arabia Saudi desarrollará armas atómicas si Irán lo hace. Lo dice sin pudor a sus aliados americanos, a sabiendas, de que estos, intervendrán mediante sus sutiles métodos coercitivos a su favor.
En el peor de los casos, la tentación que pueda arremeter contra cualquier megalómano de cualquier país ante el poder del armamento atómico, no tiene discusión alguna. En manos de cualquiera de estos, vistan corbata o salacoff, supone una forma de presión constante hacía sus vecinos, y hacía quienes no lo son.
¿No es el miedo un instrumento castrador por si mismo? La tentación de disponer del poder atómico, lleva a cualquiera a arrastrar de la mano a un dios gigantesco con manos de fuego.
El ser humano se delata en estos pequeños detalles. Detalles tan banales como tener la vida de millones de personas en las manos, y tomárselo tan a la ligera como pueda ser la ingesta de un helado en estos días de canícula. La evidencia de nuestra inacabable crueldad se manifiesta constantemente en todos los niveles. Si los dirigentes de cualquier país se dedica a estos menesteres belicosos, o a otros no tan altisonantes, pero del mismo cariz, y de parecida efectividad, por imitación ¿Qué harán sus ciudadanos? Amparados por esa imagen pública e internacional, aplicarán medidas drásticas, en el propio seno de sus familias, en sus comunidades y pueblos, sembrando de odio la cotidianidad más sencilla.
¿Es acaso esa la semilla que ha de florecer? Si de cada diez personas, ocho están de acuerdo con sus gobiernos sin un criterio sensato, que vaya más allá del costumbrismo diario. ¿Qué podemos esperar del futuro de nuestra raza? Las ganas de que cambiáramos siempre estuvieron ahí. Este es tan buen momento como cualquier otro. ¿Porqué no empezar entonces? Los tiempos están avisando, los seres humanos se mueven a la vez en diferentes partes del mundo, siguen sin querer oír, ni ellos, ni el resto de los que se esconden en sus casas.
Pudiera ser que esta vez, el tiempo no esté de su parte.
Yorick.
En el peor de los casos, la tentación que pueda arremeter contra cualquier megalómano de cualquier país ante el poder del armamento atómico, no tiene discusión alguna. En manos de cualquiera de estos, vistan corbata o salacoff, supone una forma de presión constante hacía sus vecinos, y hacía quienes no lo son.
¿No es el miedo un instrumento castrador por si mismo? La tentación de disponer del poder atómico, lleva a cualquiera a arrastrar de la mano a un dios gigantesco con manos de fuego.
El ser humano se delata en estos pequeños detalles. Detalles tan banales como tener la vida de millones de personas en las manos, y tomárselo tan a la ligera como pueda ser la ingesta de un helado en estos días de canícula. La evidencia de nuestra inacabable crueldad se manifiesta constantemente en todos los niveles. Si los dirigentes de cualquier país se dedica a estos menesteres belicosos, o a otros no tan altisonantes, pero del mismo cariz, y de parecida efectividad, por imitación ¿Qué harán sus ciudadanos? Amparados por esa imagen pública e internacional, aplicarán medidas drásticas, en el propio seno de sus familias, en sus comunidades y pueblos, sembrando de odio la cotidianidad más sencilla.
¿Es acaso esa la semilla que ha de florecer? Si de cada diez personas, ocho están de acuerdo con sus gobiernos sin un criterio sensato, que vaya más allá del costumbrismo diario. ¿Qué podemos esperar del futuro de nuestra raza? Las ganas de que cambiáramos siempre estuvieron ahí. Este es tan buen momento como cualquier otro. ¿Porqué no empezar entonces? Los tiempos están avisando, los seres humanos se mueven a la vez en diferentes partes del mundo, siguen sin querer oír, ni ellos, ni el resto de los que se esconden en sus casas.
Pudiera ser que esta vez, el tiempo no esté de su parte.
Yorick.
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