VIVA ZP



Mi amigo Borja Mari es de los más beligerantes en cuestiones políticas. Cuando se junta con Kevin Onofre y comienzan a hablar de politiquerías, me siento como una aljofifa en medio de ellos:
-Expertos economistas vendidos al Capital. La policía es connivente con la violencia intrínseca del Estado. Botín, ese banquero que debía de estar en la cárcel. Sindicatos y políticos se ha vendido hace tiempo. Zapatero está en tenguerengue cuando pretende ser de izquierdas con una política de derechas. La Comunidad Europea es una falacia, es la Europa de los mercaderes, como ya predijo Juan Goytisolo hace años. El bandidaje estatal no cesa ni cesará. Esto es una guerra abierta contra pueblo, la fiscalidad se ha tornado la nueva guerra sin sangre. Desmantelamiento del estado social, que no del llamado del bienestar. El tufo de la cloaca que es Estado, es inaguantable. Nos gobiernan bandidos……..
Y, en medio de esa virulencia verbal permanezco expectante, mirando ora a Borja, ora a Kevin, mudo.
Sólo cuando uno de ellos me increpa:
-Y, tú, Bartolo ¿qué piensas?
-Pos hombre, yo soy “acérrimo” de ZP.
-Ya estás con tus chorradas. Eso, a estas alturas, además de políticamente incorrecto es gilipollesco: Zapatero está caput, es un cadáver político.
Interviene Borja y, al alimón, se mofan de mí a placer. Me apabullan, me anonadan. En una claro de las befas alcanzo a decir:
-No, no es a Zapatero a quien me refiero.
Míranme de arriba abajo –como Marlon Brando- y me espetan a dúo, sin poder disimular una sonrisa de condescendencia:
--¿A quién, si no?
Humildemente, contesto:
-A una “penícula” que vi hace años. Se llama ZABRISKIE POINT. Como no me sé expresar con vuestra corrección y enjundia, apelo a ella para explicarme. Creo que las escenas finales resumen perfectamente mi sentir acerca de las cuestiones que habéis tratado tan prolija y cabal y eruditamente. Ese, si me lo permitís, es mi criterio. Me espetaréis que no es la panacea, que es demodé, incorrecto, inapropiado, extemporáneo, fuera de lugar, que no conduce a nada, etc, etc, etc….
Puede que no sea la solución, pero no me negaréis que al menos, refresca, lo mismo que el chorrillo del agua del botijo en plena canícula. Y, eso, queridos amigos, es mucho con la que está cayendo.

EL BOBO DE KORIA

EPIFANÍA




Constato –estúpida palabra sustituible por compruebo- que la estulticia se extiende por doquier. Mis “consúbditos” esperan las próximas elecciones y, con ellas, la llegada del nuevo Mesías, Rajoy, como si del maná se tratase. Están tan convencidos de que será la panacea de todos sus males que, cuando me preguntan qué opino al respecto, indefectiblemente les contesto que ya he pedido mi voto por correo, por si el otro falla. Claro, votaré a Rajoy, les digo, ¿a quién si no?. Sus caras se iluminan como las de los niños en la víspera de Reyes Magos.
¿Quién se atreve a decirle a un niño, con esa ilusión tan sincera y ante esos ojos tan diáfanos y expectantes, que es mentira? Ya tendrá tiempo de saberlo, pero no les quitamos la ilusión.
Otros, muchos, esperan la epifanía de don José María Aznar. Sí, de DON JOSÉ MARÍA, como me decía convencidísimo un lerdo de enciclopedia.
Cuando me separo de ellos/as y, al llegar a mi casa, caigo en el vestíbulo, derrotado, envejecido. Lloro y echo de menos a mis queridas, admiradas, amadas CUCARACHAS. Ellas nunca me han defraudado.
B. K.


HISTORIA DE CÓMO CÁNDIDO, OTRORA MAL LLAMADO HIJO PRODIGO CAE EN DESGRACIA Y SE VE OBLIGADO A ABANDONAR LA CASA SOLAR DI-MAR DESPUÉS DE LARGOS Y ACIAGOS AÑOS DE SERVICIOS.

1.- La llegada de Cándido y el alboroto que esto produce. Las ilusiones que los señores de la casa Di-mar se crean alrededor de la dicharachera persona de Cándido


Esta historia comienza con la muerte de un siglo, y con la llegada del aventurero llamado Cándido, o también el mendigo de los ingenios españoles a una ciudad de calendas y títeres de cuyo nombre no quisiera acordarme. En ella, azuzado por el hambre y la necesidad, Cándido afila su astucia para buscarse el sustento, y en estas anda, cuando recala ante el portalón de la casa solar Di-mar. Encandilado y horrorizado al mismo tiempo por el colorido edificio, decide tentar a la esquiva fortuna traspasando sus jambas en busca de los señores.
Nada más traspasar el umbral, Cándido conoce a la señora María J. de Castilla, esposa del insigne Dante Domínguez de Aragón, llamado así por su enfermiza obsexión a desentrañar los misterios de la obra magna de la literatura: La Divina Comedia. María J de Castilla, por el contrario, rellena el poco tiempo que le deja el gobierno de su hacienda en tejer millones de metros de hilo con los que envolver a sus cachorros.

La llegada de Cándido se produce en un momento delicado, hay revueltas provocada por los braceros de la hacienda, y estos advierten a Cándido de las sonrisas taimadas de los señores, sobre todo uno llamado Juanguardiente, maestro de Cándido en estos primeros días, en los que el recién llegado prefiere olvidar lo que oye, y con la sonrisa presta atiende a las tareas encomendadas con diligencia y presteza.

2.- Los años de bonanza, el fin de las revueltas, y la felicidad recíproca de los señores de la casa Di-mar por una parte, y de Cándido por otra.


Juanguardiente abandonó la casa tras largos años de servicio. Doblegado por una amargura desmedida y su amor a las tabernas de la ciudad se fue sin desvelar nunca a Cándido sus verdaderos motivos. Este, intuye algo en el ambiente de sonrisas forzadas, pero en un error, decide seguir su camino con la débil esperanza de que las sombras que percibe no le alcancen.
Así transcurren algunos años. La relación entre los señores de la casa Di-mar y Cándido se afianza, estos descargan responsabilidades en Cándido, e incluso el primogénito de los señores, Enrique “el tenso” es puesto bajo su tutela. Cándido, por primera vez en mucho tiempo, se podría decir que vive una ilusión cercana a la felicidad. ¿Pero, acaso algo es eterno? Y menos que todo, las ilusiones humanas, que se derrumban como árboles podridos, y como estos, serán devoradas por insectos y miseria hasta desaparecer.

3.- De cómo Cándido y su compañera idean un plan que sin saberlo derrumba las ilusiones de los señores. Cándido abandona la casa Di-mar para viajar al norte, y empiezan de nuevo las desgracias para la casa Di-mar. Quizás estas desgracias, y el abandono de Cándido, serán la hiel, que se regurgite en el futuro, y sobre el recuerdo de la figura de Cándido.


Cándido y su compañera, embriagados por el silencio de las montañas, por el perfume de sus bosques, y por el abrazo húmedo de la niebla, deciden en un ataque de vida dejar todo y migrar hacía ese paraíso primigenio recién descubierto. Pero ¡ay! En su locura, no intuyen, que están abandonando la línea marcada, que los sueños no están hechos para ser vividos, y que por su osadía pagarán un día las consecuencias de su vano atrevimiento.
El plan de Cándido truca en amargura la felicidad de los señores de la casa, estos, ya pensaban en un pronto retiro, gracias a las capacidades de Cándido, en él veían a aquel que les liberara del gobierno de la hacienda, del bregar diario, y de inventar argucias para acallar tantas quejas. Cándido por su parte, ejercía su oficio apoyado por una inquebrantable fe en la verdad, y esto le evitaba los problemas que los señores atraían sobre sí.
La noticia de Cándido cae como una azumbre de agua fría sobre las cabezas de los señores, pero estos, mediante sus ya entrenadas sonrisas zalamean a la joven pareja, que cae embriagada por tanto halago, ¡ah! La vanidad humana ¿Quién esta libre de ella?
Cándido y su compañera, abandonan la ciudad, y se dirigen al norte, donde pasaran seis años de sus vidas, donde aprenderán que los dioses, de existir, abandonan a sus criaturas, a las que observan indiferentes desde las alturas, donde el recuerdo amable de los señores de Di-mar les acompañan algunas noches, sentados junto al fuego, y como de estos hacen honores ante las visitas, o ante cualquiera que quisiera saber como eran los honestos de verdad.

4.- Los señores de Di-mar, vuelven a sus antiguos problemas de revueltas y traiciones, los nuevos braceros llegados a la casa, asumen el mando, y ejecutan grandes maldades que acaban agriando a sus benefactores.


Así es, todos aquellos en los que los señores depositan su confianza, les traicionan, maquinando a sus espaldas y desviando parte de su negocio, estos hechos encabronan sobremanera a los señores, que heridos en su orgullo braman a gritos sus maldiciones, y en su ira que busca desesperada una víctima, aparece la figura sonriente de Cándido, su optimismo se presenta ahora como una burla, su buen hacer, como maquiavélicas maquinaciones, su recuerdo, otrora amable, torna en pesadilla cruel. Y es en su recuerdo, en quien se fijan todas sus actuales desgracias, se le tacha de traidor, de desagradecido, y es tanta la rabia, que en el silencio de la noche más oscura, pueden oírse los dientes rechinar.

Bien es sabido por sabios y gente de paz, que el odio acaba por ennegrecer los corazones, y si estos ya disponen de una capa de ese barniz venenoso, no es de extrañar, que estos sucumban ante él. Que se agríen los caracteres, que sospechosos aparezcan por doquier, Y que un ansia desmedida de venganza arrebate el sueño del que vive bajo tan terrible yugo.






5.- Cándido y su compañera deciden regresar a la ciudad. De la alegría que este hecho produce en los señores de Di-mar, y de cómo saborean por fin su venganza. De los nuevos braceros con los que Cándido se encuentra, y de las desgracias de éste a su vuelta al que creía su hogar


Y Cándido volvió. Un día, como siempre fuera antes de su marcha, a las nueve de la mañana, se presentó ante el portalón. Allí las sonrisas de siempre, y unas torpes bromas de dos segundos antes de empezar. Allí, recibió su primer mandamiento, sería compañero de Enrique “el tenso” que en esos años se había afianzado en el negocio familiar. Aquel que fue difuso aprendiz vestía ahora los ropajes de maestro, aun colocándose voluntariamente a mil días del puesto. Cándido no tardaría en comprobar, como su amigo vio amenazado su puesto, y los esfuerzos, que éste tuvo que hacer para tranquilizarle, aunque la visión del antiguo maestro caído en desgracia bastaba para tranquilizar a cualquiera. Pues Cándido fue puesto en su sitio desde el primer día, las intenciones eran claras, y estas decían, que los señores habían decidido para con él, mantenerlo sumido en una ignorancia total, cumpliría con su trabajo y punto, eso sí, bajo las órdenes dadas por el señor, y sin privilegio de ningún tipo. Tanto es así, que Cándido recibía por su trabajo la peor remuneración de la hacienda. Aun así, el no dudo en poner sus conocimientos y su voluntad, de nuevo bajo aquel techo.
Así Cándido, lo mejor que encontró a su regreso, fueron los otros braceros que allí laboraban. Uno de ellos Julián “el terrible” descendiente de aquel famoso Iván de los Cárpatos de Benimamet. Tendría los días contados, pues la ira de los señores caía sobre él, que tenía la particularidad de no callarse ante nada, ni ante nadie, y esto, como es sabido, no es tolerado por ningún señor del mundo. Cabalgaba una montura semi-salvaje, cuyos relinchos asustaba a las viejas de aquel viejo burgo.
También laboraba por aquellos días un navegante venido a menos, que suspiraba por embarcar de nuevo, con rumbo al nuevo mundo, de donde era originario, y donde la visión del río de la plata y las salidas de Sol, contempladas desde su orilla mientras mateaba escuchando un bandoneón, le tenían hechizado. Su nombre era Ponce de León, y era el que más tiempo llevaba padeciendo los caprichos y locuras, cada vez más evidentes del señor Dante, que en sus febriles noches, seguía desentrañando los círculos del infierno de su amado escritor, especialmente aquel, donde los condenados penaban el pecado de la lujuría. La imagen de los cuerpos lascivos y desnudos, y ardiendo eternamente encendían sus más ocultas pasiones.
También andaba aquellos días por aquella casa Josep “el belloso” hijo de unos comerciantes del cercano villorrio de Benicalap, tipo dicharachero, que se descubrió como el mejor compañero del pobre Cándido, Este no tardó en enseñar todas sus artes a su nuevo amigo, incluso las mejor guardadas, como la búsqueda fructífera de “los monguis” unos frutos muy apreciados en la época.

Así transcurrieron dos largos años, en los que el carácter de Cándido se fue ensombreciendo. Sus crueles amos no escatimaban ocasiones para culpar a Cándido de cualquier cosa, aunque estas no tuvieran nada que ver con él. Los demás, asistían atónitos, a las locuras de su Señor.

6.- Cándido se harta, y decide abandonar la casa Di-Mar. Los señores adolecen de falta de memoria, y se hacen los inocentes ante los reproches de su otrora mal llamado hijo pródigo. Cándido abandona la casa, y se encamina hacía cualquier sitio, distraído, pero feliz de nuevo.


Y llegó el día que estaba escrito habría de llegar, escrito se entiende, en el aguante humano de cualquier tropelía, ya que la paciencia, se sabe acaba tarde o temprano.
Y así Cándido, un día cercano al verano, ante las continuas humillaciones de su señor, no pudo más, y ahogado de congoja comunicó a éste su marcha de la casa. Los señores de Di-mar, con una mal disimulada cara de sorprendidos, ignoraron conocer las quejas a las que hacía mención Cándido, defendiéndose torpemente de las acusaciones de éste. Y sin insistir de modo alguno, consintieron que Cándido abandonara la casa, después de tantos años de servicio. Mostrando de ese modo, que Cándido tenía razón, al sospechar que en su persona se fraguaba una venganza.
El resto de braceros de la casa, no daba crédito a lo ocurrido, aunque en su interior, todos sospechaban que ocurriría, pues ellos mismos alimentaban los mismos sueños de marcha. Todos menos uno claro: El heredero natural de la casa, Enrique “el tenso” que taimada y sabiamente, supo doblegar la ira de su padre ante el amor de su madre, para su propio privilegio dentro de la casa.
Quizás un lento cambio generacional dentro de la casa Di-mar, acabe de una vez con años de ambición desmedida y engaño vergonzoso, pero eso, de ocurrir, no será narrado aquí, y corresponderá a otros cronistas, contar, si tienen a bien tan insignificantes historias.


7.- De la rabia incontrolada de Cándido en aquellos primeros días, de cómo ese terrible sentimiento llamado venganza, ronda su pensamiento, y como después de mucho pensar, Cándido encuentra una forma de llevar a cabo esta, sin caer en la bajeza de sus antiguos señores.


Largos y vacíos se hicieron los días siguientes para Cándido. Hundido en su moral, y nuevamente humillado en su persona, por la indiferencia de a quienes tan buenos servicios ofreciera, se hundió en un duermevela de rabia contenida y deseo voraz de venganza.
Pero como el ánimo y la naturaleza de Cándido siempre se alimentó en el camino contrario, era cuestión de días, que éste recuperara su antigua disposición al optimismo y el buen humor, aunque de forma equilibrada y reposada seguía pensando en dar un escarmiento a aquellos que de forma tan despechada tanto daño le habían hecho.

Y hay que decir, que no se podría haber llevado a cabo su propósito de forma más original. Muchos a su alrededor le aconsejaron acercarse hasta los alguaciles reales, para denunciar a sus antiguos señores. Pero Cándido siempre receló de esta medida, pues él nunca fue amigo de la autoridad, y en consecuencia con esta idea, tenía que idear una forma de devolver tanta humillación recibida, al margen de magistrados o comisarios.
Y un buen día, al levantarse de la cama, se le ocurrió una idea, que colmaba todos sus deseos de venganza, y riéndose de su propia ocurrencia se puso manos a la obra.
Su venganza, si se la puede llamar así, colmaba con aquel plan, y se juró a si mismo que una vez llevada a cabo, no perdería ni un segundo más de su vida en pensar en sus antiguos señores. Siguiendo aquel dicho antiguo de: “No hay mayor desprecio, que no hacer aprecio” Cándido, comenzó a escribir su historia, aprovechando su desaprovechado don natural de la escritura, se propuso escribirla, para una vez terminada, ponerla en conocimiento de todos los comerciantes y señores del Burgo. Huelga decir, que esta también llegaría a manos de los señores de Di-mar, para se avergonzaran públicamente, y también a los braceros de la casa, para que si les quedaba alguna duda sobre las verdaderas intenciones e intereses de sus señores, estas se disiparan de inmediato.
Así, la venganza de Cándido, consistía básicamente, en airear los padecimientos sufridos a los cuatro vientos, advirtiendo de paso a todos los incautos del Burgo, de guardarse de traspasar aquellas jambas que ocultaban tanta maldad.

Una vez acabado su relato, Cándido, como se prometiera a sí mismo, abandonó cualquier tipo de pensamiento hacía sus antiguos señores, y como hiciera años antes, se dedicó a agudizar su ingenio, en busca de nuevos sustentos y aventuras, sin olvidar de ahí en adelante, ser un poco más precavido a la hora de meterse en cualquier lugar… Un poco solo.


Rafa Becerra.


Gracias eternas, a don Miguel de Cervantes Saavedra, a don Francisco de Quevedo, al señor Voltaire, al Arcipreste de Hita, al señor Dante Alighieri, al bachiller Fernando de Rojas, a don Juan Manuel, y a don Pedro Calderón de la Barca.


Según se ha descubierto recientemente, parece ser que la Virgen María se casó de segundas con san José el Carpintero (que lo hicieron santo por los cuernos que tuvo que soportar durante toda su vida) que era bastante bueno haciendo zuecos en el pueblo, aunque allí, con el clima que tenían, era como hacerle una paja a un muerto. Pero el hombre se defendía. Tenía para sus caliqueños, para la bonoloto de la época. También se compró un burro de inyección, con tracción a las cuatro patas. En fin, que Pepe no era un pelagatos.
Lo que no soportaba era las visitas que a su mujer le hacía el Espíritu Santo. Que por mucha forma de paloma que adquiriese, no dejaba de tener un mandao tremendo. (En aquella época, los nabos aún tenían hueso).
Tuvo que reconocer a Jesusito como hijo suyo, pero bien sabía que era el Hijo de Dios. Desde el momento del nacimiento, al niño le cogió una manía de que te cagas en las bragas. Le daba pescozones cuando Jesús le ayudaba en la carpintería. A la mínima, le llamaba fill de puta, claro, en arameo..
Cuando la Virgen veía lo que le hacía al chiquillo, como madre que era, la figa se le salía de las bragas de esparto, de la malaleche que le entraba:
-Cómo le des otra colleja al niño, soy capaz de pasarte la garlopa por el pijo, cabrón (Todo esto en el idioma vernáculo) Que me tienes hasta la figa!!
Lo peor vino cuando una tarde de canícula, San José sorprendió a la Virgen cepillándose –no con la garlopa- a su compañero de sindicato: San José de Arimatea.
Arimatea, era un pueblo que distaba unas siete leguas. Vamos, próximo a Galilea, como se desprende.
A partir de ese momento, José –al que todos llamaban Pepe, entró en una profunda depresión y empezó a tomar “barrechats” y carajillos a porrillo y, a partir de ese momento, la historia no cuenta nada, aunque se sabe de buena tinta, que se afilió al LEVANTE C. F. y cuando éste bajó a segunda división, fue la gota que colmó el vaso y se colgó de una encina.
El Bobo de Koria

la boda


Sin ningún tipo de pudor, todos los medios de comunicación se vuelcan con el acontecimiento. Lo magnifican. Y un enlace que solo debiera importar a los implicados se convierte en un circo para entretener al país.
Horas y horas de televisión, contando todos los detalles del enlace, los vestidos, los invitados, el menú, la música, etc.
Y tras las ventanas catódicas miles y miles de personas hipnotizadas de admiración. Miles y miles de esclavos dispuestos a digerir sin ningún atisbo de indigestión todo lo que les es trasmitido a través de sus magnos televisores. De la misma forma, al cabo de dos o tres días acudirán prestos a sus kioscos, a comprar las revistas que seguirán informando sobre los fastos. Y nuevamente soñaran con lo que no tienen. Vestirán sus pensamientos de deseos infinitos de poder ser como ellos, de parecerse, de que cambie su suerte, y en ese giro de la fortuna puedan codearse con quién asoma al televisor.

Al otro lado de la ponzoñosa pantalla una anciana se esfuerza porque el rictus de su cara parezca una sonrisa. De su brazo cuelga un tipo con aspecto de pelele. Ellos son los protagonistas del acontecimiento: Los duques de Alba.

La derrota que puedo llegar a sentir al verlos me paraliza los músculos, poco a poco, desde lo más hondo de mi mismo noto un hormigueo. Es mi sangre que empieza a hervir. Así, hasta que la ira me posee. Creo oír las voces de los muertos, de los desheredados de la tierra que claman desde sus anónimas sepulturas ante el espectáculo que ven: El pueblo rendido y sumiso aclamando a sus señores. Esa sumisión convierte sus muertes en inútiles, en esfuerzos y pérdidas baldías.

Los novios se dan un calculado baño de masas. Comprobando de paso el pulso de la calle que los vitorea. Pueden dormir tranquilos, deben de pensar, nadie inquietará sus sueños, nadie asaltará el castillo para decapitarlos y arrojar sus cabezas por la ventana. Nadie. Su imperio seguirá a salvo, y lo que es mejor, ellos mismos, lo que representan, lo que llevan representando siglos, sigue asumido por el pueblo. Es obvio que duerman tranquilos.
Su imperio forjado en la infamia de la historia se pierde en el tiempo, calculado hoy día en unos 600 millones de euros, aparte de las 34.000 hectáreas en terrenos agrícolas valorados en otros 200 millones de euros. Además de su patrimonio inmobiliario compuesto por 20 castillos repartidos por el país, y varios palacios. Una pinacoteca familiar, y una biblioteca imponente. Sin saber como se ramifica ese patrimonio, cuantas empresas y sociedades semiocultas creadas para camuflar y desviar dinero. Se dice que sus tierras han sido gestionadas de forma fraudulenta, solicitando ayudas europeas a cultivos específicos, sin que estos aparecieran nunca por ningún lado. Así con la soberbia del poder durante siglos. Adaptándose siempre a los diferentes gobiernos, como la iglesia, ahora monárquicos, ahora con el dictador, ahora con quien sea. Pero siempre conservando su posición y privilegios. Mientras un número incalculable de personas han muerto de hambre, en revueltas provocadas por esa hambre, con las manos atadas, sin poder trabajar la tierra, los enormes latifundios de la duquesa.
Así a lo largo de la historia. Sin ningún tipo de pudor esta nobleza enquistada en las sociedades impide su crecimiento, forma parte de esos estamentos poderosos que mantienen a toda costa su estatus. Apoyados por la clase política, por la iglesia, por la monarquía, por el ejercito. Por todo ese lastre social que como un enorme ancla nos sujeta en el puerto de sus intereses. Ahí, esclavizados, entretenidos, distraídos, huyendo de la realidad mientras satisfechos apuramos las miguitas que nos son arrojadas desde el balcón. Creyendo como idiotas que nuestra opinión cuenta, que nuestro voto es importante, que ellos son necesarios.

Apago la televisión y me quedo pensando, pensando en la derrota, en mi ira, en la profunda ignorancia que me rodea, y que como cómplice de quienes admiran nunca escucharían la verdad sobre ellos. Me duermo de cansancio, de agotamiento, de derrota, y en mis sueños aparecen los ancianos, los gritos de fondo, sus falsas sonrisas acaban mostrando unas fauces desproporcionadas, maléficas, retorcidas. La multitud espantada huye, todos menos uno, su rostro difuso se pierde en la polvareda de la huida. Porta una espada, y sin miedo se acerca a las bestias, y de un golpe las decapita. Poco a poco, el griterío cesa, las carreras desaparecen, y las gentes que antes huía, y mucho antes clamaba a los nobles, poco a poco se acerca a sus cadáveres. Los observan un segundo e indiferentes continúan su errático camino. Sin aspavientos vuelven a sus quehaceres. El hombre de la espada se queda solo junto a los cadáveres. Ignorado se diluye en la niebla. Pronto se oye de nuevo un griterío y la gente corre hacía otro punto. Allí el aclamado saluda con cara de circunstancia. Viste un uniforme militar, y de su pecho cuelgan decenas de medallas.

El hombre de la espada ha desaparecido y la multitud grita entusiasmada.

el reverendo Yorick.

SECTAS INFAMES E INFAMANTES



Sectas, porque otra cosa no, difaman la imagen de la Virgen María. La Madre de todos nosotros y nosotras. Se basan, los supuestos historiadorzuelos, en supuestos documentos hallados en la supuesta Galilea, en unas excavaciones arqueológicas. ¡¡Algunos han llegado a afirmar que han encontrado las verdaderas bragas de la Virgen, nuestra Señora!! Cuando, harto demostrado está, que en ese periodo de la historia, todas las mujeres de Nazaret, Arimatea, Galilea y cercanías, andaban a chocho pelao!! El clima cálido, lo exigía.
No obstante esto, hemos de reconocer que María, antes que la Madre de Jesusito, era mujer. Y, como es lógico, debía de tener sus días mejores, sus días peores; sus días difíciles... y sus días fáciles. Y, como mujer que era, en el sentido más lato del término, tendría, es de suponer, sus deseos sexuales –aunque en aquél tiempo no existía la sexualidá-. Bien, dejémoslo en picores de breva.
Lo cierto es, que una tarde de agosto –téngase en cuenta que en agosto en aquella latitud, la temperatura media era 37 grados centígrados, a la sombra. Sin aire acondicionado, y sin ventiladores!!! estaba Ella barriendo el serrín de la carpintería de su marido y se presentó una especie de KEVIN KORNE, o alguien parecido. (Algunos dicen que tenía dos alas. No se ha podido confirmar) Lo cierto es que a la Virgen se la cayó la escoba de las manos y comenzó a temblar en galileo.
El forastero:
-VENGO A PEDIR UN PRESUPUESTO PARA UNA CASITA QUE ME HE COMPRADO EN EL PUEBLO. ES PARA ESTAR TRANQUILO, PORQUE ESTOY ESCRIBIENDO UN LIBRO, QUE CREO SERÁ UN BERSELLE.
-Jolín, me ha cogido usted sin arreglar...
-No importa, me acabo de enamorar de ti, galilea...
-¡Copón, me has puesto la pipa como un palo, Kevin.
-No me llamo Kevin, pero puedes llamarme como te salga del higo, Mari. ¿Te puedo llamar Mari?
-Mari y Maruja, cariño. Tú puedes llamarme cómo quieras...
-Pero, mujer, ten en cuenta que he venido a pedir un presupuesto para las puertas y los armarios de la segunda residencia que deseo tener en Galilea...
-¡Déjate de mariconás, ¿tú sabes la calor que hace aquí, bonico? (No estoy segura de acertar con el artículo. No sé si calor es chico o chica). A nuestros hombres el calor los derrumba y a nosotras nos enciende el motor de arranque (Valga la elipsis, que en este caso, casi es tan enorme como el de la película “2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO”)
-Y, puestos a dar presupuestos, yo te lo puedo hacer, ¿lo quieres con IVA, o sin IVA? De ti depende...
-Mujer, soy de familia acomodá, no pensaba regatear, pero lo prefiero sin IVA, como es lógico. Además, que el IVA va a parar a los jodidos romanos de mierda, y me tienen hasta los cojones...
-Dísmelo a mí...
-Bueno, ¿en qué quedamos?
-Pues, mira, ahora que tengo amontonao el serrín y las virutas, pienso que no es mala yacija para yacer, ¿no te parece, Kevin?
-Mujer, si eso va a repercutir en el presupuesto, pos manos a la obra, digo yo...
Tumbose Ella, espatarrá, y él (con minúscula, porque todavía no se sabía que era el Espíritu Santo, disfrazao de KEVIN CORNE)
.......................................... (En estos puntitos ha transcurrido toda la escena escabrosa pero, como estamos en horario infantil....)
Así es que, estando en el ayuntamiento (eufemismo estúpido), él le pidió a Ella el presupuesto.
-Pues, bonico, las puertas no te van a salir por menos de 220 denarios. Y en cuanto a los armarios, si van forrados,: por no menos de 328 denarios de nada...
-¡¡Cagonlavirgen!! ¡Huy, perdona, Mari!
-Kevin, no sabes lo que aprieta la Hacienda Romana, que es que nos tiene baldaos, chico.
-Bueno, no te lo he querido decir antes pero, yo soy el ESPÍRITU SANTO.
-A mí, cómo si me bailas una sardana deconstruida. Una cosa es que le ponga los cuernos a San José, que bastante tiene ya, el pobre, y otra muy distinta que no pueda comprarme unos refajos que acaban de venir de París. (¿En esa época ya se había fundado París, la de la Torre Infiel?)
El Bobo de Koria

Apuntes sobre un error histórico




En estos últimos tiempos, de crisis salvajes, de intentos asimismo salvajes que pone en práctica el capitalismo, con vistas a su propia supervivencia, se dan extrañas asociaciones, que podrían llevar a repetir pésimos errores que podríamos llamar históricos, dada la profusión de veces que estos se han dado.

En los últimos años, cuando el pueblo, ejerce su derecho a la manifestación, ésta, por supuesto, debe estar y está, de hecho, manipulada por el estado.
Su método es sencillo, se financian a los sindicatos de tal modo, que lo que queda, no es más que una subcontrata del Estado, un método de control, hacía una clase trabajadora casi inexistente, pero que aun así, es necesario controlar. De ese modo, los sindicatos mayoritarios quedan atados, y bajo la órbita del poder. Sus consignas, y sus líneas de lucha están por supuesto dirigidas desde arriba, es decir, desde las manos de los que los mantienen y financian.

¿Pero? ¿Qué ocurre más abajo? Donde otros sindicatos más pequeños pugnan por sobrevivir. Pues muy sencillo: Estos, si quieren tener algún tipo de presencia, no les queda más remedio que arrastrarse en la corriente que generan los mayores, apareciendo tímidamente en los alrededores de la bestia. Porque…no olvidemos, que el verdadero fin de estos pequeños sindicatos, no es otro, que optar, a su pequeño trozo de pastel. O lo que es lo mismo, las golosas subvenciones que el Estado pone en sus manos, con vistas a un control de sus líneas de lucha.

Aunque no siempre es así. Existe una honrosa excepción: La C.N.T.
Este sindicato, es el único, que no acepta subvenciones del Estado, el único que quiere abolir las elecciones sindicales, el único que se organiza de forma horizontal, donde la voz de cada uno se hace oír mediante la asamblea.

Con el fin del franquismo, llegó la legalización de los partidos y los sindicatos que permanecían en la clandestinidad. En aquel tiempo, mediante negociaciones provechosas, el Estado en construcción se cuidó mucho, de cubrirse las espaldas, y llevar acabo la gran mentira democrática en la que estamos inmersos, de esa forma, se propuso comprar a todas las organizaciones políticas, garantizando así, que no hubiera por ninguna parte ningún atisbo de contestación o revolución. Blindó una constitución hecha a su medida, y propugnó una ley electoral, que pusiera a cada uno en su sitio, dejándolo todo justo como había vaticinado el pequeño dictador: “Atado y bien atado”
Pero hubo una organización que no se atuvo a la venta de sus ideas, ésta fue la Confederación Nacional del Trabajo. Que volvía a coger fuerza, su afiliación crecía, y con ella el miedo del Estado, a tener en sus manos de nuevo un sindicato revolucionario, que diera al traste con sus planes de control y expolio del país.
Así comenzó una campaña de acoso y derribo del sindicato. De desprestigio, hasta que finalmente, dieron con la clave.
Desde dentro del sindicato, una serie de militantes, se separaron de las ideas y líneas de trabajo común, y fundaron la nefasta CGT.
Como es fácil de imaginar, ésta, pronto se acercó a la órbita del poder, de ese modo mendigó su trozo de pastel, y hoy día, es un sindicato más, alimentado por el Estado. Para crear más confusión, siguen manteniendo la bandera rojinegra, y un discurso revolucionario.

Volviendo a nuestros días, en los últimos meses, ha habido un acercamiento de los dos sindicatos, se han hecho movilizaciones conjuntas, y los falsos anarcosindicalistas han “zalameado” sin recato ninguno, a la C.N.T.
Estos acercamientos, pueden tener su lógica, no solo de estas dos organizaciones, sino de otros pequeños sindicatos, por aquello de la unión hace la fuerza. La pregunta es: ¿De verdad, cualquier sindicato que esté financiado por el Estado mordería la mano que le da de comer? No podemos olvidar, que de todas estas pequeñas organizaciones, la más fuerte, es CGT, la que está interesada en que todos tengamos la misma línea de lucha es CGT. ¿No está esta organización de algún modo sacando provecho de sus “socios” temporales?

En este punto, es donde entra el asunto de los errores históricos. Por ejemplo, el de la C.N.T. cuando colaboró en el gobierno de la II República, arrastrando así a su militancia a luchar por ella. ¿Qué recibió a cambio? Muerte, descrédito y olvido.
¿Acaso no fue la burguesía emergente, la que con engaños encabezó la revolución popular ocurrida en Francia, y origen del Estado moderno?

Estos, son solo dos ejemplos, de cómo ese digamos “romanticismo revolucionario” puede ser arrastrado para servir a los intereses de otros.
En mi opinión personal, la C.N.T. es lo que es. El hecho de bailar peligrosamente con el diablo al filo de la navaja no creo que vaya a ayudarle de mucho, sobre todos en los objetivos de la lucha.
Por el contrario sí pienso, que organizaciones como C.G.T. Se beneficiarían de contar con el apoyo, y la militancia de sindicatos pequeños, y que ellos en última instancia, son los llamados a negociar con el Estado y al poner la mano para recoger sus monedas. Traicionando una vez más a los desprendidos, y de paso desacreditando su bien ganada, y honrada reputación.


Yorick.

la insumisión

Hace ya 25 años, que para salir del ambiente asfixiante del hogar, se me ocurrió la pésima idea de irme voluntario a hacer la mili. De todas formas no me hubiera librado, aunque la decisión de adelantar el acontecimiento, la sigo considerando una de las peores ideas de mi vida.
Estos días, en una de las famosas redes sociales, he encontrado varios grupos de personas que se reunen virtualmente, para recordar sus batallitas militares, o para recuperar una camaradería perdida en el tiempo. No ha dejado de llamar mi atención, que casi todos los individuos apuntados a los grupos, recuerdan su paso por el ejercito como una de las mejores épocas de su vida, y en un ejercicio pacificador de sus cerebros, todos los malos recuerdos de aquella época, que debieron tenerlos y muchos, han desaparecido.
Esto me ha hecho reflexionar: Si personas que van camino de cumplir los cincuenta años, reconocen la mili, como la mejor experiencia de sus vidas, estas deben estar muy vacías, y por otro lado, asusta la necesidad de sentirse esclavos que estas personas reclaman. Porque, o no recuerdo mal, o tras los muros de un acuartelamiento, la intención era cualquiera, menos hacerte sentir que estabas viviendo unas idílicas vacaciones.
Un lugar donde nada más atravesar sus puertas eras tratado a gritos, uniformado de los pies a la cabeza, donde todo el mundo te despreciaba, te humillaba, y se intentaba aprovechar de ti, hasta que pasado el tiempo, tú, fueras capaz de hacer lo mismo a otros desgraciados recién llegados.

Donde cualquier atisbo de sensibilidad te convertía inmediatamente en maricón, y donde se premiaba el embrutecimiento más soez. Donde un sadismo descarnado se mostraba sin escrúpulos ninguno, siguiendo una cadena de mando de arriba hacia abajo. Donde tu propia vida podía llegar a estar en peligro, si no te atenías a las directrices de sumisión en las que eras adoctrinado continuamente.
En este ambiente, lógicamente, si que se creaba una camaradería entre la tropa, es bien sabido, que el ser humano, es en el sufrimiento cuando busca el apoyo de la tribu. Pero este aspecto también era engañoso, ¿Pues acaso no se fomentaba en las compañías una competencia feroz para ser los mejores, los más duros, y los más patriotas? Odiando entonces a los miembros de otros acuartelamientos o cuerpos de un mismo ejercito.

Va a resultar que estos aguerridos mandos militares, que pasaban el día en sus teatrillos, con su liturgia castrense, y sus medallitas, si que sabían hacer su trabajo, si tantos años después aquel ejercito de cretinos suspira sin vergüenza ninguna por volver a vivir la mejor época de sus vidas.

Sin embargo, los verdaderos héroes de aquellos años, no eran aquellos que: “estaban dispuestos a derramar hasta la última gota de su sangre” Sino aquellos otros olvidados que supieron enfrentarse a aquella infamia. Me refiero a los insumisos, chavales que a sabiendas de que serían encarcelados, como así ocurrió, se negaron a participar de aquella pantomima fascista. Y por ello, fueron castigados duramente, con la privación de su libertad, con una prensa que los presentaba como enemigos, como desarrapados, como antisociales… Siempre hemos adolecidos en este país de un problema inmenso de amnesia. Aquellos chavales sabían perfectamente lo que hacían, arriesgaban su libertad, por unas ideas basadas en el pacifismo y en el entendimiento entre los pueblos. Mientras otros jugábamos a los soldaditos y tragábamos con todas aquellas humillaciones, ellos dijeron “No” y lo pagaron caro.
El gobierno socialista, ese tan democrático, no dudo en encerrar a inocentes, en joderles la vida, solo por que se atrevieron a toserle.

¿Quién se acuerda hoy día de aquellas personas? Jóvenes que sin haber cometido delito alguno fueron tratados como delincuentes, como criminales. Que este artículo sirva para recordarlos, para mostrarles mi admiración, para darles las gracias por mostrarme un camino diferente, un camino por el que una vez cogí, y al que ya nunca abandoné, el camino de la desobediencia, el de la duda, el de la pregunta, el de la replica. Frente a aquella otra senda que desembocaba directamente en la sumisión para más tarde arrastrarte a la esclavitud.

El reverendo Yorick.
Si amoldas tu esfínter al paso de rosca del Sistema Imperante, verás que todo es ... más sencillo.

"La suerte de la fea la guapa la desea". Tróquese por: "La muerte de la guapa la fea la desea".

Ante la estupidez: inmisericordia.

¿Cloacas del Estado? Estado, todo, es una cloaca.

Lo siento... con la estupidez no contemporizo.

Y harán lo que tengan que hacer para hacer lo que todos hacen.

La vida es una broma de mal gusto.

A quien le queda un minuto de vida, tiene toda la vida por delante.

Celebraba los cumpleaños de sus tres hijos... nonatos.

Tan injusta es la Justicia que mueve a justiciera justa que devuelva la justedad de la que se desajusta.

Viejos y viejas soberbios que con 90 -y más- años se acercan a la iglesia a pedir un préstamo de vida a largo plazo.

Todo nacimiento es aciago.

Quizás, la soledad más extrema se sienta a partir del momento en que sabes que la vida no tiene ningún sentido.

Sólo me arrodillaría -con devoción- ante la Virgen de las Hermosísimas Nalgas.

Lo trágico no es que el hombre sea un lobo para el hombre sino que se convierta en un cordero ante el hombre.

EL BOBO DE KORIA

¡Dadme para el castillo!



Los movimientos del 15 M, han hecho que algunos ideólogos que llevaban años en sus catacumbas, agarrasen el megáfono y se lanzaran a la calle, justo en la que se encontraba una cámara de televisión.
Uno de esos casos, el que me ha llamado la atención, es el de Agustín García Calvo, otrora agitador de las conciencias desde su púlpito radiofónico, y desde la mismísima universidad. Vaya por delante antes de seguir, que mi admiración por este hombre alcanzó cotas casi de idolatración, en la candidez de aquella mi juventud, y que como es de esperar, en todos los ídolos de barro, a nada que observemos un poco su comportamiento, les veremos tambalearse y caer. Aun así, su obra impresa sigue siendo de lo mejor que se ha escrito en este aciago país, y muchos de sus textos, en mi caso, llenaron vacíos espirituales e ideológicos y cuyo poso todavía permanece. Pero como lo que nos interesa aquí en este caso, es lo humano, que no lo divino, me gustaría contar, a que se debió que mi respeto por este hombre pasara a través de una gran decepción a la total indiferencia.

Hay personas, que una vez que son reconocidas socialmente en un determinado papel, se perpetúan en este, incluso a costa de perder la propia dignidad, y con ella toda la credibilidad que pudieran tener. Y no hace falta ser un personaje público, para caer tan bajo, basta observar un poco, empezando por nosotros mismos, y veríamos que el que más o el que menos, tiene su buena dosis de megalomanía galopante.

Agustín García Calvo, al igual que Tierno Galván, eran profesores de Universidad, que apoyaron las huelgas de estudiantes durante el franquismo, lo que produjo su detención, esta fama de luchadores por la libertad, hizo que durante la transición fueran personajes públicos y reconocidos (del segundo ya hemos hablado aquí antes)
El primero se convirtió en algo parecido a un administrador público de las ideas libertarias a través de sus enseñanzas, y sobre todo de las tertulias y de su famoso programa de radio: LA BARRACA. Este programa se convirtió en una isla donde el pensamiento crítico, la inteligencia y la libertad, campaban a sus anchas. Cualquiera que perdiera el sueño por esas tres directrices oía su programa. Así durante años, mientras las ilusiones de libertad que se crearon durante el nacimiento de la democracia, fueron cayendo en el saco de la decepción. La emisión radiofónica de LA BARRACA, se convertía en el punto de fuga donde confluían todas las ilusiones de los que siempre quisieron más, algo más que la burda mentira propagandística en la que se convirtió la transición.
Todo iba bien, hasta que al protagonista de esta historia se le ocurrió, vaya usted a saber porqué, comprarse un castillo. ¿El mosquito de la avaricia? ¿Una promesa de título nobiliario? La cuestión es que la compra del inmueble se le fue de las manos, y al buen señor, no se le ocurre otra cosa, que pensar en los miles de oyentes de su programa que le seguían ensimismado, y estimando, que el esfuerzo intelectual y el desgaste que este pudiera provocarle en su persona no estaba ni mucho menos pagado con la nómina radiofónica se dirigió, ni corto ni perezoso a sus oyentes pidiendo una especie de impuesto revolucionario…-Con lo que habéis disfrutado de mí- en sus propias palabras.
Muchos no dábamos crédito, otros se lo tomaron a broma y la anécdota todavía es recordada de vez en cuando en nostálgicas conversaciones.
Su compañera, también profesora de universidad, Isabel Escudero le sigue nombrando en sus clases, y en sus escritos, en su fidelidad, arrastra un fardo inerte marcado por la falta de credibilidad, solo leyendo sus textos, y sus libros se recupera un pensamiento al que su autor no supo ser fiel, estos le sobrevivirán a un lado de la línea que separan al genio del payaso.

Agustín García Calvo, era amigo de Chicho Sánchez Ferlosio, este si que vivió y murió honestamente fiel a lo que siempre creyó, ya se ve que no le sirvió de ejemplo. Ahora, el profesor vuelve a la palestra, de mano de un movimiento popular, esperemos que estas generaciones no se dejen engañar, que hayan aprendido, que no siempre hay que seguir al que porta el megáfono, y que escuchen su propio corazón, y se mantengan unidos, solo así, se consigue hacer fuerza.
En un mundo donde el cadáver de las ideas yace corrompido en cualquier lugar, donde los valores humanos se venden y se compran a diario, donde la dignidad no es mas que otra palabra prostituida, estamos solos.

El reverendo Yorick.